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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

La reivindicación de los asalariados del TNC

Nestor Estebenz Nogal
Redacción
jueves, 27 de octubre de 2005, 00:40 h (CET)
Los empleados del TNC, el centro emblemático de cultura de la Generalitat Catalana repartieron discretamente una octavilla en versión sofisticada a las personas que asistíamos como público a una de las representaciones la de Lope de Vega Castigo sin Venganza. Su deferencia discreta fue tanta que no me enteré del contenido hasta unos días después.

El texto nos informaba de la política de empleo de la casa de las columnas que en resumen consiste en mantener contratos de larga duración sin asegurar trabajo fijo a sus empleados. Pasado el máximo periodo legal posible renovaron los acomodadores y demás asalariados para no tener que pagar más derechos a los antiguos y seguir costeando a la nueva hornada con salarios menores. La octavilla objetaba estas tácticas propias de la patronal más baja chocando con la imagen pública del Teatre Nacional. Es una paradoja, decía, que en un lugar donde se representan obras de alto contenido político y reivindicativo, Calígula, Fuenteovejuna pueda caer en estas bajezas y humillaciones.

Lamentablemente el TNC parece actuar dentro del marco legal establecido y el problema no es el de una política salarial y contratacionista de empresa errónea sino de un sistema económico-social en su conjunto tarado. Hoy la sociedad se vale de una población flotante laboral sin trabajo fijo, algo que por cierto tiene muy olvidada la privilegiada población trabajadora que sí lo tiene. La reivindicación de empleo fijo siendo legítima y justa no rompe los marcos sindicalistas que desea asegurar el puesto de trabajo gremial o sectorial o local o concreto olvidando los cambios pendientes de política de estado y de concepción del mundo obrero en general.

El grito de guerra final del texto informativo evocaba el grito de Fuenteovejuna todos a una, olvidando que la inquisición llegó a torturar 300 de sus ciudadanos sin conseguir que los unos se incriminaran a los otros, algo absolutamente impensable para situaciones de conflictos y para los empleados de hoy en día dispuesto a vender, no todos claro, al camarada más próximo a cambio de un plato de lentejas (léase un puesto de trabajo fijo).

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