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En Chile están forzando desde la calle que se cambie la constitución de Pinochet

Hermanos: algo está pasando en el mundo y no acierto a encontrar el denominador común. En la democrática Hong Kong la gente se ha echado a la calle pidiendo libertad a la totalitaria China. En Bolivia manifestaciones brutales que han logrado quitar del gobierno a Evo Morales y han dejado un vacío de poder que los militares están mirando golosonamente. En Chile están forzando desde la calle que se cambie la constitución de Pinochet. Nuestros vecinos los franceses se han puesto los chalecos amarillos y se han echado al monte (más bien a la calle). Nosotros tenemos a poco menos de la mitad de los hermanos catalanes cabreados y un porcentaje de estos montando barricadas.

Si fueran países árabes podríamos decir que estamos ante la segunda Primavera Árabe. Pero no. Son países democráticos y en cada uno de ellos la razón de fondo es distinta: impedir que China controle a los ciudadanos cibernéticamente, que el tal Morales manipule las elecciones, que en Chile tengan una constitución no heredada de los asesinos o que se reclame la independencia. Nada que pueda hacernos pensar que sean movimientos semejantes o antidemocráticos.

Pero, si a los dirigentes chinos se les hinchan las narices, se van a enterar los hongkongeses de lo que vale un peine. A los bolivianos les falta un tanto así para que les salga un salvapatrias. A los chilenos para que les salga un pibe Bolsonaro que “ponga orden”. Y a los franceses y a los españoles ya estamos viendo que el virus de la ultraderecha está cogiendo mucha fuerza.

Bien pensado sí que podríamos tener algo en común: que el resultado final sea menos democracia para todos.

Artículos del autor

Hermanos: ya hemos votado y el resultado ha sido realmente desesperanzador para mí. No me creo que en España existieran 3.640.063 franquistas que han sido desenterrados a la vez que el dictador. No puede ser que hayan estado 44 años escondidos camaleónicamente hasta que ha llegado su oportunidad. Por lo tanto, quiero entender que son gente que no están de acuerdo con el sistema.

Hermanos y hermanas: días atrás ha salido en prensa una campaña electoral en Facebook, por lo visto pagada por un asesor del PP, mediante la cual se anima a los que fueron potenciales votantes de izquierdas a no votar, con mensajes pagados en perfiles falsos del estilo ‘Recuperar el PSOE’, ‘Con Rivera No’ o ‘Yo no voto’. Todos ellos buscando que ni vosotros ni yo votemos. O que, si lo hacemos, votemos a partidos de derechas.

Hermanos: ya hemos cambiado. El que más y el que menos lleva en el bolsillo un aparato que va a cambiar nuestras vidas para siempre muy dentro de poco, sino lo ha hecho ya.

Hermanos: parece que todo nos lleva a que en un futuro nos moveremos en coche eléctrico, y que esa será la solución para nuestros males medioambientales. Puede ser. Pero me surgen importantes dudas de carácter urbanístico para creer que ello vaya a ser posible más allá que en el transporte colectivo (trenes, autobuses, tranvías).

Hermanos: está claro que no sabemos votar bien. Y es normal, nadie nos ha dado nunca un cursillo sobre la manera en que se debe hacer para evitar tener que repetir elecciones una y otra vez. Tampoco nadie ha editado un “Manual del Buen Votante” o “Elecciones para dummies” que nos de las instrucciones para que esto se resuelva en una sola vez.

Hermanos: si hemos sido capaces de regalar nuestra intimidad a las grandes corporaciones de forma gratuita y, a través de nuestros teléfonos móviles y nuestras tarjetas de crédito, nos tienen absolutamente controlados. Si saben perfectamente dónde estamos en cada momento por el geolocalizador que llevamos en el bolsillo.

Hermanos: aunque los americanos sepan venderse mejor que nosotros, y digan que llegaron a la Luna hace cincuenta años, los valencianos sabemos que el satélite selenita es de propiedad valenciana de toda la vida y ellos solo son unos invitados.

Hermanos: como sabéis la economía va a su bola. Da igual que haya gobierno de en funciones, que no haya gobierno o que este sea en coalición o en minoría. Cuando la cosa tiene que ir bien, pues va. Y cuando tiene que ir mal, pues va también.

 
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