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Etiquetas:   Ni éstos ni aquéllos   -   Sección:   Opinión

Cuentas, cuentos y condones bizarros

Juan Pablo Mañueco
Juan Pablo Mañueco
lunes, 14 de noviembre de 2005, 00:55 h (CET)
CONDONAR viene de “donar” graciosamente algo a alguien, aunque la palabra se ha especializado en perdonarle las deudas a un "condonado", al cual quiere hacerle esa gracia el bizarro condonador o condonante que se lo condona...

Traducción para quien no lo entienda: que para medrar en política... hay que usar un dadivoso preservativo económico o tener un condonador financiero y manilargo que te lo done/ponga, porque a él le vaya el rumbo y se sienta afectuoso y cariñoso contigo. De otra forma, no te comes una rosca electoral: no hay que darle más vueltas al modelo plutocrático... Así son las cosas profilácticas en el mercado publicitario del voto: tan poco higiénicas como parece, aunque finjan la libre competencia entre los muníficos y los desharrapados. Vale decir: los no condonados.

Donativos previos y condonaciones posteriores, más lo que se pueda arramblar del erario público en cuanto se alcance el poder, una vez se hayan descontado los pagos directos, indirectos y en especie a los donadores y a los condonantes, que por supuesto no hicieron sus donativos graciosamente, ni tampoco van a efectuar de este ingenuo modo sus condonaciones.

Dicho lo cual, que si usted es listo le habrá enseñado más verdades que un muy grueso Tratado Político e infinitamente más que la mayor y mejor articulada de las Constituciones, aún se lo diré de una manera más simplificada... Toda política donde deciden unos cuantos no admite la honradez: la devuelve, como el mar a los náufragos. O se arrambla pasta pública, se trincan donativos y se apalancan condonaciones... o te supera el adversario en las siguientes elecciones, que supondrán otro derroche orgiástico de presupuesto publicitario, derroche que además dura todos y cada uno de los días del año.

En suma y a las claras: los dones garbosos y mundanos, más las condonaciones rumbosas, pródigas y bizarras son profilácticos inversos: preservan la enfermedad para que no entre ni gota de salud en un sistema viciado desde sus fundamentos plutocráticos... Y, a la postre, comprar políticos acaba siendo el mejor y más rentable negocio del año, estrategia que no debe olvidar ninguna empresa o entidad que quiera optimizar su cuenta de resultados.

Viene todo esto a cuento de que una entidad financiera –no importa cuál: todas hacen lo mismo– ha condonado a un partido –no importa a quién: todos trincan o perecen– un pastamen astronómico de euros... Pastizamen que ahora tendrá que pagar el pobrerío, o sea usted y yo, porque lo único seguro es que no va a quebrar la entidad financiera, aunque condone y preserve a su amigos. Se lo cobrará en especie, y después nos pasará en recibos mensuales el montante condonado, más sus correspondientes beneficios, perfectamente resguardados por una gruesa y compacta trama de intereses entrelazados.

¿Y este pastel lo ha descubierto el Tribunal de Cuentas? Obviamente, no: mientras el mencionado Tribunal venga designado por los propios partidos, sólo contabilizará otra nueva patraña dentro del inmenso rosario de falaces Cuentos Políticos... Vivimos bajo un sistema perfectamente planeado por los peritos en cleptocracia, por lo que no resta ni un resquicio por el que entre la esperanza.

Todo sistema donde unos cuantos decidan sobre los dineros públicos y se controlen a sí mismos... es y será inexorablemente corrumpente. Desde su fundamento. Ha sido diseñado para ello, precisa y deliberadamente.

No se trata, pues, de que afloren de vez en cuando casos concretos de corrupción que alguien decide airear, en medio de una batalla de mayor calado que se juega por ambas partes en mitad de la inmundicia...

Se trata de que cualquier sistema que otorgue todo el poder a las minorías (y eso se llamó siempre “aristocracia”, aunque ahora se presente de otro modo)... conforma inmediatamente la putridez, la inmundicia misma, porque está concebido para ello... Con partidos verticalistas, o peor aún, con partido único verticalista, porque entonces todo se pudrirá más fácilmente.

Lo enfermo es el sistema en donde deciden los pocos... Todo sistema así. Porque proliferarán los hongos de los turbios negocios al calor impune del Estado y los abusos sobre las mayorías desposeídas de todo poder práctico... Hasta Pero Grullo entendería esta obviedad rápidamente. ¿La entenderán alguna vez los ciudadanos?

Luego... habrá que encontrar otro modelo para que el control de los dineros públicos esté en manos de todos. Sólo así se llegará a la democracia real. Acaba de señalarse una de las vías: los Tribunales de Cuentas deberían comenzar por ser democráticos, verdaderamente democráticos, que no quiere decir solamente electivos...

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