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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Encadenados

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 14 de noviembre de 2005, 00:57 h (CET)
Se me ocurrió escribir un cuento, de eso hace ya un cierto tiempo, pero miren Vds. por donde cada vez lo veo más relacionado con los ambientes ciudadanos que nos salpican a diario.

Escribía lo siguiente:

LA CIUDAD SORPRENDENTE


Nos costó ascender por la montaña, la pendiente pronunciada no facilitaba las cosas y el matorral bajo se sumaba a las dificultades. Aún así sobrepasamos la cima.

La visión tan sorprendente hizo buenos los esfuerzos.

Distinguimos una ciudad con un colorido extraordinario. Sus gentes no se estaban quietas, era constante el frenesí detectable desde la distancia.

No obstante, algo extraño entreveíamos. Vivarachos ciudadanos y desplazamientos continuados, pero... bullía una sensación de intranquilidad añadida.

El colorido emanaba de las cadenas, todos las personas circulaban conectadas entre sí por múltiples y variopintas cadenas. Un auténtico mosaico de cadenas coloreadas.

Y no parecían estar a disgusto soportando tantos encadenamientos."

Con el paso de los tiempos pudiera uno pensar en la disminución de forzamientos y presiones, en un mejor aprovechamiento de todos los adelantos culturales en favor de cada persona. Como consecuencia se incrementaría la libertad de movimientos y decisiones. Algo así como una mayor responsabilidad, dado que cada actuación iría a depender más directamente de la voluntad de cada individuo.

Empecemos por cada sujeto en particular y sus ataduras congénitas, también disponemos de nuestra constitución, es más, cada uno tiene la suya propia. ¡Hermosa diversidad! Con todo, en determinados avatares de la vida, esas propiedades se vuelven cadenas o limitaciones BIOLÓGICAS, muy difíciles de modificar o evitar. Uno tiene que hacer ejercicio, no puede comer de todo, sus fuerzas variarán por mil razones; toda una serie de dependencias.

Qué añadiremos a la cadena AUTOMOVILÍSTICA, no podremos librarnos de los vehículos sólo con desearlo, entrañan otra forma de pependencia crucial, bien para el trabajo, bien para el esparcimiento. Lo indeseable viene ante las cifras de mortalidad por accidente, de esos auténticos gusanos de acero en que se constituyen las carreteras cada fin de semana o puente. Prisas, ocupaciones y sometimiento. Como afrontemos estos servicios o sufrimientos se convierte en decisión importante.

Si oteamos el plano laboral, nos dominará la tan actual SINIESTRALIDAD ligada a los puestos de trabajo. Sin ninguna duda, representa uno de los encadenamientos más trágicos. Por favores o por excusas, no van a faltar recovecos de disculpa -legales, personales, sociopolíticos-. Eso no va a disminuir lo nefasto de las cifras manejadas, muertos y heridos no justificables, pero asumidos. ¿Hasta qué punto debe predominar lo económico? ¿Cómo habrá que hincarle la mejora a este sector? ¿Qué pasa con este encadenamiento?

Cito también en estos apartados al GUIRIGAY televisivo. Disculpen los programadores no comprendidos en este amasijo. En aquel revuelto mencionado hay de todo, frivolidad total al tratar los asuntos más vitales y creación de un panorama mediático totalmente decadente, por eso mismo tendente a la justificación de cualquier caricatura ¿Lo pide la audiencia? Si prolifera este panorama, encadenados a él, ¿Cómo será posible propugnar un tratamiento social adecuado de las drogas, necesitados, inmigrantes, enfermos; o simplemente, respetarse unos a otros?

No me olvido del PILDORAZO limpio al que se tiende, vamos creando una especie de opinión propensa a que la solución de los problemas venga determinada por la toma de una pastilla o fármaco mágico. Si no duermo, si soy agresivo, pastillazo. Si estoy gordo o flaco, diferentes concentrados de hierbas, algas o polvos. Dispuestos a fumar, inhalar o cualquier solución rápida. En fin, otra suerte de tendencia a escurrir la responsabilidad de unos planteamientos más sinceros y concienzudos. Al final, la píldora nos arrastra.

Es importante calibrar si ese asentimiento más o menos lúdico, ante el hcho de las cadenas, es más o menos voluntario o inevitable. Como hemos visto hay ocasiones en que podremos intervenir poco -genética-, las hay de aplicaciones totalmente voluntarias, y finalmente, se plantean disyuntivas en las que uno puede optar por unas u otras cadenas, nos dan a elegir.

En cuestión de cadenas
Las verdaderas serán tristes
Las placenteras suaves
Pero las toleradas y evitables
Serán negras cadenas.
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