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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

La neoliberalidad, el origen perdido

Santi Benítez
Santi Benítez
jueves, 27 de octubre de 2005, 00:40 h (CET)
Leí hace algún tiempo, no recuerdo dónde, que los padres de las teorías liberales se remontaban a la escolástica. Tiempo después alguien, de uno de esos blogs rimbombantes de la liberalidad, me dijo que partir de la base de que el ser humano es básicamente bueno era la demostración práctica de lo equivocado del planteamiento progresista o de izquierdas.

Esto es una contradicción en si misma. Es decir, si el origen de las teorías liberales es la escolástica, osea, de origen cristiano, o lo que es lo mismo, basada en el principio del amor al prójimo, es imposible que esté reñida con la idea de que el ser humano es, básicamente bueno. Teniendo en cuenta que esa tan cacareada defensa de los valores occidentales y cristianos pasa a través de la visión neoliberal del mundo, eso es una tremenda falacia.

Viendo que la escolástica no podía ser el origen de las ideas neoliberales me he ido a buscar en los orígenes del pensamiento occidental aquellos que sí representan, de forma mucho más clara, lo que hoy día ha llegado a ser el neoliberalismo. Y aunque parezca increíble los he encontrado en el pensamiento griego.

Es más, yo diría que el primer neoliberal fue, si tenemos que hacerle caso a Diógenes Laercio y yo creo que si, Bias de Priene, el cual, estando en una reunión con varios sabios de la época en el Oráculo de Apolo, en Delfos, fue conminado, tal y como habían hecho el resto, a poner un inscripción a golpe de cincel que quedaría para la posteridad en la entrada.

Quilón de Esparta escribió en lo alto de la puerta “Conócete a ti mismo”. Cleóbulo y Periandrio, uno a la derecha y el otro a la izquierda, escribieron “Optima es la medida” y “La cosa más bella del mundo es la tranquilidad”. Solón, siempre modesto, eligió una esquinita y puso “Aprende a obedecer y aprenderás a mandar”. Tales eligió un lugar que fuera visible para todos los peregrinos que se acercaran al Oráculo y grabó en la piedra “Acuérdate de los amigos”. Pitáco, excéntrico hasta la médula, cinceló un enigmático “Devuelve el depósito”.

Llegado el turno a Bías este se hizo el remolón. Dicen las malas lenguas que no le hacia ninguna gracia eso de tener que usar un cincel, de todos era conocida su animadversión por los trabajos manuales. El resto de sabios lo increpó hasta que, finalmente, en el suelo para no tener que trastear mucho con el cincel, escribió “La mayoría de los hombres es mala”.

Históricamente, a Bias le sigue Jenofonte, un neoliberal entre cuyas obras fue encontrado un libelo fechado en el siglo V a.c. titulado “La democracia como violencia”. Un coloquio imaginario entre dos ciudadanos que comentan, con la mala leche característica, el nuevo régimen democrático instaurado en Atenas al más puro estilo ‘Cartas de amor entre Kissinger y Pinochet”.

Dice uno de ellos “(...) en los mejores hay el mínimo de desenfreno y de injusticia, y el máximo de inclinación al bien; mientras que en el pueblo hay el máximo de ignorancia, de desorden y de maldad, en cuanto que la pobreza les empuja a la ignominia, así como la falta de educación y tosquedad que, en algunos casos, nacen de la indigencia (...)”. Rematando tal disertación con “(...) aún careciendo de orígenes populares eligen obrar en una ciudad gobernada por el pueblo, antes que por los mejores, porque son sabedores de poder disfrazar su propia bellaquería en un ambiente democrático que en uno oligárquico (...)”. El texto sigue con el consabido discurso neoliberal que tanto leemos sobre el menosprecio a los capaces por parte de las clases populares.

El siguiente fue Heráclito. Hay que decir, para describir medianamente al muchacho, que era un aristócrata que presumía de intelectual, es decir, un snob.

Las frases que le han hecho célebre pasan por “Son muchos los de ínfima clase, pocos los que valen.”, “La mayoría sólo piensa en saciarse, como una manada de animales” (esta frase es muy fácil de decir por alguien que comía caliente todos los días).

Para mi que yo he leído cosas muy parecidas hace muy poco...

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