Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Toros

Etiquetas:   Artículo taurino   -   Sección:   Toros

EL Cid, definitivo

Ignacio de Cossío
Ignacio de Cossío
miércoles, 3 de mayo de 2006, 23:25 h (CET)
Es un honor para cualquier aficionado esbozar brevemente la figura del matador de toros sevillano Manuel Jesús El Cid, premio “Al Sabor taurino 2005” por su pasado triunfo en la corrida de Victorino durante la última Feria de Abril de Sevilla, posiblemente la mejor y más completa corrida de la temporada del diestro saltereño.

Si el año pasado fue el torero revelación de la temporada por sus múltiples éxitos cosechados en Madrid, Nimes, Bilbao, Albacete, Dax, Bayona y Pontevedra, entre otros muchos; este año tras la corrida del Domingo de Resurrección, y en especial con aquella corrida de Victorino el jueves de preferia, ha sido donde se ha proclamado figura del toreo. Fue algo así como la crónica de una victoria anunciada.

Hoy muchos nos unimos felices al triunfo de Manuel Jesús, ya proclamado rey de la torería, pero lo que casi nadie cuenta, es que fueron muy pocos los que, como su familia e íntimos, creyeron y lucharon con él tras su alternativa venteña del año 2000. ¡Qué duro tuvieron que ser aquellos años del exilio en Madrid para El Cid, curtido en mil batallas por el Valle del Terror en las proximidades de la Capital de España!

Manuel Jesús El Cid, ejemplo de arte y superación, sabía que su momento llegaría algún día, pero lo que nunca imaginó es que iba a suceder en su tierra, después de los Bayona y Nimes gloriosos, y antes de aquel Madrid adoptivo y difícil.

Del destierro a la leyenda, de Cenicientos a la Puerta del Príncipe en un Domingo de Resurrección de azul marino y oro junto a Ponce y El Juli como testigos de excepción. La corrida de Victorino aguardó en los corrales la coronación once días más tarde. Y llegó la hora de la mejor izquierda del país vestida de tabaco y oro, sólo apto para catedráticos honoris causa por la Universidad de Salteras.

La afición sevillana y los suyos esperaban con ansia el golpe de timón, el relevo de los gallos, belmontes, chicuelos, vázquez, gonzález, Puertas, Caminos, romeros y espartacos en el estrellato del toreo. Era la forja del undécimo y último eslabón con aires de figura de la torería sevillana.

Salta al coso maestrante el número 184, de nombre Cobreño, hermano de aquel Muroalto indultado por Padilla este mismo año en San Sebastián. El Cid le espera capote abierto. El toro cárdeno llega muy pronto, humillando más por el izquierdo y las alarmas de los sueños se disparan. El toreo más clásico y puro de los años 50 y 60 volvía por arte de magia con la muleta adelantada de El Cid desde el centro del anillo a lo Camino, Antoñete y Aparicio. El maestro no duda, deja la muleta en la cara, aguanta la velocidad de las embestidas y comienza a enganchar al toro con los vuelos de la bamba por naturales hasta donde le dió de sí el brazo, sin esfuerzos aparentes, de manera natural.

Cobreño repite, humilla y no cede terreno ni vistosidad. Una, dos y tres series de naturales interminables, bajando las manos, acariciando las piernas que vienen al mundo de los toros en una época en la que ése concepto del toreo largo estaba perdido en pro del toreo de espejo, de medio muletazo, de torear con el palillo y no con la bamba, de fingidas poses que pretenden ser toreo.

El Cid rompe moldes y de manera atronadora sienta cátedra estoqueando al volapié.

Con el quinto, marcado con el número 146 en el costillar, de nombre “Veraranero” y familia de aquel otro “Veraniego” que matara El Tato en el Abril del 97, se produce la faena de mayor calado de la tarde. El toro era exigente, complicado, le costaba desplazarse, había que esperarlo y en muchas ocasiones se quedaba por debajo del percal. El Cid se cargó de valor, cambió de velocidad, lo templó despacio como se templa el aire y lo llevó a pulso más y más lejos cada vez.

Los muletazos no tenían fin, recuerdo un pase de pecho que el toro le apuntó al talón y El Cid ni se inmutó. Posiblemente haya sido el mejor y más largo pase de pecho que he visto en directo en mi vida de aficionado. Faena de series cortas pero de muletazos eternos, perdidos en el horizonte de la plaza como aquella segunda salida a hombros consecutiva acariciando las cadenas de Carlos IV y flotando sobre el Guadalquivir. Luego llegarían los triunfos de Madrid, Bilbao, Valencia, Santander, Barcelona, San Sebastián, Huelva, Burgos y Antequera entre otras Ferias.

Querido Manuel Jesús está en tu mano que Sevilla mantenga muchos años el cetro del toreo, y no olvides nunca que sólo tu fe en ti mismo y el arte, te llevaron al triunfo. Recibe este merecidísimo premio “Al sabor taurino 2005” por aquella inolvidable tarde en la que te consagraste como figura del toreo por la gracia de Dios.

Noticias relacionadas

Miguel Hernandez o la forja de un taurino

A Miguel

Don Juan Carlos disfruta de una tarde de toros en Las Ventas

El Palacio de Vistalegre (Madrid) volverá a acoger corridas de toros en 2017

Contrato renovado por un año

Taurinos presentan 20.000 firmas en el TC para que se resuelva el recurso contra la prohibición de los toros en Cataluña

Más de 10.000 taurinos se manifiestan en Valencia

La Feria de Fallas había movilizado en los últimos días a los antitaurinos
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris