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Etiquetas:   Ni éstos ni aquéllos  

El heredero y la maldición de La Beltraneja

Juan Pablo Mañueco
Juan Pablo Mañueco
jueves, 27 de octubre de 2005, 23:45 h (CET)
Ahora que el rey Juan Carlos va a tener su séptimo nieto, conviene recordar que simplemente se trata de eso, porque para adquirir rango de acontecimiento histórico tendrán que transcurrir no menos de 50 años, lo cual parece un plazo muy largo tanto para España como para la monarquía.

Además que, por algún motivo, he dado en pensar durante estos días en la maldición histórica que lanzó sobre sus sucesores Juana I de Castilla, mal llamada “la Beltraneja”, la cual es tan exacta que tiene todos los visos de cumplirse.

Recordarán que Juana, por buen nombre “la Enriqueña”, puesto que era hija legítima de Enrique IV, perdió su trono en una larga y cruenta guerra civil a manos de las huestes conjuntas de Isabel y Fernando, que por éste y otros méritos posteriores acabaron recibiendo el sobrenombre de “Católicos”.

Pues bien, la niña Juana, apenas con 11 años cuando se inició la guerra, después defender su trono a caballo en múltiples batallas hasta la final y decisiva de Toro (1476), tuvo que exiliarse a Portugal, donde moriría muchos años después (1530), no sin antes haberse permitido rechazar la petición de boda que le formuló Fernando el Católico, una vez viudo de Isabel (1504). Con lo cual demostraba las escasas dudas que tenía acerca de la estirpe regia de aquella niña a la que había destronado un cuarto de siglo antes.

Pero, ciñéndonos a lo que vamos, resulta que Juana, desde su exilio portugués, comenzó a ver los extraños por foráneos nombres que recibían sus continuadores en el trono: Felipe, Carlos... jamás antes usados por los reyes peninsulares. De ahí que apercibiera a las siguientes generaciones de dos cosas: una, que los monarcas que usaran tales nombres no eran españoles; y dos, la más importante y que ahora me ha venido a la mente: que algún rey que portara uno de esos dos nombres, o Carlos o Felipe, sería el último que se sentara sobre el trono que le habían usurpado.

Es posible que la “maldición de la Beltraneja” ya se haya cumplido: con Carlos II, el último de los Austrias, y efectivamente “hechizado” por alguien. Pero comoquiera que el primer Borbón también se llamó Felipe y que luego han seguido alternándose, cabe la posibilidad que el conjuro de Juana todavía busque cabeza coronada en quien consumarse.

Yo creo que Juan Carlos se libra ya del maleficio de su antecesora –aunque al ritmo que van las cosas, nunca se sabe–. Lo del heredero, Felipe, es más grave... Pero, sobre todo, que no le cuenten esta historia familiar al recién nacido, si quieren que concilie el sueño por las noches. ¡Y mucho tino y cuidado con el nombre!

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