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Teresa Antequera Cerverón
Vida Universal
Teresa Antequera Cerverón
Por medio de su profeta, el Eterno quería conducir a los seres humanos a la tierra prometida
Moisés recibió de Dios los Diez Mandamientos, que una vez más hicieron que la humanidad comprendiese que existe un único Dios. El primer Mandamientos dice: “Yo Soy el Señor, tu Dios, no debes tener otros dioses aparte de Mí”. Por medio de Su profeta, el Eterno quería conducir a los seres humanos a la tierra prometida. Para ello les regaló a través de Moisés, expresado en palabras sencillas, los Diez Mandamientos como reglas de vida para cada persona que quiso, y quiera también hoy día, honrar en su vida al único Dios. Pero Aarón, el hermano mayor de Moisés, se apartó de los claros Mandamientos del único Dios, y volvió a erigir un sacerdocio de cultos creando una religión de culto que puso al sacerdocio, con su culto idólatra, por encima de la Palabra del Eterno. Siendo muy significativo que él mismo fuese el primer sumo sacerdote de su religión de culto. Entretanto, las instituciones eclesiásticas ya no niegan el hecho de que en realidad no fue Moisés quien escribió los “cinco Libros de Moisés”, pues mucho de lo que está contenido allí son palabras que fueron puestas intencionadamente en la boca del profeta de Dios. Mucho de lo que allí se dice está en enorme oposición a lo que el Eterno enseñó en Sus Mandamientos a través de Moisés.

El Mandamiento que dice: “No debes matar”, fue ignorado y tergiversado a favor de los cultos sacerdotales, en tanto a los sacerdotes del nuevo culto, del culto de Aarón, se les ordenó sacrificar animales como víctimas sobre el altar. Sin embargo Moisés se mantuvo fiel a los Mandamientos de Su Dios quien ordenó claramente: “No debes matar”. Sin embargo a través de los sacerdotes se impusieron leyes de culto litúrgico en nombre de Moisés. El Dios de la vida al parecer habría sentido placer con el hecho de que la sangre de Sus criaturas salpicara los altares, de que se sacrificara para Él, el Eterno, la grasa de corderos y novillos inocentes como “aroma para aplacar al Señor”, según decían. Nada menos que Él, el Eterno, habría ordenado presuntamente asesinar, linchar, saquear y robar.

Así se fue generalizando el culto sacerdotal donde debía haber prevalecido el conocimiento de Dios, vicios en lugar de una ética superior, sacrificios de animales en lugar del sacrificio de los pecados en el altar interno. La llamada de Dios a través de Moisés se extinguió en gran parte y fue cubierta enteramente por cultos sacerdotales y prescripciones legales. Pasaron los años, las décadas, los siglos. Por medio del cumplimiento de los Mandamientos de Dios, los seres humanos habrían podido encontrar la libertad y la paz, pero se ataron nuevamente a cultos que les posibilitan seguir cultivando sus viejas costumbres, aquellas que habían adquirido junto a los calderos de carne en Egipto.

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