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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Civismo en la calle

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
martes, 15 de noviembre de 2005, 02:25 h (CET)
Ayer tuvo lugar en Madrid una gran manifestación, quizás una de las más grandes que han tenido lugar en España en toda la historia de la democracia, en contra del proyecto de Ley de Educación Socialista.

Como es lógico, todos los periódicos se han hecho eco del evento. Unos para contarnos que había cientos de miles de “curas”, “beatos” y “fascistas” en las calles, otros para contarnos que dos millones de personas –mayores, jóvenes, niños, hombres, mujeres, religiosos, ateos, agnósticos, de derechas, de izquierdas- salieron a la calle para protestar por una ley que no ha contentado a nadie y algunos, los menos pero con mayor influencia mediática, en esperpéntico ejercicio, para vendernos que ellos han contado uno por uno a los manifestantes y que no eran más que cuatro, que cabían en un taxi y que osaban protestar contra ZP. Tiempo habrá para escribir sobre ello.

Yo me he fijado en un detalle que pocos medios han resaltado estos días. Y es que no ha habido un solo incidente; ni un solo destrozo de mobiliario urbano. Lo cual resulta enormemente gratificante, ya que lo cierto es que, si volvemos un poco atrás en el tiempo, aquello no era habitual en otros tiempos.

¿No recuerdan aquelllas manifestaciones de presuntos pacifistas y/o ecologistas que acababan sistemáticamente en batalla campal? ¿Y manifestantes parapetados detrás de pasamontañas? ¿Y los contenedores de basura ardiendo en mitad de las calles? ¿Qué me dicen del apedreamiento de bienes inmuebles? Esto por no hablar de aquellos totalitarios que rodeaban sedes de partidos políticos durante la jornada de reflexión previa a las elecciones generales.

No hace falta remontarse muy atrás en el tiempo para recordar imágenes de cientos de kilos de pescado tirados por los suelos, barricadas montadas cortando autovías entre llamaradas, enfrentamientos con la policía antidisturbios…

Sin duda, el comportamiento de los cientos de miles de manifestantes en contra de la LOE es otro motivo añadido más para sentirse orgulloso.

Los derechos de manifestación y huelga, propios de las democracias y de los países libres, pese a que algún delegado del gobierno del talante los considere como una expresión “primitiva” –véase Extremadura-, no tiene por qué ser un derecho que acabe siempre con la conculcación de derechos de terceros.

Pero, desgraciadamente, muchos ciudadanos se han acostumbrado a ver en los telediarios como algo normal imágenes de huelgas o manifestaciones y los consiguientes e “inevitables” destrozos de mobiliario urbano. O a piquetes amenazar o insultar (“esquirol, esquirol”) a aquellos trabajadores que deciden no acudir a la huelga por el motivo que sea. Y nadie ampara a los ciudadanos que ven arder coches y papeleras, ni a los propietarios de los establecimientos destrozados, ni al trabajador no-huelguista que es amenazado.

Antonio Romero, diputado de IU, fue condenado en su día por la Justicia por insultar y golpear (7 faltas de lesiones, injurias y coacciones fueron los tipos penales) a dos personas que se negaron a secundar la huelga que la izquierda convocó el 20 de junio de 2002.

Al demócrata diputado no se le ocurrió nada mejor ni más “talantoso” que llamar “hijo de puta, cabrón y fascista” al dueño de un bar y a un cliente del mismo, que se empeñaban en ejercer su derecho a trabajar o a tomarse un café. "Aquí se cierra por las buenas o por las malas o aquí se cierra por cojones", berreaba el representante de la soberanía popular.

¿Fue apartado el diputado Antonio Romero del partido al que pertenece por semejante acto totalitario? Pues no. De premio fue nombrado miembro de la Mesa del Parlamento andaluz.

Sus Señorías de la Justicia, esa institución tan bien valorada por los ciudadanos encuesta tras encuesta, condenaron al diputado a pagar algo más de dos mil euros como multa. Ya ven.

Pues esto es algo que hay que resaltar hoy. Y es que ayer sábado una marea humana inundó Madrid. Y no sólo demostraron que estaban en contra de la LOE por muy diversos motivos. También demostraron a algunos otros que el derecho de manifestación no está reñido con el civismo y la educación. Que tomen nota...

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