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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Sembradores de odio

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 24 de octubre de 2005, 00:35 h (CET)
Últimamente en mis sueños a menudo suele aparecer esa pintura tenebrosa de Goya donde se ve a dos ciudadanos, hundidos en tierra hasta las rodillas, atizándose mutuamente con sendos garrotes. Tal vez mi subconsciente me avisa en esos ratos de descanso nocturno de cual es la situación actual que estamos viviendo en este país llamado España. Desde infinidad de medios de comunicación se está atizando de nuevo el fuego de la discordia y el odio al contrario. Pocas son las voces que llaman al dialogo y muchas las que incitan a la pelea. Y todo porque los representantes de una inmensa mayoría del pueblo catalán han decidido que su Estatut está anticuado y quieren tener una nueva norma que defina sus relaciones con el Estado español. Nada nuevo bajo el Sol. Estos días he estado consultando diversos textos sobre el Estatut aprobado durante la Republica y también entonces sucedió lo mismo. El nacionalismo español lanzó todas sus baterías contra Catalunya encabezado por José Antonio Primo de Ribera y su obsesión por hacer de España “una unidad de destino en lo universal”, y ya se sabe que este señoriíto fascista era poco amigo del dialogo, él estaba a favor de la “dialéctica de los puños y las pistolas”.

Afortunadamente en estos tiempos actuales no hemos llegado a la dialéctica gansteril de las armas, pero los puños ya han salido a relucir. A principios de semana el Ayuntamiento de la localidad de Getafe 165.000 habitantes- convocó un pleno extraordinario, a propuesta del Partido Popular, para debatir si el Estatut catalán debía ser tenido en cuenta en las Cortes españolas o bien sus señorías debían lanzarlo a lo más profundo de las tinieblas por ser acreedor de un delito de lesa patria. La cosa terminó en algarada y puñetazos. Seguramente en Getafe no hay paro, sobran las viviendas, sus ciudadanos disponen de estupendas zonas verdes, la prostitución es algo que no conocen y sus transportes son estupendos. Por eso sus ediles populares tienen que entretenerse con algo y lo hacen con el Estatut, y de paso se sirven del mismo para darle una patada en el trasero a los socialistas. Días más tarde Esperanza Aguirre convocó con el mismo fin a los representantes de los madrileños. Tampoco deben existir problemas importantes en la Comunidad de Madrid y hay que tener entretenidas a sus señorías. Aquí no se llegó a las manos pero un buen número de diputados del PSO e IU abandonaron el hemiciclo visiblemente molestos con las pretensiones y las intervenciones de las señorías populares.

Los perros de presa cuando hacen carne no la sueltan. Y el Partido Popular ha hecho presa, y fuerte, en el Estatut. No les importa el enfrentar a unos españoles con otros, su único interés estriba en derribar al PSOE del Gobierno. Y firmemente acompañados por un coro de voceros mediáticos, las sotanas preconciliares añorantes de pasear a un dictador bajo palio, y las camisas azules- ahora descoloridas- de jóvenes que añoran tiempos que no conocieron más que por los relatos de sus padres y abuelos situados en el poder se lanzan día a día a espolear el odio y poner en marcha el ventilador de la mierda sobre todo lo que huela a democracia y catalán. Rajoy habló, a principios del curso político, de mirar hacia el futuro pero la verdad es que sus últimos actos y declaraciones demuestran que sigue siendo un añorante del pasado.

Con todo esto estamos llegando a un punto donde el dialogo se puede convertir en una conversación entre sordos, pero sordos voluntarios. Si unos y otros se empecinan en no llegar a acuerdos y sacar adelante un Estatut que colme en parte las aspiraciones de los catalanes la fractura social estará servida. El Partido Popular tal vez pueda así ganar las próximas elecciones generales, pero habrá cavado su tumba en Catalunya y los partidos nacionalistas catalanes saldrán fortalecidos y beneficiados con la negativa del resto de España a que puedan tener sus propias leyes dentro de la Constitución. Y aunque por todos los sitios y tertulias lo que parece escocer es el termino “nación”-recuerden que la Constitución ya habla de nacionalidades- lo que en verdad es cuestión de discrepancia es, como todo en la vida, la cuestión económica. Unos y otros quieren quedarse con la gallina. Desde Madrid quieren ser los administradores de la gallina catalana y devolver a los catalanes los huevos que les sobren, los catalanes, lógicamente, desean administrar su propia gallina y una vez repartidos los huevos necesarios dar, solidariamente, al resto los que hayan sobrado. Se hizo mal en su día la Constitución, a la que, por cierto, proponía votar no ese mago de la política que es Aznar, y ahora estamos pagando las consecuencias de una transición donde la izquierda se entregó con armas y bagajes, como suele decirse, al franquismo sociológico y político que entonces imperaba. Pero de la transición escribiré otro día.

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