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Leonor de fe

Pascual Falces
Pascual Falces
miércoles, 2 de noviembre de 2005, 22:59 h (CET)
Súbitamente, este nombre propio de mujer, ha cobrado arrolladora actualidad. No resultó desconocido para nadie, aunque no es común, y la memoria se fue volando hacia la Historia en donde se encontraban sus resonancias. Claro, que, para algunos, suscitó tiempos más cercanos, entrañables y familiares, como este ventilado columnista, que experimentó el hondo recuerdo de su abuela materna en su decimonónica quinta –Villa Leonor-. Pocas féminas se han denominado así, pero se ha mantenido vivo este nombre, y las razones que han motivado su puesta en rabiosa actualidad, sin duda, harán que de hoy en adelante llegue a ser tan común, como las Vanesas, Tamaras, o “Leididís” (Colombia), y etc, todos de exótico origen, y tan opuestos a éste con rotunda onomástica en el santoral el 22 de febrero.

Los vociferantes parlanchines de televisión y otros medios, se lanzaron sobre las enciclopedias en búsqueda de posibles precedentes que justificasen su actualización, pero no es cuestión que inquiete; la voluntad de los padres es más que suficiente, aunque, en este caso, y dada la escasa imaginación de su familia paterna, parece, más bien, cosa de la madre. De cualquier modo, ha sido bien recibido una vez superada la sorpresa general de que iba a ser un varón

La imaginación se ha disparado entorno de la futura Reina Leonor de España. Lo cuál, viviendo los tiempos que se atraviesan, supone un enorme acto de fe colectivo, desde el pueblo –que ahora se conoce como ciudadanía-, hasta encumbrados personajes que ya conocen “perfectamente” qué ha de modificarse en las leyes para que la recién nacida llegue a ocupar el trono. Más, si asistir al nacimiento de un hijo es “un acto de fe en la Providencia”, y un responsable compromiso con él, ¿qué se puede afirmar cuando, además, se le quiere “ver” adornada con diadema de Reina?... La monarquía española feneció “gloriosamente”, según el aserto joseantoniano, y el poder que representaba quedó en medio de la calle el 14 de abril de 1931. Una azacanada República, segundo intento sin fortuna en España, culminó en el zafarrancho del más sangriento enfrentamiento entre españoles, y aún colea... para algunos que sufrieron la humillación de perder en el conflicto, y, con el resentimiento reavivado, intentan actualizar algo que los tiempos se han tragado. Es deseable que los venideros sean en orden y concierto, y que a un rey le suceda otro, y éste a su vez ceda el trono a su hija mediado el siglo actual. Precioso, ¿no parece? Fe, también, en que las instituciones funcionen, y en que no suceda lo que escribió una víctima de aquellos feroces tiempos: “Señores Guardia Civiles, aquí pasó lo de siempre, murieron cuatro romanos y cinco cartagineses”.

La recién nacida Leonor, por circunstancias, forma parte del “lote” de negociación constitucional; un “totus revolutum”, con el que se intenta manipular la vida del país, es un buen lugar para aquello de “a río revuelto, ganancia de pescadores”, y no sería de extrañar que con la exaltación feminista ansiosa de una reina, se mezclen las ovejas churras con las merinas, que, nunca ha dado, según la sentencia, buen resultado.

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