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Etiquetas:   Al borde de la palabra   -   Sección:  

Rumbo a la vulgaridad

Joaquín Castillo
Redacción
miércoles, 2 de noviembre de 2005, 23:02 h (CET)
El talento, la creación, la inventiva, la imaginación, pierden vigencia en esta nuestra liga de las estrellas: los sustituyen el utilitarismo, las conveniencias momentáneas, la decisión de cuidarse más que la de arriesgar. En general, la tendencia está aceptada y se consolida partido a partido. Fuerza y corazón son estimulados estruendosamente. Y en particular, el buen gusto cede espacios, se lo lleva por delante la corriente de la vulgaridad. Todo es igual, nada es mejor. Pruebas a la vista.

Reparemos en el plano internacional. ¿Cuántas jugadas que resuelven un resultado pueden generar Ronaldinho, Kaká, Adriano, Henry o el mismo Ronaldo, por citar ejemplos relevantes? Tres, dos, una maniobra, como máximo. En sus épocas, Maradona, Pelé, Platini, también pero no producían todas las situaciones que determinaban el marcador final para sus equipos, no eran ellos los unicos encargados de ganar los partidos, quizas por eso fueron tan grandes. Ahora algunos entrenadores ni siquiera se fijan en esos antecedentes universales. Prefieren la comodidad de los sistemas fijos, hasta que el futbol no les juegue en contra. Ahí entonces aplican el sentido común, más por desesperación que por convicciones, por supuesto.

En el partido del sabado entre Betis y Real Madrid pasó eso. Un primer tiempo soporífero, ausente de ingenio, desnudó deficiencias y carencias para generar juego. Eso, jugar. El gol de Robinho empujó al ingreso del joven Ismael, un joven con buena técnica, capaz de hacer algo que rompa la monotonía. A veces le sale, a veces, no. Es lógico. Pero intenta. Con eso le sobra para estar muchos minutos en un partido. Pero no confían decididamente en sus condiciones. En el Real sucedió exactamente lo mismo. Raul, de lejos el que mejor entiende de qué se trata esto del balon y, el Mago Robinho, entraron para apagar el incendio acaecido en Riazor. No estuvieron especialmente acertados, pero el brasileño realizo dos regates y metio un golazo, que todos sus compañeros juntos no pueden ni están habilitados para realizar. Es simplemente una cuestión de capacidad, de sabiduría. Claro, Robinho, por ahí, no recupera tanto, no va y viene obedientemente y eso le quita posibilidades.

Si alguien se toma el trabajo observar el video tendrá los elementos suficientes para darse cuenta. Mientras tanto, el fútbol seguirá desabastecido de calidad. La orden es correr, aunque no se sepa bien para qué, y así se ejecuta. Los que piensan, esos que ven distinto, que tienen panorama, que se salen del molde no tienen presente. Lástima.

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