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Vida Universal
El cristianismo originario
Vida Universal
​Para Jesús de Nazaret no fue necesario presentarse en opulencia y lujo ante los hombres, pues Él es el Corregente de Reino de Dios

La presencia sencilla y humilde de este gran hombre impidió, y todavía sucede en la actualidad, valorar qué elevadísimo ser estuvo entre los hombres en la Tierra qué elevada tarea llevó a cabo en beneficio de la creación.


El terrible e indigno camino que tuvo que recorrer Jesús hasta el Gólgota, no habría sido necesario si las personas lo hubieran reconocido y acogido, pues todo podría haber sido de otra forma. Pero como las personas cargaron su alma cada vez más por su manera contraria de pensar, sentir y actuar, tuvo que intervenir el reino divino y Su venida fue necesaria, más no Su muerte atroz. El Espíritu libre y eterno, Dios, no quita a sus hijos el libre albedrío, Él no nos obliga a cambiar, no castiga ni sanciona, tampoco ha dispuesto un lugar para la condenación eterna. Tales ideas nacen de las religiones externas que antepusieron el culto pagano a la palabra de Dios y permitieron el barbarismo.


Jesús de Nazaret es el camino del amor a Dios y al prójimo. No importa que sentimientos, emociones, pensamientos o actuaciones tenga el hombre, en lo más interno de su alma está protegido por el gran amor de Dios, por la luz redentora que nos donó Su hijo. La palabra de Jesús “Seguidme” es la llamada de Su amor y golpea incesantemente en nuestra alma y nos insta a que pongamos en orden todo lo que hacemos contra la vida, contra la ley del amor y cumplamos Sus maravillosas enseñanzas


Jesús dijo: “Nadie llega al Padre sino a través de Mí”, Cristo es el camino, la verdad y la vida, El es la fuerza redentora en nosotros y con ello la luz que ilumina el camino a la casa del Padre. Por lo tanto la festividad de Semana Santa, acaparada para sí por las religiones de culto, más bien parece que quisiera desacreditar el verdadero significado del acto redentor de Cristo. Las festividades eclesiales tradicionales reflejan no sólo el desconocimiento del modo de pensar institucional, sino que da la impresión que pretendieran ridiculizar el acontecimiento de la redención.


El cadáver maltratado y vejado en la cruz del Gólgota es expuesto en las Iglesias y año tras año procesionado en miles de ciudades de todo el mundo. El cadáver en la cruz es también mostrado en muchas aulas, oficinas públicas, sin embargo la imagen del crucificado es el símbolo de la derrota, y la cruz sin el cuerpo es el símbolo de la victoria. ¿Y quién sino el adversario de Dios tendría tanto interés en exponer el cadáver de Jesús colgado en la cruz durante 2000 años? Jesús no constituye el trofeo de las maquinaciones satánicas, todo lo contrario, El venció ante la intención de las tinieblas de disolver la creación de Dios. Con Sus palabras “Está consumado” regaló a cada alma y hombre una parte de Su herencia, la chispa redentora, que posibilita a cada uno regresar de vuelta al hogar eterno, y protegió así de la disolución a toda la creación, tanto a las almas cargadas de los seres humanos como a los ámbitos de la creación de la existencia divina, la cuna del Reino de Dios.

Artículos del autor

Jesús de Nazaret dijo: “Aún tengo muchas cosas tengo que deciros, pero ahora no podríais entenderlas. Cuando venga aquel, el Espíritu de la Verdad, Él os guiará a toda la verdad”. Esta promesa se está cumpliendo desde hace más de 40 años.
​Las instituciones que se denominan Iglesias y sus creyentes han conmemorado durante 2000 años la pasión y muerte de Jesús y también celebran la resurrección del Cristo de Dios, pero se han preguntado por qué año tras año simbólicamente vuelven a subir a Jesús a la cruz para crucificarle de nuevo.
​A través del acto redentor de Jesús de Nazaret en la cruz, se evitó una disolución ulterior de todas las formas. Cristo no murió como un cordero de sacrificio para un Dios iracundo, como lo exponen las Iglesias, sino que Él murió en la fidelidad de Su tarea ante el Padre, porque los hombres no aceptaron Su mensaje.
Si afirmamos esto en nosotros, porque en lo más interno de nosotros está el Yo Soy, porque nosotros somos el templo del Espíritu Santo, alcanzamos paulatinamente el sosiego y obtenemos seguridad interna, que paso a paso nos permite reconocer los problemas, las cosas y los acontecimientos a la luz de la verdad.
​Si los seres humanos somos huéspedes en la Tierra, ¿quién es nuestro anfitrión? El anfitrión es el Espíritu del infinito que nos hace posible la vida como personas sobre el planeta Tierra. ¿Pero por qué somos seres humanos?
​Pienso firmemente que sí. Y para poner un ejemplo de mi convencimiento explico aquí un hecho, de entre los muchos ejemplos que podrían ponerse, el cual tuve la ocasión de ver hace unos días en un reportaje de televisión, y que me movió profundamente.
“Cuando esperéis algo de vuestro prójimo, que él debe hacer para vuestro beneficio, haceos la pregunta: ¿por qué no lo hago yo mismo?
El que no percibamos el lenguaje de la consciencia de los reinos de la naturaleza es solo porque hemos tapado, es decir cubierto la Comunicación universal, la vida, debido al alejamiento de la vida y al fin y al cabo de nuestro verdadero ser.
 
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