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A vueltas con la prostitución
Eduardo Cassano
El tema de la prostitución vuelve a estar de actualidad gracias a la conocida ordenanza de civismo que se quiere imponer en Barcelona. En lugar de legalizar, se va a prohibir trabajar en la calle a las prostitutas sin buscar una solución para facilitar su trabajo de forma digna, y por las declaraciones del alcalde de Madrid, Ruiz Gallardón, quien dijo el otro día “cuando se contrata a una prostituta se le quita su libertad”.
En estas ocasiones es cuando las hemerotecas son la mejor herramienta contra el olvido de los ciudadanos y la memoria de los políticos. En el mes de mayo del 2001, el entonces presidente regional, ofrecía como solución a la prostitución una ley que regularía los derechos de las prostitutas sobre los clientes y estableciendo un control sanitario y fiscal, legalizando así un oficio que no está todavía regularizado y por tanto, no constituye delito alguno.
La futura ley quedó en el aire, y hasta hoy. Ahora podemos contemplar como se prohíbe a diestro y siniestro y nada se supo de lo demás. Hay muchas mujeres en la calle que están bajo la atenta mirada de sus chulos, que deambulan alrededor de las esquinas ante el paso de patrullas policiales que no se detienen para perseguirlos, sólo pasean. Hay más mujeres que necesitan de ayuda psicológica que económica, que también, para soportar las frías noches de invierno y el calor de los golpes que algunas reciben cuando no rinden lo esperado. Pero eso no interesa, lo que importa es limpiar las calles y punto, ¿dónde están los centros para estas mujeres, que de no poder ejercer la prostitución en la calle, que harán?
Recuerdo el título del último disco de Estopa, a falta del nuevo que está a punto de salir a la venta, /“¿La calle es tuya?” /Pues no, la calle es de todos… menos de las prostitutas. Les han prohibido usar su lugar de trabajo habitual, las esquinas de algunas calles, y lo han hecho para darles libertad, según Gallardon, pero no se dan cuenta que realmente le están privando de ella, demás de arrebatarles el derecho a trabajar.
Probablemente ahora las patrullas se detendrán en las esquinas, pero no se molestaran en llevarles a un lugar habilitado para ejercer su profesión, como ocurre en otras ciudades europeas. Tampoco podrán reclamar el paro mientras buscan un trabajo digno para unos pocos ciegos que por desgracia, son los que deciden donde empieza y termina la libertad de cada persona, según les convenga en cada momento por supuesto.
Es una pena y desgracia que lo que para algunas personas es un modo de vida, una fuente de ingresos y de sobrevivir sin hacer daño a nadie, para algunas personas sea un problema más importante que los verdaderos problemas que todavía existen en nuestra sociedad a estas alturas y hacen verdadero daño, un poco de comprensión…
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