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​En materia de urbanismo nos encontramos con un inconveniente a estudiar y al que dar solución: el coche y su aparcamiento

Hermanos: ya sabéis que, como buenos mediterráneos, somos muy proclives a la exaltación de la amistad en cuanto nos hemos tomado un par de rondas de cervezas y vinos. Necesitamos el roce, el abrazo, el par de besos, el apretón de manos, el “choca esos cinco”.

Por eso nos va a costar más que a los japoneses o a los gélidos europeos del norte, conseguir el cumplimiento de la distancia social impuesta por el estado de alarma y que, por prudencia, deberíamos cumplir cuando entremos en la nueva normalidad.

En materia de urbanismo nos encontramos con un inconveniente a estudiar y al que dar solución: el coche y su aparcamiento. Ya que a todos nos gusta llegar con nuestro coche, de cinco plazas, pero ocupado solo por el conductor, hasta la mismísima puerta de nuestra casa y poder aparcar allí. Las calles se han estrechado para los peatones con diminutas aceras y se han ensanchado para los coches con carriles de circulación y zonas de aparcamiento en hilera o, si la calle es ancha, aparcamientos en batería.

Con aceras estrechas difícilmente vamos a poder cumplir con el distanciamiento social exigido y recomendado por las autoridades. Y la peatonalización perpetua va a generara infinidad de conflictos entre ayuntamientos, peatones, comerciantes y conductores.

Tan vez la solución sea establecer zonas de peatonalización variable o flexible, dependiendo de las horas o de las fechas lectivas o festivas. Y, por supuesto, los ayuntamientos deberán empezar a pensar en planes de ensanche de aceras y la creación de aparcamientos disuasorios situados a 15 minutos de cualquier sitio a pie.

Artículos del autor

Hermanos: Desde hace unas semanas vengo reflexionando sobre la forma en que el COVID-19 va afectar a nuestras vidas, más bien desde un punto de vista positivo. Porque resaltar que estamos ante el caos mundial y que el mundo se acaba, eso ya se lo dejo a los profesionales de los “coronabulos” y a los que quieren aprovechar para rascar votos a cacerolada limpia.


Hermanos: ha fallecido el gran pintor valenciano Juan Genovés a sus 90 años. Nacido en los convulsos años 30 nos deja ante un panorama digno de sus obras de arte: “el abrazo” que tardaremos en disfrutar en mucho tiempo y los cuadros, casi abstractos, de masas de diminutos individuos interrelacionándose como en una manifestación o un simple paseo en círculos. Tal como si estuviese pintando la España de la postpandemia vista desde la altura.

Hermanos: hay que ver cómo juegan con nuestras cabezas los mandamases de este mundo. Ahora se ha inventado un término que es incongruente y contradictorio en sí mismo. Pero tiene una carga ideológica muy profunda: la Nueva Normalidad.


Hermanos: en capítulos anteriores estuvimos hablando de los cambios que va a suponer esta pandemia para los ciudadanos y del envejecimiento de la generación del Baby Boom de los años sesenta como una oportunidad para los pueblos de interior que se pueden convertir en residencias de gente mayor en poco más de una década.

Hermanos: en capítulos anteriores hemos visto que, debido a la pandemia, nos va a tocar vivir más separados. Que, para ello, las calles van a tener que ser peatonalizadas para permitir que no vayamos apelotonados por las estrechas aceras que nos han dejado los coches y los aparcamientos.

Hermanos: las cosas están cambiando a una velocidad que ni las vemos pasar. Hasta hace un par de meses, la población del mundo tendía a apelotonarse en ciudades, cuanto más grandes mejor. Hoy, sin embargo, debemos apartarnos los unos de los otros al menos dos metros. Y eso va a ser por mucho tiempo me temo.


Hermanos: habrá que ver si es cierto eso de que “una vez salgamos de esta ya no seremos iguales”. Lo que sí que es cierto es que, sin telecomunicaciones y redes sociales, la reclusión hubiera sido muchísimo más dura y, difícilmente, se hubiera podido tener a toda la población en casa, con todos los problemas que ello ha supuesto a las parejas jóvenes con hijos pequeños, a los hijos con padres muy mayores.

Hermanos: Allá por los años 90 un servidor se hartó en ciertos foros de decir que debíamos prepararnos para la revolución tecnológica que se nos venía encima y que, posiblemente, una de las mejores herramientas de las que podríamos disponer era el teletrabajo. Es decir, poder trabajar desde casa, organizándote tú los tiempos, pero cumpliendo con los objetivos que la empresa pudiera marcarte.

 
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