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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Diálogo democrático

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 9 de noviembre de 2005, 23:49 h (CET)
El proyecto de Estatut de Catalunya es una prueba que sirve para evaluar el nivel democrático que hemos alcanzado. Es cierto que el rey Juan Carlos y su hijo, el príncipe Felipe, se han referido en sus mensajes institucionales al factor enriquecedor que representa la diversidad cultural que conforma el mosaico hispánico. A la hora de la verdad, esta diversidad cultural tan enriquecedora se la somete al paternalismo asfixiante de la unidad indivisible de España.

Quien fue primer ministro de Canadá, Pierre Elliot Trudeau, pronunció palabras parecidas las que se dicen desde la presidencia de nuestro gobierno estatal: "Canadá es un país inmenso y excitante, pero no es un país que se pueda conocer fácilmente. La gran diversidad geográfica, histórica y económica ha producido en nuestro país una rica diversidad de maneras de ser, puntos de vista y cultura".

Canadá, "país inmenso y excitante", tal como lo define el señor Trudeau, se enfrenta a problemas parecidos a los nuestros. Quebec, que fue colonizado por los franceses, pasó a formar parte de la Gran Bretaña el 1763, cuando por el tratado de París Francia lo cedió a los ingleses. El 1867, por el Acta de América del Norte, la provincia de Quebec, teniendo en cuenta el predominio de la población francesa y católica recibió un estatuto de autonomía dentro de la Confederación canadiense. El 15 de octubre de 1976, René Lever es elegido a dirigir el Partido Quebequés presentando un programa electoral basado en la independencia de Canadá.. Desde entonces se han realizado tres referéndums con el propósito de independizarse Quebec de la Confederación canadiense. Los resultados de las consultas populares siempre han sido NO a la secesión y, no ha pasado nada. Canadá no se ha roto en mil pedazos ¡Qué diferencia abismal distingue la democracia canadiense de la española! Aquí todo son amenazas, movilizaciones, acusaciones contra el gobierno, temores de fractura territorial y caos tremendo que va a ocasionar la sola mención de un proyecto estatutario que mientras no se demuestre lo contrario está dentro de los límites constitucionales vigentes.

Quienes en su día se distinguieron por ser unos acérrimos detractores de la Constitución actual se han convertido en sus defensores más abnegados, negando al resto de los ciudadanos el derecho a no ver en ella las excelencias que hoy proclaman. ¿Qué se puede decir de nuestro sistema político? Que es y será una democracia de pandereta si los ciudadanos no cambiamos nuestra infantil manera de entender lo que es ser demócrata por otra caracterizada por la madurez.

En Australia se ha abierto un debate sobre el papel que deben jugar en política los dirigentes religiosos. En la discusión ha ocupado su lugar el principio de la separación de Iglesia y Estado. Este principio afirma que el gobierno no debe dar privilegios a ninguna confesión religiosa. Pero tampoco significa que los líderes religiosos no puedan entrar en el debate político. Las iglesias tienen el derecho y la responsabilidad de participar plenamente en la vida pública australiana. A la vez, las iglesias reconocen que en una sociedad secular y plural no han de seguir manteniendo una posición privilegiada como ha venido sucediendo hasta el presente.

Ian Harper, un devoto cristiano, ha sido nombrado por el gobierno a presidir la "Fair Pay Comission". Esta elección ha hecho especular que no haya sido una artimaña del gobierno para reducir las críticas de las iglesias. Sólo el primer ministro John Howard y sus consejeros saben cuál ha sido la intención. El comentario periodístico dice que tendríamos mucho que aprender de la sensata respuesta que Ian Harper ha dado a la duda, afirmando que dará la bienvenida a las discusiones con los cristianos y con todos los australianos para llegar a las decisiones que se tome. El editorial del periódico australiano The Age que trata este tema religioso y que lleva el sugerente título: "Predicando a los políticos", termina su exposición con estas palabras: "Por supuesto, es así como funciona la democracia".

El diálogo respetuoso que da su espacio a la disensión franca consolidará a nuestra democracia que se encuentra todavía en una situación de grave precariedad. El futuro democrático se encuentra en nuestras manos para darle la forma que queramos. Pero no podemos esperar a mañana. Mañana es hoy".

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