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Etiquetas:   Artículo taurino   -   Sección:   Toros

Temporada torista

Ignacio de Cossío
Ignacio de Cossío
miércoles, 3 de mayo de 2006, 23:25 h (CET)
Expiró la Feria de Jaén y con ella la gran temporada española marcada a fuego y sangre por una excepcional cabaña brava. Las ganaderías sureñas, a consecuencia del mal de la Lengua azul, no pudieron lidiar en Francia en contraposición a las charras, que si aprovecharon gustosos las vacantes andaluzas.

Los hierros legendarios de Pablo Romero y Miura naufragaron estrepitosamente frente a las marcas más comerciales, bravas y encastadas de Cuvillo, Jandilla, Fuente Ymbro, Zalduendo, Torrestrella y Cebada, que marcaron la pauta en las mejores tardes dentro del panorama taurino español con envidia incluida de todas las ferias francesas que no vieron, a causa de la lengua azul, cumplir su sueño de ver lidiar en sus míticos cosos los hierros del sur de iberia.

En lo que a diestros se refiere la mayoría de los toreros del escalafón dieron un espectáculo mediocre a lo largo de la temporada en donde sólo destacó un conservador y muy torero Enrique Ponce; la confirmación en torero grande de Manuel Jesús El Cid; la grata realidad de Sebastián Castella, que se postula como figura a corto plazo; un digno y pundoronoso César Rincón; un cumplidor en Bilbao, Juli fallón en espadas y perdedor de batallas morantistas en Barcelona y Valencia.

El otro apunte más llamativo y que acompañó en parte su magnífica temporada en sus finales, corrió a cargo de El Cid, caído en Burgos y un Rincón en Valencia. El primero tras coronarse rey de la torería en plazas como las de Sevilla, Madrid y Bilbao con los difíciles Victorinos, seguramente mal aconsejado, decidió no exponerse más con dichos astados y acabó herido incongruentemente con los otros animales de supuesta clase y nobleza. El colombiano tras su paso firme por San Isidro le pesó sobremanera su estrés diario, su recién superada enfermedad y el peso insostenible de la edad hizo el resto ante tanto examen y ensayo, pese a su encomiable empeño, del que otros más jóvenes deberían aprender.

No soy de estadísticas pero tomen buena nota del enrarecido escalafón de este año a un El Fandi, maestro rehiletero encumbrado en los pueblos y respetado en las ciudades, mucho más centrado que en anteriores temporadas, sabiendo estar mejor en el sitio, y enormemente meritorio, proclamado vencedor con 107 corridas y 210 orejas junto a un desesperanzador Rivera Ordóñez, con numerosos festejos, pero sólo con dos escasos triunfos de veras en Jaén y La Coruña en una cómoda segunda posición con 77 corridas y 83 orejas; seguido en el tercer puesto del cajón de un Cordobés bullidor y amable con el pópulo de escaso paladar con 66 orejas y 141 orejas, casi todas en plazas muy menores. Con todo ello ya me dirán ustedes como esta España de afición.

Nombres esperanzadores como un Morante de la Puebla resucitado y encumbrado en cosos menores; un Miguel Ángel Perera salvado in extremis por la Feria de Otoño; un César Jiménez, regular y vetado por empresarios mafiosos en ferias de relumbrón; un Serafín Marín reivindicativo con aires de rumba catalana lleno fortuitos altibajos; un Salvador Vega, inédito y huidizo de compromisos serios; un Javier Conde místico y caprichoso; un Matías Tejela, muy acelerado y las revelaciones de un Salvador Cortés renovado y de otra dimensión en Soria y Cayetano- con enorme futuro si aprovecha bien sus primeras oportunidades- pletórico en Bilbao y Zaragoza con los bombones de Zalduendo y Daniel Ruíz, nos atisban grandes triunfos en la próxima temporada mientras Méjico, Venezuela, Perú, Ecuador y Colombia nos aguardan.

Es normal cuando los toros imponen la ley de la sangre muchos son los que dan un paso atrás llegado el momento. En esta ocasión todos fueron humanos menos el francés de Beziers y el madrileño de Velilla que aguantaron el pulso cambiante de la temporada bajo el mando de sus látigos hechos de una pasta del olimpo del toreo. Que no se equivoque El Cid no se deje influenciar, que sea él y no tema batirse con adversarios de todos los encastes como hasta ahora había hecho, pues así no tendrá rival de peso, pues nadie engancha a los toros como los engancha él, de principio a fin, como debe ser el toreo, desde Castellón hasta Jaén. Y el que quiera seguirle que pase por el aro del verdadero arte y valor de una figura del toreo.

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