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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   comunismo   Política  

Demagogia e inmigración ilegal e indiscriminada, señuelos del comunismo

La miseria hace que un hombre entre en contacto con extraños compañeros de alcoba” W. Shakespeare
Miguel Massanet
domingo, 18 de marzo de 2018, 12:33 h (CET)

Sin duda es más fácil, gratificante, retributivo y satisfactorio mostrarse como persona de buenos sentimientos, caritativa, acogedora y receptiva respecto a las desgracias ajenas; pero, todas estas cualidades a las que hemos aludido, no suelen ser las que forman parte de los verdaderos e íntimos sentimientos de la mayoría de los ciudadanos y no, precisamente, de quienes pertenecen a los partidos de las más extremas izquierdas o derechas; aunque, como siempre suele suceder, no se puede generalizar sin exponerse a cometer injusticias. Pero donde la hipocresía, el falso interés por los demás, la misericordia aparente hacia los desvalidos y la caridad interesada hacia los necesitados se convierte en moneda de cambio cuando se trata de captar nuevos afiliados o conseguir apoyos electorales en los casos de los partidos políticos y, en especial, en los de las izquierdas, con la particularidad de que, en este caso, cuanto más intransigentes, extremistas y aparentemente más interesados y preocupados por el bienestar de los demás, es cuando más peligrosos, más rastreros se muestran y menos fiables son por lo que de hipocresía se esconde debajo de su apariencia de comunidades protectoras y defensoras de los desvalidos; cuándo su verdadera naturaleza no es más que una forma totalitaria, dictatorial, dominante y egoísta de ejercer el poder, que se manifiesta cuando ya es tarde, con la pérdida de las libertades, la humillación y la esclavitud laboral de aquellos que aceptaron su tutela, pensando que con su apoyo iban a alcanzar una vida mejor, más libre y sin preocupaciones en la onírica ciudad de Jauja.


Seguramente algo de todo ello habrá en todos aquellos partidos que han estado machacando a los sucesivos gobiernos españoles, para que abran más la espita a la inmigración. Cómo si no hiciera años que se nos vienen colando inmigrantes por el sur de España, a través de las ciudades de Ceuta y Melilla o por medio de pateras o pequeñas embarcaciones que atraviesan por el mar de Alborán transportando abigarradas aglomeraciones de desgraciados que intentan huir de las miserias de sus países africanos, buscando en España encontrar trabajo, confiando en saltarse los controles aduaneros o pensando que, a través de la península Ibérica, podrán llegar a otros países de Europa en los que podrán mejorar su situación de fugitivos sin medios de vida. Todavía recordamos como una comisaria de la CE criticó a España y a su policía fronteriza (en aquel caso la Guardia Civil) acusándonos de malos tratos y emplear medios desproporcionados para repeler la entrada de cientos de inmigrantes que pretendían entrar en Ceuta bordeando la escollera. Sólo en el 2017, un año que pasará a la historia triste de la inmigración irregular como el segundo con mayor número de llegadas de personas a nuestro país por vías ilegales desde que se tienen registros, solo por detrás de 2006, cuando la crisis de los cayucos rumbo a las Islas Canarias elevó los ingresos por mar hasta una cifra impensable: 39.180 hombres y mujeres.


No sé en lo que habrán estado pensando las autoridades de Bruselas cuando, aparte de los que nos vienen asaltando y entrando a la fuerza a través de nuestras fronteras o por vía marítima durante años; pretendían que admitiéramos un cupo de 17.337 de inmigrante políticos europeos. Esta organización, la ONG OXFAM INTERMON, que ha sido acusada de albergar, en su seno, a una serie de miembros que han dilapidado dinero de su organización en sus desplazamientos a lugares de catástrofes, donde se dedicaron a organizar orgias y francachelas sexuales, mientras acusaban a España de no admitir más que a una parte del cupo de refugiados políticos que tenía asignados. En todo caso, en España han tenido quienes han venido apoyando la llegada de más inmigrantes, desde sus puestos en la Administración, especialmente en las autonómicas, apelando a los sentimientos de acogida del pueblo español, argumentando razones sociales y criticando al Gobierno por no aceptar un mayor número de refugiados, acusándolo de no ser sensible a la miseria del resto de los países.


Tanto en Barcelona como en Madrid, ambas ciudades regidas por sendas alcaldesas pertenecientes al grupo Podemos, la señora Ada Colau y la señora Manuela Carmena, siempre se han mostrado partidarias de dar vía libre a todos los inmigrantes que quieran instalarse en ambas ciudades. En concreto, se han mostrado dispuestas a permitir que en el ámbito de su autoridad pudieran proliferar verdaderas bandas incontroladas de estos inmigrantes que, no sólo se han dedicado a ocupar viviendas, sino que también, al no conseguir trabajo (algo a lo que se habían comprometido ambas alcaldesas)decidieron que, ya que no se los acogía por las buenas, puesto que ellos se consideraban con todos los derechos para equipararse al resto de ciudadanos oriundos, se iban a establecer por su cuenta en puestos callejeros de “quita y pon” de venta ambulante o sea por el método de las “ mantas extensibles”, en las que exponían sus mercancías ( de contrabando o sustraídas de almacenes o de otras procedencias) a precios inferiores a los que los vendían los comerciantes que tenían instalados sus negocios legalmente, con todos los permisos y pagando los impuestos municipales y estatales de acuerdo con las leyes del país. Una actividad ilegal que, no obstante, parece que fue deliberadamente tolerada por ambas alcaldesas, sin tener en cuenta que su obligación consistía en evitar que ello ocurriera.


No contentas con proteger a los infractores, dieron órdenes a la policía urbana que no los molestase y, por si fuera poco, los han permitido organizarse y sindicarse aparte de obtener el apoyo y colaboración de los partidos de izquierdas, como es el caso de Podemos e Izquierda Unida que, aparte de darles protección les vienen prestando asesoría jurídica y los ayudan en las manifestaciones que, como las que se han producido estos días en el barrio de Lavapiés de Madrid, han producido momentos de grave tensión así como grandes daños materiales y ataques a las fuerzas del orden que intentaban restablecer la paz. En una muestra de incivismo, han adoptado los métodos de los comunistas de movilizaciones, dando versiones manipuladas, falseadas y tergiversadas de las causas de las protestas ( hubo un fallecido por un ataque cardíaco que no tuvo nada que ver con la actuación policial pero que ellos han convertido en casus belli para justificar el vandalismo con el que han actuado), intentando en todo momento pasar la culpa de todo lo ocurrido a la policía y al Gobierno por no haberles solucionado su problema. Con desvergüenza y agresividad, atribuyéndose derechos de los que carecen, presumiendo de la nacionalidad española y acusando de violencia a quienes intentaban controlarlos; han permanecido en una actitud de matones hasta con el propio cónsul del Senegal que intentó calmarlos y hubo de salir corriendo, escoltado por la policía.


Es evidente que a los comunistas del señor P.Iglesias les interesa que entren muchos indocumentados, personas sin trabajo y sin posibilidades de conseguirlo, porque saben que en su desesperación, cuando se dan cuenta de que han venido engañados por las mafias a nuestro país, se ven obligados a recurrir a los sindicatos CC.OO o UGT que, a su vez, los envían a los comunistas sabedores de que son pasta dúctil en la que imprimir sus trasnochadas ideas de igualdad. Votos fáciles de conseguir y un gran apoyo a sus manifestaciones callejeras, a las que les proporcionan un color variopinto e internacional. No obstante, no parece que nadie les vaya a pedir cuenta a los gobiernos municipales tanto de Barcelona como de Madrid por haber sido los causantes de esta invasión de inmigrantes sin papeles, conscientes de que serían incapaces de encontrarles ocupación y, por otra parte, si tener los medios y los alojamientos precisos para poderlos atender dignamente algo que los ha obligado a acudir a empresas ilegales para conseguir sobrevivir. Cuando se ven enfrentados a situaciones en las que se ven acorralados, sacan su instinto de supervivencia y se trasforman en personas peligrosas capaces de crear graves problemas.


Y ahora es cuando salen a relucir las consecuencias de diversas actitudes incívicas, nacionalistas, irresponsables y revolucionarias, como las que se están dando en nuestro país, donde se utilizan argumentos que pretenden justificar una acogida masiva de inmigrantes, como si ya no tuviéramos varios millones de ellos residiendo en nuestra patria. Se argumenta que son personas sin medios y en la pobreza pero no se tiene en cuenta que, entre todos estos ilegales que vienen sin posibilidad de obtener trabajo legal, hay muchos que no tienen oficio ni beneficio, ignorantes, posibles delincuentes y una carga más para nuestra, ya en dificultades económicas, Seguridad Social. Todos estos incontrolados pueden contener fácilmente grupos, cédulas, activistas o talibanes dispuestos a atentar en cualquier momento que lo estimen oportuno. O, como ya está sucediendo en Lavapies, crear problemas de orden públicos cuando España está en una situación en la que, el nacionalismo catalán y los comunistas bolivarianos que nos envió Maduro, están intentando por todos los medios conseguir desestabilizar al país para lograr lo que vienen persiguiendo desde que llegaron a él: crear una situación en la que el descontento vaya minando a los ciudadanos y, en consecuencia, consigan la revolución que viene intentando, ya sea manipulando a los secesionistas ya consiguiendo crear una V columna de descontentos antisistema que pueda, en un momento determinado, inclinar la balanza en favor de sus propuestas comunistoides.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, estamos viendo como los socialistas se están torciendo hacia la izquierda, los de Podemos, aunque no ganan puestos, consiguen mantenerse en un confortable lugar, el PP del señor Rajoy sigue derrumbándose sin que, al parecer, nadie se atreva a poner la cuestión de la sucesión del señor Rajoy sobre la mesa, única forma de que, con caras nuevas y un líder carismático, de aquí a las próximas elecciones que puede que no sean muy lejanas, el partido del señor Fraga tuviera ocasión de recuperarse, al menos en una parte y, finalmente, los de Rivera, los Ciudadanos que, sin hacer nada, van ganando el favor de los españoles. Y, en medio de todo este maremágnum político y desenfreno partidista, el problema catalán que, lejos de solucionarse, de disminuir o de descomponerse aplicando medidas tajantes, sigue adelante, a pesar del 155 como si, en realidad, esta etapa de intervención de la autonomía no hubiera tenido lugar y sólo se produjera una pequeña interrupción de la que están a punto de recuperarse. Y mientras tanto, nadie mueve pieza, mientras las ratas van abandonando, a través de la maroma de ¡sálvese el que pueda!, el semi-sumergido bajel en el que se empeña en seguir en su puesto de mando el “bravo” capitán, M.Rajoy, dispuesto a hundirse con toda su tripulación en las profundidades del océano del olvido político.

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