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El siglo de la Inquisición
Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
sábado, 5 de noviembre de 2005, 00:51
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Los españolitos podíamos ayer ver por televisión u oir en la radio (COPE incluida y esperemos que por mucho tiempo, aunque a Durán y Lleida le de por ello un mal) al debate en el Congreso de los Diputados de toma en consideración de la Constitución étnica catalana.

Doce horas de debate. Algo impresionante, pero teatrero, ya que encerraba en sí mismo una gran mentira. El Partido Popular, que se oponía a la toma en consideración, partido que representa a casi 10 millones de ciudadanos y un 42% de la Cámara, tuvo el mismo tiempo para defender su postura que, por ejemplo, ERC, partido que no representa ni al 5% de la ciudadanía española y que tiene 3 diputados. Es decir, la representación del 58% de los ciudadanos (PSOE y todos los demás partiditos minoritarios) tuvieron ocho veces más de tiempo para defender sus posiciones (que era sólo un "No al PP" y no una defensa de la toma en consideración) que el principal partido de la oposición, cuando la cámara está dividida casi por la mitad.

Prometió Moncloa, a lo largo de toda la última semana, que el discurso de ZP iba a ser de enjundia. Íbamos a ver al ZP “genuino”, avanzaban. Y, llegado el momento, lo de siempre: nada. Comenzó ZP tratando de darnos a todos una clase de derecho constitucional, pero sin hablar del motivo del debate. Nos contó que lo de “Nación” no tiene importancia y que las pelas, ni tocarlas. En su segunda intervención, hacia las once de la noche, ZP mostró al ZP “genuino”: en lugar de hablar del Estatuto se lió la manta a la cabeza y se puso a hablar de la guerra de Irak, el 11-M y hasta de don Gonzalo Fernández de la Mora, señor muchísimo más solvente que el Presidente por accidente, dicho sea de paso. O sea, nada de nada. Ni tan siquiera quiso iluminarnos acerca de las ocho soluciones que afirma tener para arreglar el problema que él mismo ha creado.

La puntilla del despropósito la puso la señora representante del PSC, Manuela de Madre –Madre bachiller-, cuando, haciendo uso de sus “estudios como delineante”, nos contó que el siglo XIX fue el siglo de la Inquisición. 1812. La Pepa. Las Cortes de Cádiz. Esto es la Inquisición para la señora de Madre. Esto es la LOGSE. Esto es el PSC.

Y, sin embargo, hoy, sólo se habla del discurso, histórico, de Mariano Rajoy. Los analistas son unánimes. Ocho contra uno y el ganador ha resultado ser el que dicen que está solo. Bendita soledad la acompañada por 10 millones de personas desde hace casi dos años y en este debate, seguro, por unos cuantos millones más.

Cuando recordó a Zapatero que “ese poder, que ustedes representan, lo ejerce exclusivamente el pueblo español constituido en nación. En eso consiste la soberanía nacional. El pueblo español no es soberano porque lo diga la Constitución. NO. Es al revés: el pueblo español hizo la Constitución porque era soberano, Rajoy estaba cantando las verdades del barquero.

Para quién esto escribe la gran frase no vino en el inicio del debate sino en la réplica, cuando Rajoy le espetó a un Zapatero desorientado que el problema ni tan siquiera era el Estatuto. El problema de los españoles se llama Zetapé. Sin ZP nada de lo que está aconteciendo hubiera sido posible.

Rajoy, sin duda, pronunció el discurso de mayor enjundia de toda su carrera política y, con total seguridad, el discurso más importante pronunciado en el hemiciclo español. Un discurso netamente liberal. Demostró que quiere ser el presidente de todos los españoles y que su preocupación no era el origen catalán de la propuesta, sino el nulo respeto a la ley y sus procedimientos por parte de la izquierda. Dejó claro que el PP no es anticatalán y que está preocupado por el futuro de los ciudadanos de Cataluña, a los que nadie ha consultado este akelarre antidemocrático.

Algunos descubrieron ayer que la España constitucional, la del pacto constitucional, tiene un líder solvente, con convicciones, liberal y con verdadero talante. Ese líder tiene nombre. Se llama Mariano Rajoy.

 
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