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'Magic' Pedrosa

Antonio Álvarez
Antonio Álvarez
jueves, 10 de noviembre de 2005, 23:38 h (CET)
Televisión Española ofreció en la noche que enlaza el viernes con el sábado pasado un reportaje sobre un niño que quiso ser campeón del mundo. Su nombre es Daniel Pedrosa Ramal, y nació el 29 de Septiembre de 1985 en Castellar del Vallés (Barcelona). El reportaje tuvo el mismo nivel que el de ese niño, que era feliz cada vez que su padre, Antonio Pedrosa, le daba una vuelta en moto.

Pero, ¿Quién es en realidad Dani Pedrosa Ramal? En un principio, se puede decir que es un fuera de serie, que es un campeón y que va a ser un mito.
Todos sabemos las locura de Dani sobre el asfalto, todos no hemos alegrado con las victorias de un chaval que casi no tenía fuerzas para sujetar al moto.

Son muchos los que dicen que en esta vida o estás en el lugar justo en el momento preciso, o pierdes el tren del éxito. Dani fue de los pocos que lo cogió a tiempo. Cuando era chico, Pedrosa corría en las minimotos. Ya entonces empezaba a despuntar entre minipilotos mayores que él. Los que tuvieron la fortuna de verlo aseguran que su manera de pilotar se asemejaba a la del Pentacampeón del mundo, Mick Doohan (su gran ídolo).

Pero llegó el día en el que su padre y su madre, abrumados por el coste de una moto de mayor cilindrada, hablaron con él. Dani, un tipo que siempre esboza una esperanzadora y feliz sonrisa en su infantil rostro dijo: “Si no se puede, no se puede. Me dedicaré a la bici”.

Parecía que Dani iba a perder el tren, dejaba la moto a un lado para coger otro vehículo de dos ruedas, la bicicleta. Pero entonces apareció un amigo de su padre y le comentó que había visto un anuncio de “algo sobre una Copa Movistar de motos”. Ese amigo le acababa de sacar el billete para el tren.

“Dani Pedrosa era una realidad, no el sueño de un zumbado”. Esta fueron las palabras de Alberto Puig en el 2002. Ese año Dani ganó en la Catedral del motociclismo, Assen. Alberto llevaba razón en todo, salvo en una cosa: no era el sueño de un zumbado, sino la visión de un oráculo. Alberto se la jugó con Dani, saltándose las normas continuamente. Le permitió correr la Copa Movistar, a pesar de que Dani no cumplía la edad mínima permitida. Sacrificó a otros pilotos mejor clasificados para meterlo en el Campeonato de España de Velocidad. Y de nuevo, apostó por Dani como piloto de 125cc, a pesar de no haber sido uno de los tres mejores pilotos de España. Sin duda, Alberto Puig fue el maquinista del tren que cogió Dani.

Pero el camino no es fácil. Y menos si eres un chaval de 18 años que no llegas ni a peso pluma, aunque conduzcas la moto con la finura de un jarrón chino y con la agresividad de un campeón. Siempre puede aparecer ese Perogini de turno que, ante el bien ajeno, utilice recursos feos para intentar pasar por encima de ti.

Dani es un tío sincero, claro, trabajador y con unas infinitas ganas de superación. Esa ambición (casi hasta un extremo de cierta barrería- como dicen en mi pueblo) le llevó a ganar un mundial después de romperse, cuatro meses antes de empezar la temporada, los dos tobillos. Y no ganó un mundial cualquiera, sino el del cuarto de litro, donde nunca había corrido, con unos rivales más experimentados y con una moto más pesada.

Pero Dani no es solo ambicioso, también es un tipo elegante. Cuando muchos nos hubiéramos escudado en una lesión en un hombro para tener una excusa en caso de no ganar un mundial que cada vez se ponía más difícil, Dani apretó los dientes, se concentró, maduró, se aisló de las críticas y estalló a llorar cuando entró 27 milésimas por delante de Porto. Había ganado su tercera corona mundial consecutiva. Es el piloto más joven en conseguirlo.

Por todo ello, Dani está en el Olimpo del deporte español. Junto a Dani están Gasol, Nadal y Alonso. Es más, dentro de diez años el nombre de Daniel Pedrosa se unirá al de Miguel Induraín, Ángel Nieto, Manolo Santana y Fernando Martín. De eso estoy seguro. Ya lo verán.

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