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Futbolista y persona

Diego Blázquez
Redacción
martes, 15 de noviembre de 2005, 23:03 h (CET)
El Madrid Barcelona está a la vuelta de la esquina, y en esta semana en la que el país se divide en dos mitades, la blanca y la azulgrana, con el permiso de “la roja”, que parece devolvernos en pequeñas dosis la ilusión por un horizonte mundialista, quiero aprovechar para hablar del máximo responsable de que el fútbol sea ese deporte que arranca nuestras pasiones más primarias. El futbolista.

Desde que tengo uso de razón, siempre he oído la misma injusta frase de “con lo que ganan deberían dejarse la piel en el campo...” ó aquella de “a la mina los llevaba yo, para que vieran lo que es bueno”, sin olvidar aquella que resulta más cómica, si cabe, de “si yo estuviera en su lugar...”, y no quiero seguir. Pues bien, después de resonar en mis oídos estos bellos ejemplos de envidia y rabia contenida desde que empecé a acercarme a este masivo mundo del balompié, sólo se me ocurre concluir que a la gente le gusta hablar sin pensar en lo que dice. Creo que la gente entra en una rueda de hipocresía que se retroalimenta y se justifica cada vez que se pronuncian frases de este tipo. Porque, si no es así, que levante la mano el primero que siendo jugador de fútbol, y pagándose lo que se paga, renunciaría a parte de su sueldo porque no es justo para con la sociedad. La culpa en ningún caso es de quien recibe tamañas cantidades, para mí también desorbitadas, sino de aquel que las paga, y tampoco se engañen, no las pagan los presidentes, ni los accionistas, no, lo pagamos todos nosotros dejándonos llevar por las nuevas olas del Marketing y el Merchandising. Si Beckham reclama esa suma de dinero es porque la genera, y si la genera es porque hay muchos que quieren comprarse su camiseta o cualquier producto con su cara angelical.

Tampoco me sirve la segunda de las amenazas populares, porque esa persona que se dedica a jugar al fútbol, porque a pesar de todo, son personas, ha elegido seguir ese camino, y lo único que habría que hacer es descubrirse ante alguien que a peleado desde bien pequeño, jugándose su futuro en muchos casos, y abandonando una gran cantidad de cosas en otros, por un sueño que es común a muchos de nosotros, pero que sólo él ha conseguido cumplir. Con esto no estoy desprestigiando lo duro que pasarse las horas picando bajo tierra, jugándose la vida, y en muchas ocasiones dejándosela bajo polvo y hollín, pero tengo la acertada sensación de que la mayoría de esos que quieren meter a un deportista en ese duro trabajo, tampoco saben lo que es estar en las profundidades del suelo, como tampoco lo sé yo, dicho sea de paso.

Pero sin lugar a dudas, la que más sinrazón demuestra es la tercera de las aseveraciones, eso de que si estuviera en su lugar..., pues si usted estuviera en su lugar se daría cuenta de que nos es tan fácil ni tan bonita la vida de una persona que apenas puede hacer lo que le apetezca, al menos fuera de casa, lo difícil que es trabajar con millones de objetivos apuntando a la cabeza desde lo alto de una grada, sujetando el fusil de la crítica gratuita, lo complicado que es estar concentrado y metido al cien por cien, una semana, y otra, y otra, y otra, y otra... sin poder quejarte ni justificar que es imposible que todos lo días hagas el partido de tu vida, lo complejo de saber que cuando pasas de los treinta estas fuera y tu vida tienen que cambiar radicalmente, porque ya no puedes hacer lo que mejor se te da y lo que te alimentaba física y mentalmente.

Pues sí señores, esta es la vida de un futbolista, como la de cualquier deportista de elite, una carrera fugaz, por la que has luchado desde que naces, y en la que el día que no estás como a los demás le gusta que estés, desapareces del mapa. Y detrás de todo esto, se nos olvida que hay una persona, un ser humano como tú y como yo, con más posesiones, que vive en distinta superficie que nosotros, pero que por el mero hecho de ser humano tiene los mismo miedos, las mismas necesidades, los mismos problemas y los mismos sentimientos que tu y que yo. Porque si cualquiera de nosotros fuéramos futbolistas, y ganásemos lo mismo que ellos, no se engañen, lo haríamos igual o peor, pero siempre ha sido fácil creerse con capacidad de juzgar y defenestrar, porque sólo de esa forma nos hacemos fuertes sin serlo de verdad. Por eso, cuando el sábado empiece el Madrid Barcelona, recuerden que los veintidós que saltan al campo saben lo que hacen, y están allí por algo más que darle patadas a un balón.

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