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Etiquetas:   Sálvese quien pueda   -   Sección:   Opinión

Dios y la LOE

Joan Torres

sábado, 12 de noviembre de 2005, 06:54 h (CET)
La manifestación de este sábado en contra de la LOE es una mierda. Y lo es por poco comprometida. Basta ver los lemas que se están preparando: “Esta educación es manipulación” o “Zapatero se merece un cero”. ¿Las ha escrito Jesulín? ¿Estamos aún en EGB? Vistas las asociaciones convocantes he decidido dar un espaldarazo a la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos y a la Conferencia Episcopal que sólo han pensado en adherirse. Hay que coger el toro por los cuernos y liderar el movimiento. Hago desde aquí un llamamiento a encabezar la manifestación con una llamativa pancarta que diga: “Abajo el Estado, viva Dios”. Lo dicho, nada de medias tintas o daremos fuerzas al demonio y a la masonería socialista.

No será una manifestación, se convertirá en un comunicado: tomaremos las riendas de España. A partir de ahora debe desaparecer la policía nacional y los demás cuerpos de seguridad del Estado. Vuelve la inquisición y con fuerza. Se acabaron las minifaldas y los greñudos. Grupos de testigos de Jehová y mormones uniformados ya se han ofrecido para apoyar la causa blandiendo sus biblias a modo de porra eclesiástica. Ya se sabe que los mercenarios siempre son bienvenidos a la hora de poner orden. Aquel que no luzca un hábito como Dios manda será azotado con un rosario punzante. Un saco y una cuerda serán suficientes para ir a la última. El calzado se abolirá. Un voto de pobreza dignifica las personas y arruina los comercios. Este fin justificará la bancarrota de Zara y el usufructo del capital restante por parte del obispado.

La vida nocturna se reducirá a cero. Hora obligatoria para ir a dormir: las ocho de la tarde. Un catre de púas será nuestro guía onírico para evitar sueños que nos desvíen del camino recto. Nos despertará la mano del Señor a las cuatro de la madrugada para ponernos el cilicio y nos purificaremos con tres horas de rezo y paz mental. Acto seguido, un desayuno ligero: un guisante y un trozo de pan duro. A partir de aquí ya tenemos todo el día para servir a Dios y al prójimo. Esto es, paseando una cruz de setenta kilos con cadenas en los pies. Cualquier esfuerzo es poco para nuestro Señor.

Antes de pensar, nos confesaremos. Y contribuiremos voluntariamente con todas nuestras haciendas y posesiones. El cepillo, será el único recaudador. El sexo desaparecerá de la vida de todos, por suerte, y también se borrará la palabra del diccionario. Lo segundo será fácil, ahora bien, para el primer dogma tendrá que haber monaguillos dispuestos a sofocar las alegrías pasajeras de algunos poseídos por la sinrazón de Venus. Total, Dios inventó los monaguillos para esto y siempre ha sido así. El voto de castidad acabará de limpiar la especie humana. Será un lavado tan a fondo que se extinguirá la raza. Pero lo habrá mandado Dios. Ya saben, sus caminos son inescrutables.

Un final triste, pero necesario. Desaparecer en aras de un bien común. Si se aprueba esa ley, acabaremos viviendo en comunas, fornicando como cerdos los unos con los otros sin distinción de sexos, comiendo en el suelo y tomando drogas duras vestidos con harapos (los más afortunados). No abandonen la razón, vuelvan a la senda del pensamiento puro, religioso y sobretodo católico, apostólico y romano. Yo, por si acaso, ya me he apuntado a voluntario para monaguillo. A ver si, como mínimo, me lo paso bien. Amén.

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