Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Esclavismo sexual

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 7 de noviembre de 2005, 02:34 h (CET)
El trueque del placer sexual a cambio de dinero es tan antiguo como la historia de la humanidad. Pero de un tiempo a esta parte se ha desatado una fiebre reguladora por parte de las autoridades que, debido a la dificultad que conlleva, no sé a donde nos llevará. Poco a poco los viejos “barrios chinos” han ido desapareciendo de las ciudades. Con la ampliación de las mismas las viejas callejas donde se ejercía la prostitución han ido quedándose céntricas y sucumbiendo a la piqueta especuladora de la construcción mientras las mujeres que las poblaban iban siendo lanzadas hacia las periferias. La vieja moral de que lo que no se ve no existe ha venido creyendo durante años que alejando a las meretrices de su vista el problema estaba resuelto. Pero lo único que se ha conseguido ha sido trasladar el problema de sitio aparcándolo cada vez más lejos del centro de las ciudades y desplazándolo a los barrios periféricos que, generalmente, a la falta de equipamientos sociales añaden ahora el problema de la convivencia con el negocio de la carne y los problemas que ello conlleva.

Con el paso de los años el negocio de la prostitución ha ido cambiando. Antaño las putas, toleradas por la legislación franquista, solían ser conocidas y estaban recogidas en pequeños guetos cuya ubicación era sabida. Recuerdo mis años de adolescencia cuando, a pesar de la prohibición paterna de pasar por determinadas calles, en cualquier momento de nuestras andanzas por el centro de la ciudad acudíamos, temerosos y con conciencia de pecadores, a ver el espectáculo de aquellas mujeres, difícilmente atractivas para nosotros, y las colas de hombres que se formaban ante algún que otro patio. Solían ser todas nacionales aunque en alguna ocasión adoptaban acento francés, seguramente por aquello del morbo. También existían las casas de citas, en los que parejas, generalmente adulteras, jugándose alguna que otra multa gubernativa acudían para retozar entre sabanas con olor a pecado y engaño. Y estaban los cabarets o salas de fiesta donde el público era más pudiente y las chicas descorchaban botellas de cava a precio de oro o bebían te disfrazado de whisky.

Hoy todo eso ha cambiado. En todos los barrios de las ciudades comenzaron a florecer las llamadas barras americanas y las carreteras comenzaron a iluminarse con neones de colores llamativos que convidaban al conductor a detenerse para disfrutar de un descanso entre los brazos de cualquier desconocida hetaira llegada desde tierras lejanas. Las páginas de los periódicos, incluso los más cercanos a la derecha, van llenas de anuncios donde sin ningún recato se anuncian desde “japonesas nuevas” a “griego o francés”- todo un compendio geográfico- sin olvidar alguna que se anuncia como “abuela, ardiente, besucona y sin goma”. Vamos, que como decía un viejo torero “hay gente pa to”. Hoy en día cualquier patio de vecindad puede contener un burdel en su interior.

Y las autoridades quieren regular todo este mundo. Difícil me lo ponéis. La discusión está entre reglamentar el mundo de las putas o sancionar el ejercicio del mercadeo de cuerpos. Los Ayuntamientos de Barcelona y Valencia han optado por la prohibición de un negocio por el que pasan diariamente más de un millón de españoles y donde el 90% de las prostitutas son mujeres inmigrantes sin la documentación pertinente. De momento van a comenzar con el intento de erradicar, con la aplicación de fuertes sanciones, la prostitución callejera. Se sancionará tanto al cliente como a la mujer que, siempre por necesidad, vende su cuerpo. Personalmente opino que, en caso de establecerse sanciones, estas deberían ser pagadas por el cliente, como en Suecia. Las pobres izas ya están bastante castigadas con tener que aguantar, además del macarra de turno, a los babosos que las visitan. Como escribió, creo que Sor Juana Inés de la Cruz “¿Quién tiene más pecado, el que peca por la paga, o el que paga por pecar?”. Al final estas ordenanzas municipales van a ser papel mojado y más todavía cuando en las mismas no se tiene prevista actuación alguna para reinsertar en la sociedad a las mujeres que quieran abandonar la prostitución.

Vivimos en una sociedad falsa y mojigata en materia sexual, y lo que nos molesta no es el ejercicio de la prostitución si no el ver a sus ejercientes recorriendo nuestras calles. Mientras no nos percatemos que estas mujeres son esclavas de quienes utilizan su cuerpo y sean estos los perseguidos por la ley no comenzaremos a trabajar en serio por la erradicación del llamado oficio más viejo del mundo y que hoy mueve millones con los que se lucran las mafias correspondientes.

Noticias relacionadas

Inexorable Fin de la Farsa del “Sahara Occidental”

En 1975 un pueblo desarmado derrotó al último aliado de Hitler y Mussolini que seguía delirando tres décadas después de la disolución del Eje

Respeto a la Presidencia del Gobierno

'Avanzamos' como eslogan de bienvenida

Y vuelta a las andadas

Golpean el hierro en frío

La inclusión como camino: hacia una construcción de la “diversidad inteligente”

La fórmula debe ser la inclusión como camino del desarrollo

El acto de leer

Dignifica y al dignificar permite que las personas vuelen
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris