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La vida en directo

Macarena López

sábado, 29 de octubre de 2005, 21:48 h (CET)
Todo tiene su fin... así dice una famosa canción española que todos o casi todos conocerán. Pero qué relativas son las frases a veces, y es que hay cosas que por más que queramos no terminan y Gran Hermano es el ejemplo vivo de lo que parece no tener un final. Ni a favor ni en contra me declararé del reality, pero se ven una cosas... que son dignas de expresar.

La vida en directo ha comenzado pues, con nuevos habitantes, nuevas sorpresas y nuevas pruebas, y esta vez todo gira en torno a la mentira y la desconfianza entre los concursantes.

¿Cuáles son los tópicos del concurso?: pues apuesto que quedan muy pocas semanas para que se produzca la primera pelea por un yogur azucarado de Danone que la rubita quería, pero el moreno, que tiene muy mala idea, por poner un ejemplo, le ha quitado, y comenzarán las riñas, las maldiciones internas y ese caos que todos conocemos. ¿Y qué me dicen de los porrazos en la mesa?: eso es algo muy típico en la casa de Guadalix de la Sierra. ¿Qué sería un Gran Hermano sin alguien que dijese: pues vete a tomar viento (por omitir otra palabra), y pega entonces un puñetazo en la mesa haciendo estremecer a cualquiera?, pues no sería nada, y eso este año tendrá que darse. Así dicen que es la convivencia, pero es que en este concurso se lo curran, parece que viven para pelear. Aclaro que me estoy adelantando a los acontecimientos, que tampoco podría hablarse de adelantar, es una previsión no muy profesional, pero más que acertada: si no hay peleas no hay nada, apago la tele y entonces, superindignada, me paso a otro canal, y creo que no tendría ni que decir lo que me encontraría haciendo zapping, de modo que no lo diré pues parece más que obvio viviendo donde vivimos, con la televisión que tenemos, pero en fin, sigamos recorriendo al programa en cuestión.

Esos llantos, esas tragedias amorosas, ese ‘no me quiere pero le conseguiré antes de que salga del concurso porque ese hombre, al que conozco de cinco días contados con los dedos de mi preciosa mano, es el de mi vida’, esos relatos en el confesionario, donde como actor de telenovela se lleva las manos a la cara y lagrimea rogándole a Dios que no le haga sentir lo que siente por ese hombre o esa mujer...Si es que son cosas que tienen que pasar.

¿Y el tabaco? ¡Qué de ‘follones’ se han montado por el vicio ese! Peleas, robos insospechados de un cigarrillo o los ruegos al Súper, al que no he visto la cara (yo por lo menos), para que le dieran un paquetito de Malboro.

Pero lo mejor no está en nada de esto, ni en el tabaco, ni en la comida, ni en el yogur azucarado que un moreno le quitará a una rubia....¡¡no!! Lo mejor es que Gran Hermano, pese a ser un programa basura, y no lo digo yo solo, da puestos de trabajo. Es impresionante, es como si el Ministerio de Trabajo hubiese hecho un pacto extraño, y todo el que sale ocupa un puesto en televisión. El problema es que no se puede criticar el caso en sí, porque en realidad sería un poco raro que periodistas recién salidos de la facultad criticaran el concurso, los índices de audiencia bajarían, y entonces más de un jefe en la cadena sufriría de un paro cardíaco.

En fin, GH 7 ha comenzado, millones de espectadores pegados a la pantalla para ver lo mismo de siempre, pero con caras distintas. La cuestión está en que mientras disfrutamos del concurso y nos decantamos por unos o por otros, al final los acabamos criticando porque ejercen de periodistas sin serlos. ¿El panorama de esta sociedad?: deprimente, qué pena no saber lo que se quiere.

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