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Yolanda Morales
Yolanda Morales
Pocos días atrás me llegaba una noticia relacionada con la reconocida murga tinerfeña “Ni Fu Ni Fa”, en la cual se explicaba cómo el Ayuntamiento de Santa Cruz había solicitado la retirada de una de sus canciones por presentar un contenido abiertamente homóbofo.

Nunca fui una entendida de murgas, pero si algo me queda claro es que la base de sus letras pretende inspirarse en la crítica social, por lo cual me extrañó que una agrupación tan famosa se jugara su papel de “open-minded” y de progre a causa de una simple letra.

Acto seguido, busqué la fuente de la polémica y dediqué unos minutos a leerla. Retomamos con esta canción un tema que yo creía extinguido a causa de la reiteración: los gays. Mariposas, invertidos, travestidos, chaperos, vasioletas, pajaretas, sodomitas, maricones, mariquitas o bujarrones, por poner algunos ejemplos de los términos empleados por los creadores de este tema en alusión al colectivo LGBTI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales, Transgénero e Intersexuales). Una letra claramente discriminatoria, generalizadora, insultante, prejuiciosa e ignorante. Una lástima.

A pesar de que las autoridades han dejado claro que en ningún momento se pretende callar a nadie, sino intentar evitar el perjuicio a ciertos colectivos, así como no infundir ideas equívocas a los más jóvenes, ellos insisten en que su tema no presenta rasgos homófobos. Algunas de las partes más llamativas de la chirigota citan, textualmente: “ahora está de moda ser maricón”, “te dirán sarasa, te dirán vasiola, con tu culo tu te sientes ¡el rey!”, “de la puerta del armario, alguien de cerrarla se olvidó”, “somos homosexuales, ¿a qué te suena raro, verdad? Y demás perlas que “inocentemente” se burlan de los gays sin ningún tipo de justificación y convierten una orientación sexual en un cachondeo gratuito. Aun así, en respuesta, la murga ha cambiado su foto de perfil manifestando la “censura” a la que han sido sometidos por parte de las autoridades, cual niño que se enfada y “no respira”.

Aún no salgo de mi asombro al comprobar que la sociedad aún no ha superado esto. Ha supuesto todo un trauma social el asimilar que existen orientaciones sexuales diferentes a la heterosexualidad; diferentes a “ser normal” como algunos dicen. Me pregunto qué le importa, qué le molesta a tu padre, a tu madre, a tu abuela, a tus primos, al vecino de arriba, a tu profesor, al párroco, al dentista, al frutero, con quién quieres compartir tu vida o qué quieres hacer. Me pregunto por qué quieren vivir una vida que nos les corresponde, y sólo encuentro respuesta en el vacío que deben tener en la propia.

¿Qué daño hace la homosexualidad? Ante esta pregunta, muchos me han respondido que la homosexualidad condena la raza humana a extinguirse por impedir la reproducción natural. Otros dicen que es algo antinatural. Otros dicen que es un pecado. Otros dicen que “yo respeto mientras que a mí no me digan nada”, o “pues yo tengo amigos gays y nunca he tenido ningún problema con ellos”. Mi opinión es la siguiente: la homosexualidad no es propia de los seres humanos; existen otras especies animales en las que están documentados casos de homosexualidad (y eso solamente las que hemos podido pillar), y hasta día de hoy no conozco ningún estudio que demuestre cómo ninguna especie en este planeta se extinguió a causa de que la mayor parte de sus integrantes se volvieron homosexuales.

Respecto a los que atribuyen a la homosexualidad como algo impropio ante los ojos de Dios: partiendo de un principio ateo e intentando empatizar con aquellos que libremente hayan escogido la religión, sea cual sea, puedo decir que basándome en sus propios pilares, supuestamente es Dios el creador del Universo y de cada pequeño componente que lo forma como un Todo, lo cual quiere decir que el Dios que crea al hombre heterosexual, es el mismo que crea al homosexual, bisexual, transexual, intersexual, asexual… por tanto, algo que crea Dios, no puede ir contra de su voluntad y mucho menos puede tratarse de ningún tipo de pecado.

Otra de las frases que he escuchado cientos de veces en mi vida y que cada vez me hinchan un poco más las narices, es “hombre, yo no tengo nada en contra de los maricones, mientras a mí no me toquen, que hagan lo que quieran”, y me parece uno de los peores conceptos que se puede tener sobre este colectivo. Estás queriendo parecer libre, abierto, progresista, y solo estás demostrando que no tienes idea de lo que hablas y que además repites como un loro que vas escuchando por ahí. Ser homosexual no significa ser promiscuo, o ¿acaso el hetero siente atracción por todas y cada una de las personas del sexo opuesto? ¿Crees que si tu mejor amigo o amiga desvela su tendencia sexual debéis dejar la amistad porque a partir de ese momento se sentirá irrefrenablemente atraída/o por ti? Por favor, sepan que eso no tiene sentido ni justificación. Tampoco seremos más “abiertos” si empezamos la frase diciendo que “no tenemos nada en contra de ellos”, o calificándolos como un “colectivo débil” como he visto recientemente en un conocido periódico tinerfeño. No son un colectivo débil, ni debemos tener nada en contra de ellos, ni sentir la necesidad de decir que no somos homófobos, ni siquiera evitar decir “gay” o “lesbiana” porque directamente no debe haber nada que objetar ante su presencia en la sociedad. Venimos de una dictadura en la cual la libertad de expresión era un privilegio; lo que ahora deberíamos procurar como pueblo es que cada quien se exprese libremente, viva su sexualidad, sus gustos, sus aficiones, sus relaciones de pareja y su vida como más le plazca, siempre que respete a los demás.

En nuestro derecho estamos decidir quién somos y qué es lo que sentimos, con quien queremos compartir nuestra vida, si queremos o no tener hijos, si queremos permanecer solteros, si no queremos casarnos, si no queremos llegar vírgenes al matrimonio o sí, si nos apetece vestirnos de rosa aun siendo hombres, si nos gusta un tipo u otro de música, si queremos ser budistas, musulmanes, cristianos, cienciologistas o pastafaristas, si preferimos salvar animales antes que personas, si nos gusta o no el chocolate, si queremos teñirnos de rubio, pelirrojo o moreno aunque parezcamos artificiales… ¿qué problema hay? ¿A quién le importa? Que cada quien viva su vida como más le plazca siempre que no haga daño a nada ni a nadie, que cada quien recuerde su derecho a ser libre y a decidir por sí mismo. Que nadie permita que los demás decidan por él con quien tiene que casarse, quién o qué le tiene que gustar o en qué debe trabajar o formarse. Vida solo hay una. Cada uno que lee estas líneas debe recordar que lo único que tiene seguro es a sí mismo, y que sólo tiene un intento para hacer las cosas lo mejor posible y para disfrutar. Luego no hay vuelta atrás.

Esto va dedicado tantos a los que sufren, de alguna forma, algún tipo de rechazo o desplazamiento social, como a los que lo infringen. He conocido casos de padres amargados porque sus hijos han “confesado” su orientación no heterosexual, y no salgo de mi asombro al ver por qué semejantes estupideces se preocupa la gente. Si tu hijo no quiere conocer chicas sino chicos, ¿morirá antes? ¿Tiene alguna enfermedad? ¿Peligra su vida? ¿No logrará sus objetivos?, o mejor dicho, ¿no logrará los tuyos?

¡Qué triste y qué lástima tener a nuestro lado gente que todavía piensa que el amor sólo es cosa de sexos opuestos o de padres a hijos! Dejen de meterse en la vida de los otros, respeten, sean tolerantes con todo lo que merezca tolerancia.

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