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La batuta de Carod

Pascual Falces
Pascual Falces
lunes, 24 de octubre de 2005, 23:36 h (CET)
En este desafinado y charanguero concierto que está proporcionando la “clase” política a un país afanado en sus quehaceres, destaca el talento de Carod Rovira. Es quien “gobierna” todo el desgobierno, e intenta, por todos los medios, que no se le vaya de la mano la comparsa. Se dice que el burro toca la flauta por casualidad, y rara vez... ¿cuándo se va a encontrar otra vez con la oportunidad que le han puesto delante unos resultados electorales que le permiten controlar el gobierno regional de Cataluña, y, desde allí, el nacional? Tal vez algunos lectores se molestarán con estas dos precisiones: gobierno regional catalán, y nacional, de Madrid; no porque sea Madrid, sino porque desde hace siglos es la capital de España, y sede del gobierno de la nación por voluntad regia desde los Austrias.

Ayer mismo, hizo un intento de reconducir algo que percibe no va según sus planes, tanto, que ha sacado las uñitas, y requiere de Rodríguez Zapatero un gesto más taxativo, literalmente, y, que en el Diccionario se puntualiza este término como: “Que limita, circunscribe y reduce un caso a determinadas circunstancias; Que no admite discusión”. Más claro, imposible. Así de taxativamente se ha expresado. La pregunta inmediata, es ¿hasta cuando tolerará las cosas como están? Tiene su plan trazado con esmero, ya se le ha reconocido en esta misma columna como uno de los más esclarecidos y famosos cazurros aragoneses, que así ha de considerársele aunque sus progenitores se fueran a vivir en Cataluña, como tantos otros del interior.

También ha hecho gestos, simultáneamente, para calmar al personal de su demarcación electoral, Cataluña. El “estatut” sólo busca el bienestar de los ciudadanos –lo de "Estic fins els collons de l'Estatut" debe estar siendo muy mentado-, y hasta ha querido tranquilizar a la burguesía empresarial catalana con un mensaje de confianza y seguridad. Está claro, mantener la confianza en su programa, y maniobrar con habilidad en la Moncloa para que no se rompa el sedal. Un talento natural el de este hombre. Las elecciones se anticiparán cuando a él le convenga, y mientras tanto, deja que Zapatero disfrute del complejo presidencial, creyéndose “el rey (rojo) del mambo”. Tampoco tiene, éste, talento para más, ni se lo suministran desde detrás del telón. La época zapateril no es propiamente la suya, a diferencia de la de González, históricamente vinculada a la corrupción, sino la que le conviene, cada nuevo día, a José Luis Carod.

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