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Resumen de la temporada en La Maestranza
Ignacio de Cossío
Tras unos últimos años en los que los festejos en el coso maestrante cayeron el más puro ostracismo artístico de la temporada española, Sevilla durante la presente campaña-casi en exclusividad durante su feria de abril-, ha recuperado de nuevo su lugar de privilegio de antaño entre los grandes circuitos nacionales. Desgraciadamente no podemos afirmar lo mismo sobre el resto del abono sevillano que se despidió de manera discreta a la que se añadieron serios lunares de suspensión.
En la feria embistieron más los toros que los toreros como se decía antiguamente. Uno de los escasos diestros que estuvieron a la altura de las circunstancias fue Manuel Jesús "El Cid" que supo aprovechar la gran labor de los reconocimientos previos acaecidos en el campo por parte de la autoridad, para proclamarse figura del toreo. Por tanto éxito ganadero con un máximo culpable de fondo, la autoridad, que sí dejó lidiar esta feria lo que el ganadero seleccionó para el festejo, algo clave y decisivo de veras.
Los toros no es que fueran buenos sin más, sino que casi en su totalidad resultaron de bandera ¿Verdad “Virtuoso” de Jandilla, “Pantomima”y “Gamberro” de Cuvillo, “Espada” de Palha, “Mísero” de Victorino “Alicates” de Parladé, “Furioso” de Torrealta y ”Ojos negros” de Torrestrella? Ellos fueron los auténticos galácticos de bandera que puso de manifiesto el flojo nivel del escalafón de matadores, dejándolos en evidencia salvo algún nombre muy puntual, gracias a un perfecto arbitraje por parte de la autoridad.
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