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Etiquetas:   Novela por entregas   -   Sección:   Libros

Soberano don Nadie (VII)

Juan Pablo Mañueco
Redacción
martes, 6 de diciembre de 2005, 23:56 h (CET)






Soberano don Nadie en el país de
los poderes políticos verticales

Don Quijote y Pero Grullo en acción


Resumen de lo publicado:


Don Quijote, Pero Grullo y el Representante Independiente conversan sobre algunos secretos de la política en la cafetería interior del Congreso. Se va a celebrar un Pleno histórico en el que se alumbrará una nueva Comunidad Autónoma. Pero ha surgido un problema de intendencia: no aparece cierto llavín de un apartamento, necesario urgentemente para varios grupos parlamentarios.

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Capítulo IV (continuación)

EL OTRO: Pero entonces, ¿a quién pregunto yo? Ya está todo consensuado, pero no aparece la llave.

EL REPRESENTANTE INDEPENDIENTE: En eso no te puedo ayudar, tendrás que pasarte por otros corros, y, cuidado, no te confundas de círculo y de orientación. Ni te acerques al grupo de las féminas, que esas ya sabes que se lo montan aparte.

EL OTRO: Pues es un fastidio. ¡Y con la sesión a punto de empezar!

EL REPRESENTANTE INDEPENDIENTE: (Señala con la mirada hacia la puerta.) Por cierto, ahí viene la Rosarito. Y al parecer sin que haya dado con ella todavía mi señor presidente regional, porque a la Rosarito se le nota bastante entera.

EL OTRO: Hay que ver la potencia del secretariado institucional. Con auxiliares como ésta da gusto.

EL REPRESENTANTE INDEPENDIENTE: Buen poderío por ambas bandas, efectivamente, para que todo el mundo toque a lo suyo. Y ni siquiera disimula con el ropaje el oficio que ejerce.

EL OTRO: El cuerpo de secretarias peonza es el único que aquí no practica el disimulo.

EL REPRESENTANTE INDEPENDIENTE: El colmo de la ética.

EL OTRO: Bueno, chico, te dejo. Tengo que hacerme con esa llave antes de que empiece la sesión, que no es cosa de estársela pidiendo luego a cada portavoz para que investigue plenariamente a su grupo

EL REPRESENTANTE INDEPENDIENTE: Además que pueden darte una llave distinta y os acabáis juntando con otra corriente de presión.

EL OTRO: Por cierto, ¿cómo llevas lo tuyo? Ya sabes que, si decides afiliarte, con nosotros tienes las puertas abiertas, en cuanto que lo digas.

EL REPRESENTANTE INDEPENDIENTE: Igual me han ofrecido los otros, y ya sabemos que en el fondo sois lo mismo, ¿no?

EL OTRO: ¡Hombre, no! Con nosotros tienes más futuro. Controlamos más y mejores cuerpos de la Administración del Estado. Incluso, si quieres que después te busquemos algún buen retiro...

EL REPRESENTANTE INDEPENDIENTE: Lo pensaré. Un abrazo.

EL OTRO. Un abrazo.

(Se va sin despedirse de Don Quijote ni de Pero Grullo.)

* * *

PERO GRULLO: Ilustrativo personaje.

DON QUIJOTE: Y esto, ¿es así todos los días?

EL REPRESENTANTE INDEPENDIENTE: Todos los días, excepto durante los periodos vacacionales, en que las intrigas se trasladan de escenario. Pero, en realidad, esto no es nada. A esta cafetería se traen ya los platos cocinados. Las cocinas están en otros restaurantes, céntricos o no tan céntricos, en los reservados de esos mismos restaurantes, en despachos y domicilios particulares...

DON QUIJOTE: Antes has dicho que la prensa era la profesión más sórdida que conocías.

EL REPRESENTANTE INDEPENDIENTE: Y lo mantengo. ¿Acaso hace falta permanecer mucho tiempo aquí para darse cuenta del tamaño de la sordidez?

DON QUIJOTE: Tampoco tú mismo lo dices.

EL REPRESENTANTE INDEPENDIENTE: Ya reconocí antes que también estoy corrompido en parte, don Alonso.

El sistema es corrompiente, lo repito: corrompe o expulsa cuanto se acerca a él... Yo no lo oculto, al menos. Lo expongo con toda claridad ante quien puedo y siempre que tengo ocasión de hacerlo...

Mi corrupción mayor radica en que debo mezclarme con ellos, adoptar su lenguaje y seguirles el juego: si no lo hiciera, el sistema cargaría contra mí, inmediatamente, ya lo he dicho. De este modo, no se asombran demasiado de que alguien quiera servir medianamente a sus electores, y no servirse del cargo.

PERO GRULLO: ¿Y se sorprendía voacé de que yo calificara el sistema como verticalista? Me describe unos arquetípicos órganos autárquicos.

EL REPRESENTANTE INDEPENDIENTE: No es eso. Ahora hay pluralidad de partidos.

PERO GRULLO: Una democracia orgánica... con pluralidad de partidos. Y hasta voacé dice que, en el fondo, unos y otros partidos son el mismo, e idénticos sus patrocinadores económicos.

EL REPRESENTANTE INDEPENDIENTE: De todas formas...

PERO GRULLO: Nada esencial ha cambiado. Representantes que no cumplen los mandatos de quienes les eligen, legisladores que legislan su provecho, los mismos jueces... ¿qué ha variado? Algunos rostros del mudable cartel político.

EL REPRESENTANTE INDEPENDIENTE: Visto así... El sistema es corrumpente, de eso no tengo ninguna duda.

PERO GRULLO. Pues habrá que hallar otro sistema...

EL REPRESENTANTE INDEPENDIENTE: Nos reuniremos en otra ocasión para seguir debatiendo este asunto. Pero ahora no tenemos más tiempo, la sesión plenaria está a punto de dar comienzo.

La cafetería comienza a desalojarse. Por la puerta situada a la derecha salen sus señorías hacia el pasillo. Poco después, y todavía a contracorriente de la marea señorial que circula en una dirección, aparece un rostro desencajado con evidentes síntomas de ebriedad. Pregunta a varios de los que salen, hasta que le señalan en dirección a la mesa de Rosarito, que se está despidiendo de las señorías que la acompañaban.

El recién llegado habla brevemente con ella, y luego la toma por el brazo, del que la arrastra hacia otra puerta distinta a la que utilizan sus señorías. Ambos salen por ella y cierran.

DON QUIJOTE: ¿Quién era ese espectro?

EL REPRESENTANTE INDEPENDIENTE: Es el presidente de mi Región.

PERO GRULLO: Yo creo que no va llegar a tiempo ni a la tribuna del público invitado.

EL REPRESENTANTE INDEPENDIENTE. También yo lo temo. Pero no importa, ya harán con él lo necesario... para que no falte a la rueda de prensa posterior.

PERO GRULLO: ¿Los cuatro tópicos declamados?

EL REPRESENTANTE INDEPENDIENTE: Exactamente. Los mismos que oiremos ahora... Vayamos a la representación.

Capítulo V

Donde Pero Grullo revela su patria y condición

Hacía tiempo que don Alonso venía observando las curiosas coincidencias entre su acompañante de ahora y otro que lo fue en tiempos pasados, cuando decidió partir a la aventura en busca de entuertos que desfacer y para dorar con nuevo lustre las viejas glorias de la caballería andante. Cierto que en su primera salida don Quijote tentó la suerte por sí solo, y con tan mala fortuna que en breve trecho hubo de tornar sobre sus pasos, más afrentado que vencido. Aunque desde que planeara su segunda y famosa salida, determinó que la sombra fiel de su escudero sería el complemento impar de sus andanzas. Este Pero Grullo le recordaba en tan gran modo el sentido común que en tantas ocasiones había manifestado su buen escudero Sancho que, deseoso de averiguar mejor la naturaleza de su acompañante de hogaño, un día que se encontraban los dos a solas, le inquirió de este modo.

–Desde el día en que la fortuna quiso que nuestros pasos se cruzaran, he podido apreciar el buen tino que acompaña tu entendimiento, así como las otras muestras de discreción y sensatez que desde entonces para acá he venido notando. Hasta el punto que, si no fuera por algunas cuestiones harto improbables, estaría tentado de creer en lo que, ciertamente, me parece imposible... Permíteme que te formule una pregunta que desde algunos días atrás anda rondándome la cabeza.

–Nada me agradará más que complacer la curiosidad de vuesa merced en lo que pueda serle de ayuda.

–¿Conoces a Sancho Panza, mi fiel escudero de antaño?

–¡Y quién no, don Alonso! Vuestras aventuras, que son las suyas también, hoy componen la comidilla de medio mundo y el alimento del otro medio.

–No me refiero a eso. Quiero decir si le conoces personalmente.

–Tengo la fortuna de ser del mismo pueblo de Sancho.
Se sobresaltó con ello don Alonso, que no esperaba una respuesta tan directa de su contertulio, por lo que comenzaron a tomar mayor cuerpo sus sospechas, las cuales de tal modo parecían irse confirmando.

–Con esto que dices, Pero Grullo, resultas ser natural del mismo pueblo que yo.

–Sí y no, don Alonso. Si me preguntáis por mi patria, debo deciros que nací algo más arriba de vuestra aldea, en pleno corazón de la Tierra de Campos, aunque el pueblo, como bien digo, sea el mismo. Pero os aseguro que también he viajado hasta el lugar que más os tiene a vos por suyo y que allí he disfrutado de la relación frecuente y amistosa con el bueno de Sancho. En tiempos mantuve abundantes conversaciones con él, de las que aprendí mucho, y que siempre me sirvieron de guía y ejemplo de sentido común.

–Con todo ello, sigues sin aclararme tu naturaleza.

–Con sumo placer la declaro, don Alonso, que ni debo ni quiero ocultar parientes tan afamados como los míos. Aunque también sepa admitir que no fueron las altas cunas ni las lindas sedas quienes parieron a los miembros de mi estirpe, sino el amor popular y el ingenio de todos.

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Próxima entrega de la novela: martes, 8 de noviembre.

'Soberano don Nadie'. de Juan Pablo Mañueco. Egartorre Libros. 190 páginas. Madrid, 2005. 14 euros.

Puede adquirir el libro en librerías o realizando un pedido online.

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