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Ciencia

Etiquetas:   Insectos   Investigación   Futuro   Energía   -   Sección:   Ciencia

Producir biocombustibles gracias a los insectos

Estudio pionero revela como insectos presentes en nuestras casas pueden mejorar nuestro futuro
Jorge Poveda Arias
viernes, 2 de marzo de 2018, 00:13 h (CET)

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Los típicos insectos diminutos y plateado-dorados que suelen encontrarse en los servicios de numerosas casas se incluyen dentro de la familia de los lepismátidos (Lepismatidae). Estos diminutos animales son unos insectos primitivos sin alas con el cuerpo cubierto de escamas, que suelen encontrarse en la oscuridad de nuestros baños pues necesitan de una alta humedad y temperatura ambiental para desarrollarse, además, se alimentan de una gran cantidad de materias diferentes, desde papel hasta mohos, pero pueden vivir hasta un año sin ingerir alimento alguno. Las especias más conocidas y distribuidas dentro de este grupo son los pececillos de plata (Lepisma saccharina) y el insecto de fuego (Thermobia domestica), el segundo algo más dorado y oscuro que el primero.


El insecto de fuego o termobia de las tahonas (nombre derivado de su predisposición a alimentarse de harinas y vivir cerca de hornos) puede crecer y desarrollarse fácilmente sobre papel, cartón y paja, aspecto que da una idea de su gran capacidad para alimentarse eficientemente de la celulosa presente en estos materiales, pues no hay otro nutriente disponible. Estos insectos son uno de los grupos más primitivos que existen en nuestros días, pues surgieron en la Tierra hace 420 millones de años, pero las investigaciones científicas nunca han prestado demasiado interés en ellos.


Una investigación llevada a cabo por el Departamento de Biología de la Universidad de York ha determinado el secreto de estos pequeños animales para alimentarse tan eficientemente de un compuesto tan indigerible como la celulosa. Lo logran gracias a un grupo de proteínas presentes en su intestino y con capacidad digestiva de carbohidratos, las cuales eran desconocidas hasta el momento. Estas nuevas enzimas sólo se habían descrito anteriormente en hongos, bacterias y virus, y se incluyen dentro de las denominadas como monooxigenasas líticas de polisacáridos (LPMO), capaces de romper macromoléculas tan duras y compactas como la celulosa.


Estudios posteriores de este grupo de investigación se están basando en la utilización de estas enzimas intestinales de los termobias para romper la celulosa presente en residuos vegetales, como por ejemplo restos de cosecha o de poda, en azúcares que sean directamente fermentados y transformados en bio-etanol, para su uso como combustible sostenible.


“La ciencia que no es divulgada hacia la sociedad es como si no existiera”


FUENTE: https://www.nature.com/articles/s41467-018-03142-x
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