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Cumpleaños ¿feliz?
Eduardo Cassano
La canción del “cumpleaños feliz” es repetitiva pero sobretodo, absurda, ya que a ciertas edades resulta más absurdo celebrar el cumpleaños con motivo de alegría y satisfacción cuando en realidad uno no se alegra al cumplir años. Entonces se opta por una celebración más tranquila, lejos de la borrachera de turno y su posterior resaca.
Esa edad es como la fecha de caducidad de nuestra inocencia, el comienzo de aquello para lo que esperabas toda la juventud y ahora desearías olvidarlo, para volver a ser aquel niño que entonces soñaba con ser mayor.
No es que ya me considere un viejo ni mucho menos, hoy cumplo 26 años pero ya es una cifra a considerar. Estoy justo entre las canas y los piojos, más cerca de la responsabilidad de los 30 que los sueños de los 20. Al fin y al cabo, la edad ideal para ser muy mayor para algunos y todavía pequeño para otros…
El caso es que ni de pequeño me gustaban demasiado las fiestas de cumpleaños, exceptuando el momento de los regalos por supuesto. Recuerdo con cariño a mi abuelo, hace ya muchos años, cuando en los cumpleaños me decía “¿ya tendrás alguna novia verdad?”, a lo que siempre me ponía rojo y me enfadaba… ¡a quién no le han hecho la misma pregunta! Hoy le respondería que sí tengo novia, y es sin duda el mejor regalo del año, posiblemente también de los 26 cumpleaños.
Lo bueno de los cumpleaños es que sirven para diferenciar de entre las amistades, a los verdaderos amigos. Se les reconoce porque primer lugar, se acuerdan de la fecha, algo que a uno siempre le gusta aunque no siempre venga acompañado de un regalo. Después está el amigo que además de acordarse, reúne a los amigos y te organizan una fiesta, con su pastel, postal firmada, los detalles, etc. Y luego está el amigo que te conoce desde hace años y que dos días antes del cumpleaños te dice puntualmente cada año la misma frase “oye, tu cumpleaños es ahora a finales de mes o el próximo verdad?” Y claro, le respondes afirmativamente con la cabeza recordando la fecha del suyo, ya tienes pensado su regalo: una agenda.
En fin, lo mejor de los cumpleaños (y lo peor) es ver como pasa el tiempo en las fotos, en los textos que escribo y en la vida que vivo. Afortunadamente, y por fin, puedo celebrar un cumpleaños como siempre había deseado. Tengo el amor y cariño de Nerea, la niña de mis ojos, un libro escrito y a punto de salir a la venta, un concierto de Joaquín Sabina a la vuelta de la esquina y salud, sobretodo salud… para mí y para mí madre, después de algunos meses de incertidumbre. ¿Qué más se puede pedir? Os regalo las corbatas, calcetines, etc.
Para terminar, quiero dedicarle un brindis sin rimas consonantes a las viejas amistades, con la canción “Jugar por jugar” de Joaquín Sabina de fondo y decir que: “Gracias a todos los amigos, a los que os habéis acordado de mí cumpleaños y a los que no, de todos he aprendido algo, pero sobretodo gracias a los nuevos amigos que he ido conociendo por los foros, intercambiando nuestra afición al arte de escribir”.
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