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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

'Virgen a los 40': Una historia de abstinencia

Gonzalo G. Velasco
Gonzalo G. Velasco
jueves, 12 de enero de 2006, 00:12 h (CET)
El productor de El Reportero, Judd Apatow, y uno de los cómicos más prometedores de la cantera del Saturday Night Live americano, Steve Carell (visto en la primera parte de Cómo Dios y futuro protagonista de su secuela), han unido sus fuerzas en Virgen a los 40 a partir de un personaje creado por el segundo y, con 26 millones de presupuesto, han obrado el milagro de embolsarse, sólo en Estados Unidos, otros 102 de nada.

Uno diría que para tratarse de una película relativamente modesta, sin grandes estrellas en su reparto y filmada por un debutante, la jugada les ha salido redonda a sus autores, pero teniendo en cuenta que se necesitaron siete test-screenings para dar con el montaje final, queda claro que los buenos resultados no les cayeron del cielo precisamente. Por supuesto, cuando hablo de buenos resultados, no me refiero en exclusiva a los económicos, ya que Virgen a los 40, por mucho que a la crítica más ortodoxa y antimericana le salgan sarpullidos sólo de leer lo que viene a continuación, no es otra estúpida película americana.

El film narra la historia de un tipo ya entrado en la cuarentena y sin ninguna experiencia sexual consistente. Vive sólo en un apartamento rodeado de muñecos coleccionables, películas, videojuegos, y todo tipo de merchandising genuinamente “geek” (u otaku, que viene a lo ser lo mismo pero en japonés). El pobre diablo trabaja en una tienda de electrodomésticos en compañía de una grotesca trouppe de neuróticos , y su estable y seguro mundo de eterno adolescente, se viene abajo cuando éstos se enteran de su condición sexual y tratan de ayudarle a mojar el churro.

Con una premisa como esta, muchos cineastas de la nueva hornada de comediantes norteamericanos (los hermanos Farrelly, Ben Stiller o incluso Wes Anderson), harían algo desenfadado y divertido, pero a la postre exagerado, caricaturesco, romo y escatológico. Judd Apatow sortea todos estos peligros con gran habilidad, cómo si algún gurú de la comedia le hubiera enseñado el camino a seguir y, en consecuencia, Virgen a los 40, alcanza el desenfado y la diversión a través de la contención, de unos personajes reconocibles pero nunca estereotipados (era muy fácil obviar la complejidad del personaje de Steve Carell para centrarse de manera unidimensional en su condición de virgen), de una historia muy trabajada en su estructura y diálogos, y de un uso en absoluto abusivo de los gags guarretes, que de este modo recuperan su natural sentido transgresor.

Además, la película toca como quien no quiere la cosa, y siempre haciendo gala de una distancia irónica casi accidental, un tema tan poco tratado en el cine (cuando no maltratado) como la obsesión del género humano por el sexo y sus estúpidos corolarios sobre la conducta. Tal vez me crucifiquen por decir esto, pero Apatow somete al sexo en Virgen a los 40, a una exploración análoga a la que Cronenberg hace de la violencia en su reciente Una Historia de Violencia, sólo que en clave de comedia y, desde mi punto de vista, más profunda en su análisis.

Si algún defecto puede achacársele a la propuesta, tal vez sea su excesiva duración, claro que el delirante broche final, un espectáculo de lo más kitsch en homenaje a un célebre musical de Milos Forman que en España llegó a versionear Raphael, hace que la espera merezca, y mucho, la pena. Demos gracias a Judd Apatow y a Steve Carell (y la gente de los test-screenings, desde luego), gracias a ellos, ya es posible volver a reír sin complejos en un cine.

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