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Afiliados al FC Barcelona

Eduardo Cassano
Eduardo Cassano
@EduardoCassano
miércoles, 26 de octubre de 2005, 00:37 h (CET)
Todo aficionado al fútbol ya sabía que el Barça es más que un club, pero ahora sabe que además es política. Antes de la llegada de Joan Laporta a la presidencia, el Barça era sólo fútbol y la única política era la exclusiva rivalidad contra el blanco merengue del Madrid, y punto.

Ahora no. Desde que tenemos a Laporta, el equipo se ha politizado en exceso, se ha impuesto la norma de catalanizar por decreto (ups!) a todo extranjero que llegue al club y se han acercado posturas con la Generalitat, más allá del ámbito estrictamente deportivo.

El pasado jueves, Alejandro Echevarría dimitió como máximo responsable de seguridad tras la presión mediática a la que fue sometido. Al cuñado de Laporta se le ha relacionado con la Fundación Francisco Franco, y tras negarlo en reiteradas ocasiones tanto él como Laporta, al final se ha descubierto la verdad.

Y es que el ambiente de tranquilidad y deportividad que reinaba el año pasado en Can Barça se ha truncado esta temporada. Primero, por la relajación de algunos jugadores con el futuro asegurado hasta el 2010. Después, con la tormenta política que está cayendo en Cataluña en plena sequía nacional.

Tras la pancarta desplegada el pasado sábado en el Camp Nou, el diluvio ha sido importante. Desde Valencia no se han hecho esperar las críticas hacía Laporta, desde Jaime Ortí, ex presidente del Valencia, Esteban González Pons, portavoz del Consell valenciano y Fernando Giner, Presidente de la Diputación de Valencia. Todos ellos han mostrado su malestar por la aparición de la Comunidad Valenciana dentro de la pancarta de los Països Catalans y exigen una explicación y su correspondiente disculpa.

El más ofendido de todos ellos ha sido Esteban González Pons, quién declaró textualmente que 'el deporte no puede utilizarse para ofender los sentimientos de ningún pueblo ni para hacer propaganda política del catalanismo fascista'. Las palabras, comparadas con la época de Hitler, pueden sonar un poco fuertes… pero tiene toda la razón del mundo. El fútbol y la política siempre han ido un poco unidos, no es ningún secreto, pero ya se están rozando unos límites peligrosos.

Hay muchísimos aficionados del Barça por todo el mundo, gente que no sabe catalán ni tiene la necesidad de aprenderlo, gente que no tiene motivos para identificarse con Cataluña, sólo es gente que disfruta con el buen fútbol que históricamente nos ha ofrecido el Barça, gracias a los mejores jugadores de nivel mundial que han venido aquí.

Tengo la impresión de que Laporta, al igual que ya ha hecho Maragall con su gobierno, está perdiendo un poco los papeles del club desde la marcha de Sandro Rosell. Anunció un acuerdo inexistente con China para llevar publicidad en la camiseta, bebió de la misma copa de algunos jugadores tras ganar la Liga y tras la resaca, en el colmo de la originalidad y el ingenio empresarial, se le ocurrió plantear a los socios la posibilidad de contratar servicios funerarios dentro del Camp Nou.

Quizás ya tenga plaza reservada Maragall, a quién ya le están buscando sustituto dentro de su partido de cara a las próximas elecciones catalanas. A Laporta, le puede ocurrir lo mismo en breve si continúa apostando más por la vía política dentro del club, algo que no agrada a los miles de socios que sólo identifican al Barça como un equipo de fútbol, su mejor equipo. Ya lo dicen muchos entendidos en esto del fútbol y no les falta razón cuando opinan que Laporta se está cavando su propia tumba… dentro del Camp Nou, por supuesto.

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