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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¡A las barricadas!

Pepe López
Redacción
domingo, 30 de octubre de 2005, 23:30 h (CET)
Este era el grito que daban los anarquistas en aquella primavera trágica de 1936 y que sonaban como tambores de la guerra que al poco tiempo llegó.

Hoy se oye otro grito que, si no amenaza con derramamiento de sangre, es revelador del fracaso de una democracia en la que no se discute con buenos modos y argumentos en el Congreso, sino en la calle con pancartas, gritos amenazadores y conductas más o menos violentas.

Las manifestaciones contra la guerra de Irak y las organizadas por un grupo gallego contra el chapapote han dado paso a otro nuevo grito: ¡A las carreteras!

El corte de carreteras se viene utilizando como medida de presión para conseguir, por este medio,-que no suele ser muy pacífico y que ocasiona innumerables perjuicios a la ciudadanía- un beneficio para un sector de personas muy limitado.

La subida del precio del petróleo, si el Gobierno se muestra excesivamente generoso en sus concesiones, (que lógicamente las hará con el dinero de todos)traerá consecuencias que mucho lamentaremos.

En una economía de libre mercado, como la nuestra,cada sector productivo, como cada familia, debe procurar por sí mismo la manera de aumentar sus ingresos de una manera lícita
o reducir sus gastos para no caer en la ruina.

Lo inadmisible es el chantaje. Y no otra cosa que un chantaje es un corte de carreteras para obtener una subvención.Si el Gobierno rebasa cierto límite, el aumento de precios es inevitable porque el Estado no contará con recursos suficientes para atender a todos.

Al corte de carreteras por los camioneros ha sucedido el del sector de la pesca; y los agricultores ya han avisado al Gobierno, diciéndole que si antes del 25 de Noviembre no les atiende, con nuevas subvenciones, cortarán las carreteras de toda España.

En la lista de espera están los carteros, los funcionarios de Justicia, los policías, los militares, los pensionistas y... ¿Nos veremos todos en las carreteras?

Tal vez fuera buen remedio, reducir sueldos y asignaciones a partidos políticos, sindicatos, comunidades autónomas, ayuntamientos y asociaciones con finalidad no muy clara.

Afortunadamente no estamos ante una catástrofe sangrienta, pero la economía del Estado tiene nubes amenazadoras. Cualquier persona, por pocos conocimientos de economía que tenga, puede verlo.

Perdonen mis posibles lectores, pero no he querido dar, con estas líneas, ninguna lección a nadie, porque se trata de principios económicos elementalísimos. Aunque, tal vez, le vinieran bien al Presidente Zapatero que no debió asimilar las lecciones de economía que le dio en tres tardes un colega suyo. Y, por eso, se sigue sonriendo.

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