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Etiquetas:   Religión   Sucesos   Social   -   Sección:   Opinión

El pequeño Gabriel

Sin el temor del Señor no debe extrañarnos de las crueldades que los medios de comunicación se encargan de divulgar
Octavi Pereña
miércoles, 4 de abril de 2018, 07:18 h (CET)
El asesinato de Gabriel el niño de ocho años ha hecho que Cayetano González en su escrito El mal existe

se haya hecho estas preguntas que muchas personas se habrán hecho: “¿Qué pasa en la mente de un ser humano para terminar o ayudar a terminar con la vida de una criatura que además es hijo de su actual pareja? ¿Cómo ha podido estar viviendo estos días esta mujer en la esquizofrenia absoluta de aparecer en las diversas concentraciones en apoyo a Gabriel y a sus padres naturales, sabiendo que el niño estaba muerto? ¿No ha tenido en todo este tiempo transcurrido desde la desaparición del niño ningún momento de desfallecimiento, de debilidad, de duda, de conmiseración con lo que estaban pasando los padres de Gabriel?” Añade el autor de estas preguntas: “Estas preguntas y muchas otras que se pueden plantear no tienen una respuesta fácil.Por descontado, no la tienen desde la lógica y la razón humana. Por esto, en mi intento de aproximación, se debería admitir que la existencia del mal es algo real”. El mal no es un tema metafísico que se intente explicar en reuniones de filósofos. Demostrar la existencia del mal escapa al descernimiento humano. Por fuerza debe descansarse en la fe. No en cualquier fe. Únicamente aporta luz a este problema la fe que es obra del Espíritu Santo que se recibe por la creencia en Jesucristo.


¿Cuándo se origina el mal? El mal no es eterno, ha tenido un principio. En el momento en que Lucifer y los ángeles que se rebelaron contra Dios. ¿Cómo fue posible que en un tiempo que no existía el mal éste se presentase por sorpresa? Su presencia abre grandes debates que a la hora de la verdad no aportan solución porque es un misterio que únicamente se puede descifrar por la palabra de Dios. Esta es la realidad que se debe aceptar. En caso contrario nos daremos cabezazos contra la pared que no nos beneficiarán. Todo lo contrario, nos perjudicarán.

Al inicio de la historia humana nuestros primeros padres vivían felices en el paraíso. El diablo poseyendo a una serpiente engaña a Eva a que coma del fruto prohibido. Ésta, con sus zalamerías convence a Adán a que le acompañe en su desobediencia. Aquí comienza el drama humano que ha durado hasta hoy y que persistirá hasta el día final. El hombre pasa de ser puro a pecador. Con la tendencia a hacer el mal, con el agravante de que el diablo, el padre de mentira y homicida desde el principio, incita a los suyos a hacer el mal.

El diablo es un ser espiritual muy poderoso, pero, por encima de él se encuentra el Todopoderoso que limita la libertad de acción de su vasallo díscolo. Esta relación queda claramente manifestada en Job 1:6-12; 2: 1-6. El diablo puede incitarnos a cometer fechorías pero siempre restringido a la voluntad de Dios. Aquí nace una pregunta: ¿Es el hombre responsable de sus actos si una voluntad ajena a la suya le incita a hacer el mal? A esta pegunta la Biblia le da respuesta clara en la persona de Judas, el apóstol que traicionó a Jesús por 30 monedas de plata para entregarlo al Sanedrín para ser sentenciado a muerte. Judas era el tesorero del grupo y sustraía de la bolsa. Esta actitud demostraba que era pecador e hijo del diablo. En el caso de Jesús la posesión satánica adquiere una dimensión más profunda: “Y entró satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce” (Lucas 22:3). Esta entrada de Satanás en Judas intensificó su maldad: “Y éste fue y habló con los principales sacerdotes, y con los jefes de la guardia, de cómo lo entregaría” (v.4). Poco después Jesús y sus discípulos, entre los cuales se encontraba Judas, participaran en la última cena. Excepto Jesús ninguno de los asistentes en la comida sospechaba del traidor. No debe olvidarse que Satanás es “el padre de la mentira” y que es muy astuto a la hora de fingir lo que no es. Esta misma astucia la transmite a sus seguidores. ¡Que se lo pregunten a Eva que la engañó con sus zalamerías! ¿Fue culpable Judas por haber puesto a Jesús en las manos de quienes deseaban su muerte? Según Jesús, sí: “A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de Él, mas ¡ay de aquel hombre por el que el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a este hombre no haber nacido” (Mateo 26:24).

Un texto que aporta más luz al tema de la posesión satánica: “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana del primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios” (Marcos 16:9). Para los judíos el número 7 implica plenitud. De la vida privada de María Magdalena, excepto este texto, los evangelios no dicen nada. Siempre la presentan en compañía de otras mujeres. En algún momento de su vida se encontró con Jesús. Creyó en Él y fue liberada de la terrible opresión satánica. El caso de María Magdalena es un motivo de esperanza y especialmente para los grandes pecadores que cometen crímenes escalofriantes. La esperanza del perdón de Dios y de la vida eterna está al alcance de todo el mundo. Quien clama a Jesús por el perdón de sus pecados puede tener la certeza de oír en lo profundo de su alma como el señor le susurra: ”Vete en paz, tu fe te ha salvado”. Su delincuencia ha sido lanzada en las profundidades del mar del olvido.
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