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Lucha contra el terrorismo

Marianna Belenkaia
Redacción
martes, 8 de noviembre de 2005, 02:33 h (CET)
"A raíz de las conversaciones sostenidas en Jerusalén y en Ramallah tengo la impresión de que la Autoridad Nacional Palestina e Israel son aliados en la lucha contra el terrorismo" -, comunicó a la prensa su conclusión inesperada Serguei Lavrov, el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia. Esta declaración parece inesperada y asombrosa porque fue hecha justamente el día en que otro atentado terrorista fue perpetrado en Israel por una terrorista suicida palestina. Además, últimamente nadie se ha atrevido a unir como aliados en la lucha contra el terrorismo a los israelíes y los palestinos.

Pero en realidad aquí no hay nada asombroso. La cooperación entre los líderes de la ANP e Israel en la lucha contra el terrorismo parece bien natural y lógica. Los actos terroristas que los terroristas palestinos perpetran en Israel, producen el mismo daño tanto a los palestinos como a los israelíes. No es casual que Mahmoud Abbas, el líder de la ANP, habla constantemente sobre el desarme de las formaciones palestinas militares y el cese del terror contra los israelíes. Otra cosa es cómo podrá lograr mantener esta política en realidad, pues hasta ahora no ha sido coronada con éxito. La explicación principal de los palestinos es que sus servicios policiales no están tan bien pertrechados como las numerosas formaciones armadas palestinas. Las fuerzas no son iguales. Pero por razones de seguridad Israel no acepta dotar a los servicios policiales palestinos de equipos y armas necesarios.

Según parece, el problema de Oriente Próximo se reduce a que todas las partes en este conflicto regional y los mediadores de su arreglo aspiran a un solo objetivo que es la seguridad, pero puesto que cada uno la entiende a su modo, partiendo de sus propios intereses, pese a la identidad del objetivo, las partes divergen en cuanto a las vías de lograrla. Y eso a pesar de que tanto Israel como sus vecinos árabes y los mediadores en el arreglo del conflicto - Rusia,
EE UU y la UE - tienen el mismo enemigo número uno que es el terrorismo basado en el islamismo radical.

Pero las reivindicaciones territoriales, viejas cuentas pendientes, problemas no arreglados heredados del pasado no dejan ver que la línea de combate no pasa entre Israel y los árabes sino entre los terroristas y las personas normales. La desgracia de Oriente Próximo está en que en vez de cohesionar sus esfuerzos en la lucha contra los terroristas, las partes implicadas gastan tiempo en resolver viejos problemas y arreglar viejos conflictos que no les permiten avanzar más. No obstante, intentos de superar estas dificultades sí se hacen.

No es casual que al primer plano del orden del día regional no se promuevan las negociaciones relativas al problema palestino-israelí, como se ha hecho durante los últimos años, sino el problema del arreglo multilateral de las relaciones de Israel con los países árabes. Israel se plantea el objetivo de arreglar las relaciones de cooperación con los Estados con los que esto es posible y en los ámbitos en que es posible: en la agricultura, irrigación, ciencia, cultura, economía. Estos intentos ya se emprendieron antes, a mediados de la época del 90 cuando el arreglo mesoriental llegó a su apogeo después de que Israel y la Organización para la Liberación de Palestina firmaron en 1993 el acuerdo sobre el reconocimiento mutuo. En aquellos tiempos Israel entabló un diálogo con varios países árabes, se suscribió un acuerdo de paz con Jordania, se establecieron contactos económicos con algunos Estados del Golfo Pérsico y se hicieron intentos de arreglar problemas territoriales con Siria y el Líbano.

Sin embargo, esta última campaña sufrió un fracaso total, y entonces Israel y los mediadores concentraron sus esfuerzos en el arreglo del conflicto palestino-israelí. Pero cuando también aquí las negociaciones del año 2000 sufrieron otro fracaso y la situación degeneró en cinco años de nuevo enfrentamiento entre los palestinos y los israelíes, hasta los logros mínimos que Israel había alcanzado en el campo de las relaciones con los países árabes quedaron reducidos a la nada. Ahora, en cambio, el agua corre por donde solía: Israel se propone entablar diálogo con el mundo árabe.

Una de las causas de este viraje en política exterior de Israel radica en que el primer ministro de Israel, Ariel Sharon, se encuentra ahora en una situación muy precaria. Habiendo realizado su plan de retirada de las colonias hebreas desde el sector Gaza y de una parte de la margen occidental del río Jordán, lo que fue acogido de forma bastante hostil en el seno de la sociedad israelí y, que es lo principal, en las altas esferas políticas israelíes, ya no puede aceptar fórmulas de compromiso en cuanto a la solución del problema palestino. De modo que esta vía también queda obstruida.

Los mediadores del arreglo del problema mesoriental comprenden la situación difícil en que Sharon se encuentra. Concretamente, Rusia, en el marco del encuentro internacional de los expertos en Oriente Próximo que ella propone convocar, llama a concentrar la atención en el diálogo de Israel con los países árabes en cualquier dirección posible, e invita a participar en este encuentro todas las partes interesadas en ello. Esto parece especialmente importante a raíz de la sonada declaración hecha por el nuevo presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad sobre el legado del imán Khomeini de borrar Israel del mapa del mundo. Esta declaración fue hecha justamente en el momento en que Serguei Lavrov se encontraba en la tierra de Israel.

No cabe duda de que tampoco se ha olvidado del aspecto palestino. Los diplomáticos rusos y sus colegas en el "cuarteto" de los mediadores del arreglo califican de "peligroso" el estancamiento que estorba el progreso en esta dirección. Teniendo en cuenta la complicada situación en que Sharon se encuentra, los diplomáticos dicen que si al Gobierno israelí le es difícil actuar ahora como promotor de negociaciones con los palestinos, este papel lo deben asumir justamente los mediadores. Pero el problema consiste en que la situación no puede ser arreglada sin contactos directos entre los líderes de Israel y de la Autoridad Nacional Palestina. El jefe de la diplomacia rusa, Serguei Lavrov, de visita en Oriente Próximo, exhortó a reentablar el diálogo entre los palestinos e israelíes. Mas, de momento esto sigue siendo un sueño.

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Marianna Belenkaia es comentarista de RIA "Novosti".

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