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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Azerbaiyán

Alexey Makarkin
Redacción
sábado, 12 de noviembre de 2005, 22:55 h (CET)
Las elecciones parlamentarias celebradas en Azerbaiyán se valoran de distintas maneras por analistas. Antes, diferían bastante entre sí las opiniones que expresaban los de la CEI y los occidentales, pero actualmente en el medio de éstos últimos a veces se expresan opiniones opuestas.

Unos niegan el carácter democrático de los comicios. "Las infracciones que vimos, especialmente el día de las elecciones, nos inducen a concluir que las elecciones celebradas no responden a los compromisos internacionales asumidos por Azerbaiyán", sostiene el presidente de la Asamblea Parlamentaria de la OCSE, Alcee Hastings. La Administración Bush comparte esta opinión y ha exhortado al Gobierno de Azerbaiyán a "acometer sin dilaciones la investigación de las infracciones y maquinaciones registradas".

Al propio tiempo, la responsable de la delegación del Parlamento Europeo, Marie Ann Isler Besin, ha caracterizado positivamente la campaña electoral azerbaiyana. "Pese a los informes recibidos sobre la disolución de mítines de la oposición y otros defectos registrados, el Parlamento Europeo en general valora positivamente el día de la votación", dijo Isler Besin. Con ella se hace eco el observador estadounidense Bob Holden, ex gobernador del Estado de Mussuri: "Fuimos testigos de un alto profesionalismo mostrado por aquellos que trabajaban en las mesas electorales y de mucho entusiasmo por parte de los electores". El dirigente del grupo de los observadores turcos Akkan Suver ha informado que las elecciones del Legislativo azerbaiyano se desarrollaron en un ambiente democrático y en plena correspondencia con las normas internacionales.

No hay nada de extraño en esa diversidad de opiniones. Pues sería erróneo enfocar a los políticos occidentales como una falange de soldados que sólo están aspirando a realizar una expansión en el espacio postsoviético y provocar allí el incendio de nuevas revoluciones. Occidente no es homogéneo. Unos se manifiestan allí por introducir lo más rápido posible normas democráticas en todo el planeta, sin considerar las peculiaridades de uno u otro país. Mientras que otros están dispuestos a tomarlas en consideración, conscientes de que el proceso democrático no puede desarrollarse de un modo igual en Europa y Asia. Pocos tendrán dudas de que las recientes elecciones en Azerbaiyán han sido más democráticas que las anteriores. A este respecto conviene hacer recodar el famoso dicho de que, en opinión de unos, el vaso está semilleno, y en la de otros, semivacío.

En lo que atañía a valorar una situación análoga en Ucrania, en Occidente de hecho había consenso, puesto que se trataba de un país europeo, en el que, según el punto de vista occidental, la democracia tiene que tener un carácter destilado. Por esta misma razón en Occidente rechazan por unanimidad la figura de Alexander Lukashenko, quien es un paria para la Europa unida. Pero cuando se trata de Asia, la situación cambia. La OSCE insiste en aplicar estándares iguales con respecto a todos los países integrantes. El Washington oficial, a su vez, no quiere contradecirle a la OSCE, pues con ello minaría su prestigio, y de ahí las manifestaciones que hace la Administración Bush.

Pero en lo que atañe a un gran número de observadores y expertos, ellos no comparan las elecciones azerbaiyanas con las británicas o alemanas, sino con las de Afganistán o Iraq. Las más democráticas elecciones en la Historia de éstos dos, celebradas recientemente, fueron valoradas muy positivamente en Occidente. Ello se hizo a pesar de que se formularon numerosas pretensiones: por ejemplo, en Afganistán el escrutinio tenía que concluir hace unas semanas, pero la comisión electoral local literalmente se ahoga en torrentes de reclamaciones en que se exponen las infracciones cometidas. También conviene hacer recordar las recientes elecciones egipcias, ganadas con impresionante ventaja por el presidente Hosni Mubarak. Occidente se puso contento porque por vez primera el Jefe de Estado se elegía con participación de candidatos de la oposición.

Los deseos de los políticos occidentales de realizar la actividad misionera de democratización de Asia disminuyeron sustancialmente luego que en Kirguizia ello redundó en el derrocamiento del régimen legítimo de Askar Akaev y en un caos político, al que hacen su aporte las estructuras criminales locales. A los estadounidenses sólo les agrada, al parecer, el que la OSCE no controle las elecciones en muchos países asiáticos, pues en caso contrario la legitimidad de muchos de sus partenaires políticos se vería en tela de juicio.

En relación con ello, debería analizarse el papel que la OSCE juega en el espacio postsoviético. La Organización es sucesora de la Conferencia de Helsinki de 1975, en la que la URSS participó como un país único que tiene su centro en Europa. En su tiempo Charles de Gaulle promovió la concepción de "una Europa de Brest hasta Vladivostok", también teniendo en cuenta un país único. Pero más tarde la Unión Soviética se desmoronó, y se hizo más obvio que Tashkent, Bakú, Dushambé y Bishkek no son Europa, ni mucho menos, que están más cerca de Bagdad, Teherán y Kabul, tanto en lo geográfico como en lo cultural. De ahí surgió la necesidad de enfocar de un modo diferenciado las campañas electorales de diversos países, considerando al máximo sus peculiaridades y observando el viejo principio médico de "no hacer daño".

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Alexey Makarkin es director general adjunto del Centro de Ingeniería Política, RIA "Novosti".

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