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Santiago Arroyo
Santiago Arroyo
Los movimientos que han causado el malestar físico e intelectual de la opinión pública y diversas Instituciones, dan muestras del abanderamiento hacia la izquierda más radical
Parece mentira. Lo que no consiguieron los sindicatos del marisco y de cruceros fastuosos, lo han llevado a buen puerto un grupo de novicios valencianos. Al menos eso es lo que parece o quieren hacernos creer un grupo de politicastros que, a falta de la incompetencia mostrada para movilizar a las masas, han visto la oportunidad de proclamarse portavoces de las reclamas de alumnos de la LOGSE.

Las tentaciones de poder regir a jóvenes, a veces demasiado, para así poder salir en los medios de turno e intentar mostrar la ridícula gestión llevada a cabo por los gobernantes valencianos, era algo más que evidente. La irresponsabilidad con la que se juega a veces en la política muestra lo absurdo que puede llegar a ser el ansia por un asiento parlamentario.

En el momento en que nos encontramos, el líder socialista y los suyos, aprovechando esa cobertura mediática, se muestra muy a favor de las protestas que no dejan de ser otra cosa que las primeras acciones violentas llevadas a cabo tras la llegada del PP al poder. Al parecer es más fácil que otros muchos le hagan la propaganda anti-PP mientras él se queda sentado en su sillón.

Tras el ejercicio de irracionalidad e irresponsabilidad que genera este tipo de acciones, es decir, dejar en manos de jóvenes el desmembramiento del Cuerpo de Seguridad del Estado, no censurar los actos violentos contra las sedes del PP en Madrid y Valencia o difundir videos por la red falsos o manipulados como si de una proclama de Largo Caballero se tratase, el PSOE debería de hacer un ejercicio de autocrítica y declararse en coma profundo o pedir perdón. En política, aunque muchos se dediquen a decir lo contrario, no todo vale.

Me deja perplejo declaraciones de cierta parte de la ciudadanía declarando abiertamente lindezas como “no vamos a permitir que la derecha de este  país nos ahogue como si de una dictadura se tratase” (un joven declarando ante un medio televisivo), o que Alberto Ordóñez, el personaje que hizo las declaraciones “Vamos a continuar quemando las calles de Valencia”, asista a la tribuna de las Cortes Valencianas durante la sesión de control invitado por el PSOE.

Está claro que gran parte del destrozo, la violencia, los insultos y agresiones a parte de periodistas que no comparten su forma de ver las cosas, han sido causadas por grupos antisistema de la extrema izquierda, porque  señores, aunque parezca mentira, se dedican a eso como han dado muestra de ello en otras ocasiones.  Lo que no es de recibo es que, después de presentar las facturas en dos medios de comunicación, demostrando que es una falacia el hecho de que no tengan calefacción, no se muestren un poco más cordiales y pidan calma ante los hechos que, indudablemente, tanto daño nos está causando. Aunque más preocupante es que la señora Elena Valenciano no condene los actos lamentables ante las sedes populares e incluso impulse la algarabía general.

Espero que la cordura llegue a todas las personas en la mayor brevedad posible y que si esto no es así, al menos se proteste de una manera más civilizada y no tan sectariamente partidista,  porque no deja de ser curioso que sólo se vea la corrupción en las comunidades de siempre con la que está cayendo en Andalucía.

Artículos del autor

No hace tanto tiempo, que un diario como El País, cargado de humor negro y semblante socialista, cargaba de ira sus titulares contra la figura que, para la facción más izquierdista del grupo Prisa, llamaba a las armas a sus lectores contra el Juez que atacaba sin parar al Gobierno Felipista.
Desde que tengo uso de razón, si es que el ser humano puede jactarse de ser poseedor de tan hermoso donativo, he oído por activa y por pasiva esa curiosa frase de que España es un país de contrastes.
Como si de la canción infantil se tratase, el caso 11-M se está convirtiendo en la pesadilla que fue y en el detrimento de la verdad y el crispado elenco mediático y político por parte de algunos que, da la sensación, no quieren llegar al fondo del asunto.
De todos es sabido que los últimos años del Gobierno socialista, no han sido un modelo de austeridad y calma, ya sea por las ingentes ayudas y subvenciones dadas a sindicatos y otras organizaciones con mayor o menor credibilidad y con dudas, más que justificadas, en el merecimiento de éstas.
La preocupante cifra del paro situada en el 21,5% (cifra de la EPA en el tercer trimestre) que nos deja la herencia Socialista después de haber negado la crisis hasta la saciedad y una Ministra de Economía negando lo evidente años después de haber empezado la misma, hace chocante que los sindicatos españoles, más parecidos hoy a un grupo de matones que se enriquecen con el mal ajeno, se molesten, o lo que es peor, se despreocupen ante la propuesta hecha por Mariano Rajoy y su partido, pactar otra reforma laboral.
 
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