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Etiquetas:   Ni éstos ni aquéllos   -   Sección:   Opinión

Una soberanía y otra soberanía, ¿se niegan o se enriquecen?

Juan Pablo Mañueco
Juan Pablo Mañueco
viernes, 4 de noviembre de 2005, 01:30 h (CET)
Tenía pensado obsequiar a mis lectores con cuestiones más sabrosas que el rancio Estatuto Anticatalán, negador de la pluralidad interna de Cataluña, que se presentó ayer en el Congreso, porque los viejos nacionalismos etnicistas me interesan tan poco y me atraen tan nada como las figuras desfasadas que mejor ejemplifican tal ideología: Franco, Hitler, Mussolini, Pasqual Maragall, Carod Rovira... todos ellos nacional–socialistas... Menos el primero, que ése era nacional–sindicalista, aunque dicha modificación nominal ocultaba lo mismo: que el “territorio”, además de ser superior al individuo, tiene “identidad única” ante la cual deben plegarse los buenos súbditos, que tienen el deber de someterse a sus dirigentes o caudillos.

La “identidad nacional”, como dijo ayer el mago ZP, el cual revela ser brujo tan poco original que parece decantarse por el término más nacional-socialista entre los posibles: aquel que no deja ningún lugar a dudas de la subordinación del individuo a la “nación” (más exactamente a sus caudillos), porque ambos han de ser “idénticos”... La Libertad y el liberalismo son precisamente lo contrario: que los “entes” se supediten y sirvan famularmente, servicialmente, a los individuos, que siempre son plurales.

Pero ni ZP tiene inteligencia para comprender algo tan básico ni los viejos pensamientos totalitarios han desaparecido de esta Península, sino que anidan gustosamente en los franquistas periféricos de nuestros días, sólo que cambiando la “identidad nacional” bajo la cual quieren ejercer su dominio.

No fueron las tercas contradicciones de Zapaterco las que me sorprendieron ayer, porque este pintoresco personaje tiene una altura intelectual que ya va quedando clara hasta para sus votantes, sino los imposibles equilibrios de Manuela de Madre, portavoz del PSC, para argumentar a la vez una cosa y la contraria,

Resulta que para doña Manuela “la nación catalana no niega a la nación española, sino que la enriquece”. O dicho de otra forma más peregrina pero sólo por ser más comprensible: “una soberanía (o un rey) no niega a otra soberanía (o a otro rey), sino que hay dos o diecisiete soberanías (o reyes)”.

¡Pues esa es la madre del cordero, doña Manuela!: si “nación” es lengua, ¿por qué no hablan los seminacionalistas monocatalanes de “las dos (o más) naciones de Cataluña: internamente y en sí misma nación de naciones”? En este sentido, cierto que no se negarían mutuamente, sino que serían riqueza: que asuman los seminacionalistas catalanes la riqueza que tienen. Como la asume ya la pluralista y moderna Constitución de España.

Pero si nación es lo que es y lo que todo el mundo entiende: el sujeto constituyente de la soberanía... le aseguro a la madre de doña Manuela, al primo de ZP y a toda la familia nacionalista y medioidentitaria que quiere colarnos su entera falacia... que NO son posibles dos soberanías en el mismo lugar. Y cuando lo son, provisional y desequilibradamente, se llaman “co–soberanía” y Plan Ibareche.

¿A qué se juega, pues, en este debate del Estatuto/Constitución de la Cataluña Monoidentitaria...? ¿Cuántos meses dicen que van a estar tratando de ocultar lo que en realidad se dirime?

Propóngase por parte de quién así lo quiera la reforma de la Constitución para acoger distintas naciones constituyentes, y asúmanse los costes electorales de ello. Pero no se juegue al engaño, porque de ese fraude evidente no pueden sobrevenir más que perversiones y cansancio.

El Estatuto Anticatalán y Anticonstitucional miente o engaña desde la primera palabra. La nación catalana no existe ni como entidad soberana ni como monoidentidad que rechaza la riqueza interna de Cataluña. Plantéese como lo que es, y si se llega a la secesión en tales términos, en una parte de la Península Ibérica comenzará a actuar, aún más impunemente que hoy, la ideología cultural del más vetusto y totalitario fascismo.

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