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Con lo del 5G que viene la cosa puede ser más dura todavía

Hermanos: si hemos sido capaces de regalar nuestra intimidad a las grandes corporaciones de forma gratuita y, a través de nuestros teléfonos móviles y nuestras tarjetas de crédito, nos tienen absolutamente controlados. Si saben perfectamente dónde estamos en cada momento por el geolocalizador que llevamos en el bolsillo. Si saben nuestros gustos de todo tipo. Que dónde vamos a pasar las próximas vacaciones, que qué tipo de ropa es la que nos gusta, incluso a quien es posible que votemos en las próximas elecciones generales (lo de “próximas” lo digo con ironía, no es que sepa nada de lo que pasará en septiembre)

Si con la aplicación faceapp, esa que a los jóvenes los hace viejos y a los mayores nos hace niños, les hemos regalado los datos biométricos de nuestras caras vaya usted a saber a quién. ¡Qué más da ya todo!

Con lo del 5G que viene la cosa puede ser más dura todavía. Porque es una cuestión de velocidad. Tendrán nuestra información casi al momento. Y los algoritmos lo ordenarán todo.

Llegados a este extremo la cuestión es si la administración podría acceder a esa información y crear otros algoritmos que nos hicieran la vida más fácil. Ya puestos.

Por ejemplo, si puede saberse dónde estamos en cada momento, puede regularse mejor el tráfico, y con ello los tiempos de parada en los semáforos y las emisiones contaminantes reducirlas. Para la movilidad urbana este instrumento es oro.

Es lo que se llama para las grandes ciudades smartcity, en cristiano “ciudad inteligente”, pero que también puede aplicarse hoy a los pueblos pequeños, barrios y aldeas. Es el concepto “Smart town” (pueblo inteligente).

Artículos del autor

Hermanos: aunque los americanos sepan venderse mejor que nosotros, y digan que llegaron a la Luna hace cincuenta años, los valencianos sabemos que el satélite selenita es de propiedad valenciana de toda la vida y ellos solo son unos invitados.

Hermanos: como sabéis la economía va a su bola. Da igual que haya gobierno de en funciones, que no haya gobierno o que este sea en coalición o en minoría. Cuando la cosa tiene que ir bien, pues va. Y cuando tiene que ir mal, pues va también.

Hermanos: todos somos cabezones en algún momento de nuestras vidas. Son momentos en que decidimos mantener nuestra postura, aunque en nuestro fuero más interno sepamos que no tenemos razón.

Hermanos: como decía el eslogan de los años setenta de Fraga Iribarne: Spain is different. Pero mucho.

Hermanos y hermanas concejales electos:

A excepción de unos pocos ayuntamientos en los que el resultado de las pasadas elecciones municipales ha dado como resultado mayorías absolutas (felicidades, por algo será), la mayoría de los ayuntamientos se van a componer de una amalgama de partidos que obligarán a pactar entre dos o más fuerzas políticas. 

Hermanos; si una cosa nos tiene que enseñar el paso del tiempo es que cada segundo es valiosísimo. Que vivimos en una sociedad en la que la velocidad en la toma de decisiones es definitiva para determinar nuestro futuro.

Hermanos: Como dice Marcos Mundstock de les Luthiers, hay que aclarar que si bien un “homicida” es quien mata a un hombre y un “regicida” el que mata a un rey, la palabra “suicida” no es, como muchos creen, el que mata a un suizo. Un suicida es aquel que se quita la vida a “sui” mismo.

Esta semana en un chat de mis amigos, uno de ellos nos reenvía un mensaje en el que, sobre una imagen de Iker Jiménez, decía: “Hoy en Cuarto milenio el extraño caso que ocurre cuando vas a Hacienda y solo ves españoles y cuando vas a urgencias solo ves extranjeros”.

 
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