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Etiquetas:   Y digo yo...   -   Sección:   Opinión

Casi, pero no

Jordi Martínez Aznar

lunes, 24 de octubre de 2005, 23:36 h (CET)
Cada vez falta menos para el momento en el que seremos uno más en la familia. Hace justamente una semana, Doña Letizia, conocida por muchos y de manera cariñosa como Leti, tuvo sus primeras contracciones, teniendo que ir a toda prisa y en plena noche a la clínica. Como era de prever, decenas de periodistas esperaban a la pareja en el exterior del recinto hospitalario, hambrientos de noticia y con sus teléfonos móviles preparados por si había que dar el notición del año. Qué digo del año, de la década. Ya no digo del siglo porque quizás sería pasarme un poco.

Pero al final, nada de nada. Bueno, eso de nada es algo inexacto: hubo exactamente una decepción generalizada en muchas partes del país, muchos de cuyos habitantes están ansiosos, nerviosos y demás adjetivos acabados en -osos, ante la inminente llegada del futuro heredero de la Corona, cuyo sexo, según pude escuchar hace algunos días en una emisora de radio, desde la clínica Rúber alguien ha chivado que será niño. Razón por la que los monárquicos más convencidos no tendrán que preocuparse, ya que eso significará que no tendrá que cambiarse la norma que dice que, en la línea sucesoria, primero van los hombres y luego las mujeres.

Lo que me temo es que cuando llegue el día vamos a tener niño (o niña) hasta en la sopa. Cabría preguntarse, teniendo en cuenta que será el primer nacimiento de un heredero en territorio español en casi 40 años, cuánto tardarán en llegar a las librerías los correspondientes libros sobre los nacimientos reales en España y temáticas similares, porque no publicará solamente uno, sino que nos llegarán en gran número, tal y como suele pasar con los grandes acontecimientos, ya que cada cual querrá tener su rincón para opinar, inclusive aquellos que se dedican a hablar mucho para acabar no diciendo nada.

Como no, y por si no teníamos suficiente, también se nos informará de manera casi continuada acerca de todos los datos imaginables acerca de los últimos meses de la vida de la pareja y, a falta de imágenes en directo del parto y sus momentos posteriores, se nos mostrarán infinidad de imágenes vistas mil y una veces. Desde el día en que Don Felipe pidió la mano de Doña Letizia hasta las de la Princesa embarazada, pasando por las mil y una historias y anécdotas que han vivido la feliz pareja.

En lo que a mí respecta, y si quieren que les sea sincero, tengo que reconocer que me importa bien poco si acaba siendo niño o niña; si nacerá dentro de las fechas previstas o les fastidiará los cálculos a los médicos; si quien nazca será el siguiente o no en la línea sucesoria o no, etc. Razones por las que no gastaré demasiadas energías en escuchar o leer las noticias que se publiquen a lo largo de las próximas semanas. Simplemente, me limitaré a interesarme por si todo ha ido bien y poco más.

Pero entiendo que hay mucha gente a que estos temas les interesan y les gusta estar pendientes de estas cosas, y a esas personas irán dirigidas las decenas de tertulias que se harán próximamente. Tertulias en las que participarán los intelectuales más sesudos junto con los principales monárquicos del país. Lo único que pido es que, cuando se produzca el nacimiento, no dediquen las 24 horas del día el descendiente real, ya que en parte de este país hay otras noticias que nos merecen igual atención.

En fin, para que no se me tache de antipático o antimonárquico radical, no querría acabar este artículo sin dedicar a la pareja una frase que se destila bastante en México: Ojalá que os vaya bonito.

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