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Opinión
Etiquetas:   Mujeres  

Cosificación de la mujer

Convertir a la mujer en objeto de placer sexual dinamita las bases de un Estado de derecho
Octavi Pereña
martes, 6 de febrero de 2018, 07:21 h (CET)

El jueves 18 de enero de 2018 en el salón de baile del hotel The Dorchester en Londres, el Presidents Charitable Trust,club exclusivo para hombres, organizó una cena benéfica con el propósito de recoger fondos para ayudar a hospitales e instituciones benéficas dedicadas a trabajar en favor de la infancia.


Las 130 azafatas contratadas para animar a los invitados firmaron un acuerdo de confidencialidad y obligadas por la agencia que las contrató vestir de negro prendas confeccionadas con muy escasa tela. A pesar del contrato de confidencialidad algunas azafatas explicaron lo que sucedió en la gala benéfica. Un testimonio que recoge The Times dijo que la experiencia las dejó a ella y a otras afectadas “humilladas e intimidadas y que se sintieron como si fuesen juguetes, objetos que se podían mirar y tocar y que se podían reír”. Un maestro de ceremonias describió “el acontecimiento como el más políticamente incorrecto del año”. Disparates como el que denuncia la periodista ponen de manifiesto la persistencia de una decadente cultura de clubes exclusivos para hombres que en nada contribuye a proteger el respeto a la mujer en las altas esferas del poder a pesar de que sea una mujer que ostente el más alto cargo político del país.

El escándalo lo destapó b>Madison Marriage, periodista del Financial Times que se infiltró en la fiesta después de conseguir que se la contratase como azafata. La revelación del escándalo ha causado el cierre de la organización benéfica y una tempestad política en el Reino Unido.

La primer ministra británica Theresa May se enteró del escándalo encontrándose en Davos, dijo; “Estoy francamente consternada. Creía que este tipo de actitud de tratar a las mujeres como si fuesen objetos era cosa del pasado. Tristemente, lo que este acontecimiento ha demostrado es que todavía nos queda mucho trabajo por hacer. Yo seguiré trabajando como lo he hecho durante todo mi tiempo en la política, para que realmente podamos decir que las mujeres son respetadas, aceptadas y tratadas como iguales”. No bastan las buenas intenciones. La magnitud de la violencia sexual, que no distingue clases sociales la pone de manifiesto el hecho de la existencia de mega prostíbulos de lujo a los que únicamente tienen acceso miembros de las altas esferas políticas y los magnates de la economía y de la Iglesia. La metástasis cancerígena está tan extendida que no son suficientes las buenas intenciones políticas, las leyes contra el acoso sexual contra la mujer, la educación sexual en la escuela. El problema es tan grave que no sirven los parches “Sor Virginia” .Requiere la intervención quirúrgica que únicamente puede realizar Jesús, el Médico divino que con su sangre derramada en el Gólgota puede erradicar la lascivia que lleva a la diversidad de fechorías que se cometen contra la mujer.

El apóstol Pablo escribiendo a los cristianos en Galacia les expone el remedio para combatir la enfermedad espiritual que comentamos en este escrito. Si el lector está verdaderamente interesado por el tema del acoso sexual contra las mujeres debería seguir con mucha atención lo que el apóstol quiere decirle.

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16). Para salir vencedores en la lucha contra el acoso sexual es preciso andar en el Espíritu. ¿Qué significa este andar? Ni más ni menos que ser un creyente en Cristo. Para el tal creyente el texto deja entrever una lucha espiritual interna entre la nueva criatura que se es en Cristo y la anterior cuando éramos sus enemigos. “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisierais” (v.17). Al estar en Cristo se libra una dura batalla entre la vida nueva que hay en Cristo y la vieja naturaleza carnal del estar fuera de Cristo. La paz que refleja la faz de la persona que está en Cristo esconde el conflicto espiritual que se libra en el interior del alma entre el bien que quiere hacer el creyente y la vieja condición de enemigo de Dios que se resiste a abandonar el lugar preferente que ocupaba antes de la conversión a Cristo.

“Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la Ley” (v.18). ¿Cuál es la finalidad de la ley de Dios? Hacer ver que el ser humano es pecador: “No cometerás adulterio” (Éxodo 20:14). “No deseará a la mujer de tu prójimo” (Éxodo 20: 17). Estos textos nos dicen lo que son los hombres respecto a las mujeres. Algunos objetarán que hayan cometido adulterio, pero, desearla, ¿quién pude decir que no lo haya hecho nunca? Jesús pone fin a la discusión cuando dice: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5: 27,28).

El apóstol dice que la persona que es guiada por el Espíritu “no está bajo la Ley”. A esta persona la Ley no la condena porque quien es guiada por el Espíritu significa que la tal persona ha creído que Jesús es su Salvador que ha pagado con su sacrificio el precio del pecado. La Ley señala su condición de pecador pero no lo condena porque la deuda ha sido saldada por Jesús muriendo en la cruz: “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1).

El apóstol indica cuales son las obras de la carne, la manera de comportarse sin Cristo. Indicamos las que tienen que ver con el acoso sexual a las mujeres: “Adulterio, fornicación, impureza, lascivia” (v. 19). Si estos cuatro pecados no existieran en el hombre, los escándalos sexuales como los que han avergonzado al Reino Unido no se hubiera producido La estocada mortal al acoso sexual a la mujer la da el apóstol Pablo cuando escribe: “Pero los que son de Cristo, han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (vv.24,25). Como dudo de que toda la sociedad vaya a convertirse a Cristo y que crucifique sus pasiones, no tengo la más mínima duda de que los escándalos sexuales seguirán ocupando amplios espacios en los medios de comunicación.
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