Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Etiquetas:   Las plumas y los tinteros   -   Sección:   Opinión

Este proyecto de Estatuto (y III)

Daniel Tercero
Daniel Tercero
miércoles, 26 de octubre de 2005, 00:37 h (CET)
En ocasiones, a lo largo de la historia la vida real y cotidiana se interpretó por los pendolistas oficiales. Esto, interpretar, es de agradecer ya que si se intentase plasmar la realidad en los textos tal y como es no serían accesibles para los conciudadanos de aquéllos. Ahora bien, la interpretación desvirtúa la verdad de los acontecimientos y los hechos. En España actualmente, mucho más en Cataluña en concreto, existe un gran número de interpretadores de la realidad, de desvirtuadores de la vida cotidiana, y lo que es peor, tergiversadores que interpretan las leyes que nos rigen a todos según les convenga.

Es triste pero cabe recordar algunas de las grandes mentiras que los traductores del proyecto estatutario de Cataluña están lanzando a la arena civil con toda tranquilidad, y que se han generalizado, y mencionado tanto, que ya no sólo los separatistas catalanes, vascos o gallegos defienden sino que últimamente escuchamos a castellano-leoneses, asturianos, cántabros o andaluces, por ejemplo, creer esta cantidad de farsas. A saber. La Nación española no es la suma de las comunidades autónomas que la forman, como tampoco la suma de las provincias o los municipios, ni tampoco la suma de estos tres grados de la administración. La Nación española es la suma de cada uno de los ciudadanos que la componen y recae la soberanía en ellos de manera irrenunciable. Los impuestos no los pagan las instituciones o administraciones intermedias o finales, es decir, autonomías, diputaciones, consejos comarcales o ayuntamientos. Las arcas de la Hacienda pública se sustentan por los impuestos de los ciudadanos –uno a uno- y por los impuestos de las empresas. No puede existir la tan cacareada solidaridad entre regiones, al menos económicamente hablando, ya que las comunidades autónomas no pagan impuestos –a excepción del cupo vasco y navarro, como bien especifica la Constitución (CE)-. Nación, así con estas seis letras, sólo existe una reconocida en la CE que es la española. Regiones y nacionalidades varias, por cierto, sin concretar cuáles son regiones y cuáles son nacionalidades, pero todas son comunidades autónomas. Se repite una y otra vez que los derechos históricos de los catalanes han de prevalecer o verse compensados en el Estatuto. ¿Derechos históricos? ¿Cuáles? Los de la primera ciudad, Cádiz. Los derechos de la Mérida romana, tal vez. Los derechos de los musulmanes que agraviados por las sucesivas expulsiones durante la Historia pueden reclamar ahora tener el control impositivo de media península Ibérica, cuando no toda entera. Los derechos históricos de la capital toledana, tal vez. O de Valladolid, que también fue capital del reino. ¿A qué derechos se refieren los pendolistas del siglo XXI? ¿A qué están jugando?

Este proyecto de Estatuto, que a partir del próximo dos de noviembre se empieza a debatir en el Congreso de los Diputados, es disparatado desde el preámbulo hasta la última disposición final. No tiene encaje alguno en la CE y, por si esto no fuera suficiente, las encuestas de opinión –todas- reflejan la desemejanza entre la clase política catalana y la sociedad que rigen, acentuada desde que se aprobó el proyecto. Les ruego que lo lean. Sé que este ruego dentro del ambiente que nos rodea, tan onanista y donde el metal más preciado se llama tiempo, va a caer en saco roto –sobre todo cuando la lectura debe ir acompañada de otra en paralelo de la CE-, pero no será por no decirlo y repetirlo, incluso a voces. ¡Lean!

Ya lo dijo un eurodiputado catalán sacrificado por Aznar, en 1996, para que este se subiese a la poltrona con los votos que el nacionalismo catalán tenía en el Parlamento: lean el proyecto de Estatuto, denlo a conocer, envíenlo a sus parientes, que los vecinos se enteren de la aberración que se ha aprobado en el Parlamento catalán… Será así, y sólo así, cuando la ciudadanía catalana se dé cuenta de la traición que sus funcionarios más selectos han firmado en su nombre.

El que quiera cambiar las reglas de juego –entiéndase CE o estatutos de autonomía- debe seguir el proceso legal que para eso se aprobó, para que se cumpliese. Es decir, que si este proyecto de Estatuto catalán no se aprueba en el Parlamento nacional no ocurrirá nada más que la aplicación de las normas establecidas. Ya ocurrió, no hace mucho, algo parecido con el llamado Plan Ibarretxe, se denegó en el Congreso de los Diputados porque no tenía encaje posible con la CE. O aplicamos ésta CE o aprobamos el Estatuto –tras reformar aquélla, claro-, pero Constitución española y este proyecto de Estatuto para Cataluña son totalmente incompatibles.

Noticias relacionadas

Por fin

Ya era hora. Por fin han valorado el buen hacer de los malagueños

La dictadura de Amazon

Nueva York y Virginia serás las dos ubicaciones de la sede

De idiotikos y politikois

En la antigua Grecia los asuntos de Estado concernían a todos los habitantes de la “polis”

La vieja heroína del barrio

La Policía da la alarma, y varias instituciones que combaten la drogadicción y asociaciones vecinales lo corroboran: la heroína ha llegado de nuevo a los barrios

Marx y los vacíos por colmar

El marxismo-leninismo malogró, y continúa haciéndolo, todo cuanto de acertado propusiera Marx
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris