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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

España no debería ser representada por quienes la detestan

G.Piqué en la Selección Nacional y Alfred García en el Festival de Eurovisión, dos muestras de cómo los intereses económicos y los objetivos artísticos o deportivos se ponen por encima del honor de la nación
Miguel Massanet
martes, 6 de febrero de 2018, 07:23 h (CET)

En ocasiones nos cuesta llegar a asimilar el errático comportamiento de nuestras autoridades, de quienes tienen la misión de representar al pueblo español y de hacer que se respeten, por encima de todo, los valores patrios, constitucionales, nacionales, simbólicos, institucionales juntamente con este sentimiento colectivo por el que, un pueblo, se siente firmemente unido e identificado bajo el imperio de unas normas, costumbres y tradiciones comunes, con todos aquellos con los que ha estado hermanado, bajo una sola dirección, durante siglos; compartiendo sentimientos de unidad y coparticipando solidariamente de sus victorias y fracasos a través de la historia. Nos duele que nuestros gobernantes, que dicen defender los tradicionales valores de la derecha y que se sienten identificados, al menos de boquilla, con aquellos principios de unidad, solidaridad, mantenimiento del orden, defensa de la propiedad privada, valores cristianos y defensa de la vida; parece que se sienten más atraídos por sus ansias de mantenerse en el poder, cueste lo que cueste, que en defender con la intensidad con la que lo hicieron sus antecesores en el partido, aquellos principios irrenunciables que han venido manteniendo durante años y que han sido el santo y seña de los partidos conservadores españoles, ante los intentos de las izquierdas de implantar el tipo de Estado interventor, nacionalizador, fiscalizador y partidario del aumento y elevación de los impuestos, como un medio de recaudar aquellos caudales que requieren sus macro proyectos socializantes, sin tener en cuenta los desastrosos resultados que, la implantación de sistemas intervencionistas semejantes, han venido causando en aquellas naciones que se prestaron a tal tipo de ensayos que, por desgracia, siempre han acabado convertidas en repúblicas totalitarias bajo la tiranía de un dictador y de su grupo de colaboradores, dedicados a enriquecerse a costa de la miseria y empobrecimiento del pueblo que confió en ellos; esperando que los sacarían de lo que consideraban que era un capitalismo egoísta y explotador, a pesar de que les daba la oportunidad de mejorar de estatus siempre que se esforzasen, pusieran su empeño en ello y se prepararan convenientemente para aquellas tareas que exigían una instrucción mejor.


Todos somos conocedores de la amarga experiencia por la que está pasando nuestra nación, cuando se ha tenido que enfrentar a un nacionalismo exacerbado, excluyente, adoctrinador y lleno de odio hacia España y los españoles y que, cuando han considerado que había llegado la ocasión y animados por la impunidad con la que pudieron iniciar sus primeros pasos para adoctrinar a los catalanes, hacerse con la formación de las nuevas generaciones de catalanes a las que consiguieron inculcar sentimientos de rechazo hacia el Estado español, tergiversando la historia y mintiendo respecto a la actitud del resto de ciudadanos españoles frente a Cataluña, calificándolos de aprovechados y causantes de las dificultades del pueblo catalán debidas, según ellos, a las “excesivas aportaciones” que les exigían a los catalanes para repartir entre el resto de españoles lo que obligaba al pueblo catalán a tener que soportar sobre sí una “injusta y abusiva” carga en beneficio del resto de españoles “holgazanes” que se habían acostumbrado a vivir “sin dar golpe”.


El Gobierno y los partidos políticos que han tenido que bregar con la rebelión catalana, han demostrado no estar a la altura de las circunstancias permitiendo que el problema catalán adquiriera unas dimensiones tales que, cuando se han querido neutralizar, se han visto obligados a usar el Artº 155 de la Constitución con el que, a duras penas, han conseguido parar la primera embestida separatista, sin que haya quedado claro lo que va a suceder en adelante ante la actitud obstruccionista y remarcadamente nacionalista de una buena parte del pueblo catalán. A pesar de todo ello no parece que, el Gobierno, se haya tomado en serio, no sabemos si por mojigatería, desconfianza, falta de arrestos o este galleguismo con el que el señor Rajoy acostumbra a resolver los problemas de España; lo cierto es que, en España, parece que existen grupos, personalidades, deportistas, artistas y algunos de los llamados representantes de la cultura que se sienten inmunes a las leyes españolas, que se creen en condiciones de opinar en contra las medidas gubernamentales, las resoluciones de los tribunales de Justicia o el parecer de la inmensa mayoría del pueblo español. Hasta aquí se podría entender que, el derecho de cada uno a pensar lo que quiera debería estar protegido siempre que, naturalmente, con sus acciones, sus manifestaciones públicas, sus declaraciones especialmente ofensivas en contra del Gobierno o de las instituciones españolas o su comportamiento personal no cruzase la línea roja que separa el derecho a opinar de la obligación de acatar las leyes democráticas, las sentencias de los tribunales y los mandatos constitucionales que, como es evidente, siempre deben estar por encima de las opiniones de los ciudadanos.


Resulta inapropiado, de muy mal efecto, digno de reprobación y poco adecuado que, un futbolista, por muy bueno que sea en su oficio, sea incluido en la selección nacional, forme parte de la élite de los profesionales españoles en los que un seleccionador, en este caso el señor Julen Lopetegui, debiera de haber puesto especial atención para asegurarse de no cometer el error de escoger a alguno que no sea, ante todo, incluso antes de tomar cuenta de su reconocida pericia para el fútbol, un buen español que esté dispuesto a darlo todo por el equipo y del que se tenga la certeza de que, en un momento crítico, no va a “fallar” sino que se jugará el físico si, con ello, puede ayudar al equipo español. El señor Gerard Piqué no ha hecho otra cosa, durante años, que dar muestras fehacientes de su antiespañolismo, su separatismo constatado y su carácter especialmente sectario respecto a todo lo español, que se manifiesta abiertamente en su odio hacia determinados equipos que supera, con creces, lo que podría ser una rivalidad profesional, perfectamente aceptable, para convertirse en un aborrecimiento antinatural solamente explicable por su afiliación al catalanismo independentista más extremado. ¿Cómo es posible que el seleccionador, señor Lopetegui, no haya tomado medidas para que este individuo no forme parte de una selección en la que no se debiera permitir que existiera ningún “topo” que, en una jugada determinada, pudiera poner en peligro la suerte del equipo español? ¿No hay, entre los dirigentes del fútbol español, quien pueda “aconsejar” al señor Lopetegui (no hay que olvidar que es vasco y que, en 1994, fue jugador del Barcelona) que evite que el señor Piqué, un separatista declarado, pase a formar parte de una selección española?


El otro caso, del que ya hablé antes de que se produjera en la OT la designación de los representantes españoles que deben concurrir al concurso de Eurovisión que se celebrará en Portugal; también adolece de los mismos defectos de base que han concurrido en Piqué. El joven que ha sido elegido para que, en compañía de Amaya vaya a formar parte del dúo televisivo que nos va a representar en la final del 12 de mayo en Lisboa, Alfred García, ha conseguido meterse el público español en el bolsillo a lo que, probablemente ha contribuido su especial nexo romántica con su compañera Amaya, lo que siempre suele ser un buen cebo para que la popularidad aumente. No obstante este joven, con cara de no haber roto un plato nunca, tiene un historial de independentista. Hace meses compartió fotografías durante una manifestación con esteladas en Cataluña, con el texto “Feliz día de la diada”. En una fiesta que celebró en la Academia Alfred y Nerea (otra compañera catalana de la OT) entonaron, puño en alto “Els Segadors” himno catalán, y continuaron con una versión de “Boig per tu” de Sau, finalizando con “El Virolai” otro de los himnos del catalanismo radical.


Estamos de nuevo ante un caso que tiene sus particularidades. Es evidente que el catalán tiene condiciones que le avalan para ir a Eurovisión, pero volvemos a encontrarnos ante un caso en el que se parece que Gestmusic, quien se ocupa de esta operación, ha conseguido que la representación de España, como si fuera un premio, haya ido a parar a un señor que forma parte de aquellos que se han sublevado contra España, formando parte de aquella parte de los catalanes que ha manifestado su odio hacia España y los españoles. ¿Es decente, aconsejable y oportuno que los españoles tengan que admitir que no hay otra persona capaz de representar, en el concurso de Lisboa, que este joven catalán cuyos antecedentes debieron de tenerse en cuenta cuando se pensó en que el representante español debía surgir del concurso de OT? No tenemos nada en especial en contra de esta persona que tiene derecho a opinar lo que le dé la gana siempre que no se salga de lo dispuesto por las leyes; no obstante, no nos parece bien que, con tanta gente que hay para elegir y tantos artistas de los que se dispone para acometer semejante aventura, sea precisamente un separatista catalán el que haya sido elegido.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos cuesta aceptar que en toda esta operación, tal y como viene sucediendo con el señor Piqué, no haya nadie que sea capaz de tomar las medidas adecuadas para que se evite poner a los españoles ante una situación que, a todas luces, resulta incómoda, inapropiada, poco aconsejable y vergonzosa, si se tiene en cuenta que muchos ciudadanos, entre los que me encuentro, están extraordinariamente sensibilizados, disgustados, preocupados y enfadados ante una situación a la que nunca pensamos que se llegaría y, todavía más, que los mismos responsables de que se hayan producido unos hechos que han puesto en cuestión la unidad de España y la seguridad de los españoles, parece que siguen sin el menor interés en poner remedio a una situación que ya deberían haber solucionado hace años y, no obstante, parece que siguen remisos a tomar las medidas adecuadas para cortar por lo sano con este endémico problema catalán.

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