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Festival del vino 2016 - D. O. Somontano
Velpister
El niño que aplaude en su escondite
Velpister (Peter Jensen), gallego de ascendencia danesa nacido en Barcelona en 1970.

Artista multidisciplinar del underground español. Es pianista, compositor, pintor y escritor. Ha publicado un libro de poemas titulado “Transeúntes del olvido”, ed. Groenlandia. En breve aparecerá en una antología de poetas titulada Poetastros, ediciones La vida rima. Está a la espera de publicar dos libros de relatos.

Colabora habitualmente con revistas y fanzines en calidad de escritor y/o ilustrador, tales como A través del espejo, La Fanzine, revista Groenlandia, Vinalia Trippers, En sentido figurado, etc. Ha realizado y realiza exposiciones en diferentes centros culturales y galerías de España y Europa desde el año 2000. Ha ofrecido y ofrece recitales de piano y poesía en diferentes lugares de la geografía gallega, principalmente.
Velpister
Últimos textos publicados
La indignación crece
Atención noticia: Los políticos están indignados con la ciudadanía y han decidido acamparse en la Plaza del Sol
Antes de empezar con este artículo diré y afirmaré que estoy en contra de todo tipo de violencia. Y antes de comenzar escribiré lo que ya había advertido en otros artículos anteriores, si algo ha de cambiar mediante la violencia, creo que es mejor que no cambie, pero insisto en mi fe absoluta en el cambio, en la transformación del sistema, mediante el diálogo y las vías pacíficas. Eso sí, mediante vía pacíficas de presión y de gran contundencia, como por ejemplo la paralización de los desahucios. Impedir un desahucio es un acto de desobediencia civil de tamaña justicia que creo que en realidad es más un acto de amor, un acto de verdadero amor. Actuemos pues, hagamos el amor.

Sé que este tipo de mensajes produce diferentes reacciones, muchas veces la risa cargada de indiferencia o puede que de suficiencia, otras veces muecas de desprecio ante lo que llaman (para ellos es un insulto) un payaso (para mí el insulto es que a ellos les parezca un insulto una profesión tan noble y honrada), pero ninguno de los que condenan este tipo de actos o comentarios están en peligro de ser expulsados de sus casas, de sus viviendas, de sus hogares, a la calle, sin solucionar de ese modo la deuda delictiva que, es cierto que libremente, pero a la vez habiendo sido embaucados por publicidad engañosa, adquirieron en su día con el banco, una deuda que aceptaron en su afán legítimo de aspirar a una vida no llena de lujos, pero una vida en paz, con un techo, con todas los defectos y problemas de una vida como ser humano normal y corriente. No más aspiraciones que esas, la de acoplarse pacíficamente a un sistema que entonces y ahora ha ejercido una violencia intolerable sobre las personas que sustentan este sistema enfermo. La desobediencia civil en este caso y en otros es absolutamente necesaria, siempre que sea pacífica. El verdadero acto de violencia, de gran violencia, es el desalojo legal mediante el uso de la fuerza de los cuerpos de seguridad del estado al mandato de un auto judicial dictado por los poderes financieros delictivos. Las cárceles ya no están hechas para meter a delincuentes, son para que los delincuentes nos metan a nosotros. Y este es otro mensaje que el contrario a este movimiento desprecia hundido en su confortable sillón ante la t.v. del salón de su casa (y conste que no tengo nada en contra de un buen sillón confortable), a salvo de la prevaricación y el desahucio, llamándonos perroflautas, en muchos casos aplaudiendo las medidas violentas y coercitivas que a mi personalmente ya no me parecen eficaces para hacernos callar.

El verdadero acto de violencia (entre otros) es la constante privatización del sistema público, el único que puede garantizar un funcionamiento mínimamente correcto sin atender a los beneficios. Si seguimos así, la privatización llegará a cubrir todos los aspectos del estado del bienestar y lo único que le quedará para su gestión integral serán los cuerpos y fuerzas de seguridad. Es decir, un estado policial en donde el bienestar (médicos, educación, servicios de limpieza, bibliotecas, teatros…) se cobrará a tocateja o mediante domiciliación bancaria y su impago será duramente castigado por los poderes del estado.

Antes de empezar con este artículo he de confesar sin ningún pudor que soy un marginal, pero no un antisistema, es cierto que soy un marginal, es decir, alguien que quiere cambiar el sistema, es decir, alguien que quiere vivir en un sistema diferente a este, a este en concreto, concretamente este. Ya otro día hablaremos de otros. Por eso soy un marginal, porque estoy al margen. Yo no me resigno, muchas veces me viene a la memoria un documental que vi hace tiempo, había un vertedero, no más inmundo que cualquier otro, estaba cerca de una selva, muchos animales de diferentes especies empezaron a hacer exactamente igual que las personas, cuando se encontraron con la basura prefirieron acomodarse y quedarse a vivir entre ella. Pues ahora parece que alguien se está desperezando.

Pocas veces vi a los políticos tan indignados, cabreados, malhostiados, vehementes, ahora que se ven directamente atacados, no hay ni hubo esa indignación por el malestar de la ciudadanía, por las familias desahuciadas, por la cotidianidad de la escasez, de la vida con 400 euros, por nuestra perplejidad ante los constantes desfiles de políticos adinerados, corruptos, inútiles. De todo eso son ellos los dirigentes. Ahora resulta que los políticos están indignados. Qué poco aguante, que aprendan (si es que pueden o quieren) de la ciudadanía vapuleada, de los parados, de los desahuciados, de los humillados, de los inmigrantes, de los que viven con 400 Euros al mes, repito, 400 Euros al mes, de los afectados por su culpa y la de sus compinches, que aprendan de los indignados ante la inutilidad e impunidad. Eso sí que es aguante. Pero cómo es posible que no lo comprendan. Puede que sea porque es un colectivo muy gravemente desacreditado y sólo se atienden a ellos mismos. Cuando un gremio sólo tiene buenas palabras de los miembros de su propio gremio debería ponerse a analizar la situación en la que se encuentran.

Y antes de empezar con este artículo voy a dar una noticia en primicia para terminar: la culpa es del gobierno anterior, Aznar que es culpa de González, González acusa a Calvo Sotelo, Sotelo a Suárez, él no se acuerda, va el rey y dice que es culpa de Franco, Fran acusa a la república, y así llegamos a los reyes católicos. Al paredón. Y mientras se enteran tan poco de lo que ocurre en la calle, ganan unos sueldos tan inconsecuentes, tiene sus vidas tan asombrosamente solucionadas, cada mes de su futuro es un mes solvente, hasta la muerte, y eso que ya han demostrado que no son mejores que nosotros, incluso a menudo han demostrado que son mucho peores, y cada vez que abren la boca nos hablan de su feliz y aliviada lejanía.

¡Y ya está bien coño!

miércoles, 22 de junio de 2011.
 
La discrepancia entre los que queremos lo mismo nos une en la estupidez
El movimiento 15-M es contra PP, PSOE y otros partidos que han alcanzado cotas de poder y han abusado, robado, engañado o nos han maltratado
Conversación corta:

Oye,
Eres un fascista.
No, perdona,
El fascista,
Eres tú.
No, eres tú.
No, tú.
Tú.
Tú.

La intención de mis artículos para este periódico son, fundamentalmente, artísticos y poco políticos, pero que sea un artista no quiere decir que esté fuera de la realidad o que no me movilice según mis convicciones, todo lo contrario. Precisamente por eso, por ser un artista, creo que con más razón debo hacerlo. Estos días se ha producido el movimiento 15 de Mayo en toda España. Me he involucrado todo lo que he podido, salí a las manifestaciones y grité con la palabra y mis posibilidades en todos los foros a los que he tenido acceso. En este artículo voy a hacer unas breves consideraciones sobre todo lo que nos separa en este país. Una vez más la izquierda se divide en vez de unir su voz. Pero antes de escribir sobre eso aclararé por qué he salido a la calle y por qué pienso que había que salir y que hay que seguir saliendo. Resulta que debo de ser un iluso, o un romántico o alguien que no encaja (eso es evidente), no sé. Pero yo sé por qué he salido a la calle. Salgo por mis hijos, por la poesía, por el arte, por cambiar las cosas, por intentar cambiar las cosas, por no dejar de intentar cambiar las cosas, por no claudicar, por continuar en la lucha fuera de mi torre de marfil, por un día más de lucha, por seguir luchando mañana. Por que si al final esto no sirve de nada o porque si al final ocurriese que cada uno tuviese un número en la cola para genocidio, antes haber luchado. Porque merece la pena.

Parece que para algunos sectores de la izquierda (¿?) somos peligrosos o borregos o que seguimos una serie de protestas de diseño Web, nos han llamado de todo, pijos con tiempo libre, hippies de papá, punkies de marca, pamplineros, pancarteros de diseño, etc. Lo peor de todo es que estos escépticos, en muchos casos, son violentos, abogan por una revolución con sangre. Yo sigo pensando que si las cosas han de cambiar mediante la fuerza, es mejor que no cambien, pero otra de las razones por las que me he movilizado es porque estoy convencido de que el mundo se puede transformar pacíficamente. También me deja alucinado que otros tipo de escépticos, también agresivos, pero no violentos, muy malhumorados, después de increparnos y ponernos a caldo nos dejan claro que son más demócratas, que son más críticos, más inteligentes y, en definitiva, mejores que cualquiera de nosotros, y lo que más me alucina es que abogan por el inmovilismo más absoluto. Además hay otro tipo de escépticos que me asombran más, algunos artistas, poetas, pintores o músicos que en sus trabajos suelen llenarse la boca con las causas sociales pero que ahora han decidido no sumarse demostrando su lejanía con la ciudadanía. Pareciera que despreciasen a la chusma allí reunida. Están en sus torres de marfil. Pero dentro de este grupo están los peores, que son esos artistas o intelectuales que se suman al carro cuando ya está todo empezado y ha empezado a dar que hablar. Los otros, al menos, dan su parecer desde el principio, bien con el silencio o con su discrepancia explícita.

Después nos encontramos con esos que dicen que no son de nada, es decir, los de derechas. A algunos les he oído alabar todas estas movilizaciones (a las que no han acudido, exactamente igual que los escépticos, mira tú) diciendo que vuelven a creer en el ser humano, que la vida es maravillosa y que efectivamente los políticos del PP son unos impresentables, igual que los del PSOE, pero sin embargo van en tropel a votar a su partido de toda la vida, este que acaba de arrasar. Muchos se equivocan pensando que este movimiento es en contra de la derecha y de la izquierda, pero se equivocan, esto no es en contra de la izquierda, somos de izquierdas, es en contra del PP y del PSOE y de otros partidos que han alcanzado cotas de poder y han abusado o robado o engañado o nos han maltratado de una manera o de otra. No voy a poner aquí las razones porque son muchas, y además casi siempre son personales.

Y así seguimos en este país: los escépticos siguen igual de malhumorados alegando que somos nosotros los culpables, cerrando los ojos ante la evidencia de que el PP iba a ganar, a arrasar como lo ha hecho, algunos, ahora, pidiendo sangre, la derecha descojonándose de la izquierda crítica, apoyando a los corruptos, adorándolos, y no hacemos más que alejarnos los unos de los otros, sin cesar, como siempre, todos lejos, dándonos la espalda, sin conseguir llegar a acuerdos, todos de mala ostia o jodidos o parados o inmóviles o dando gracias a dios por las mesas rebosantes de alimentos, atragantándose entre carcajadas enfermas.

martes, 24 de mayo de 2011.
 
Putas, ladrones e idiotas
La dureza de la vida bohemia
Como buen artista underground dedicado exclusivamente a cultivar mi vida bohemia, no he tenido más remedio que realizar todo tipo de trabajos a lo largo de mi existencia para poder mantenerla. Algunos trabajos más penosos que otros. Recordando así, rápidamente, puedo enumerar algunos: repartidor de publicidad, limpiador de váteres y pasillos, pintor de paredes, chófer, dependiente de librería, atención al público en una academia, profesor de inglés, de piano, de pintura, de piano en inglés, de pintura en inglés de pintura y piano en inglés. Qué sé yo, muchos trabajos. Pero hay o, mejor dicho, hubo uno que me resultó especialmente desagradable. Afortunadamente he podido dejarlo actualmente:

Lo peor del trabajo de repartidor de libros de un conocido círculo literario no es lo que pagan, sino el momento del reparto de revistas. Cuando llamo a los portales, generalmente los que entran o salen me increpan sobre si es publicidad lo que llevo. Siempre contesto con amabilidad .No se preocupen, son revistas con nombre y domicilio. A veces no se lo creen. Este hecho me hace pensar en qué tendrán en contra de la publicidad, y la respuesta es: nada. En contra de la publicidad no tienen absolutamente nada. La publicidad rodea sus vidas más que cualquier otra cosa y, como todos sabemos, están sometidos a ella. Podría incluirme en la reflexión, pero con lo que gano y mi forma de vida, la publicidad no surte ningún efecto sobre mí. Ellos lo que odian es a los que reparten publicidad, los detestan porque pertenecen a la casta de trabajadores más baja, junto con los que llevan la compra a casa, o reparten libros o los que venden clínex por las calles. Así están (estamos) considerados. Lo peor es que ocurre en un barrio de obreros (mileuristas) para arriba, en absoluto bien pudiente.

En una ocasión estaba colocando las revistas en sus respectivos buzones cuando entró una señora que ya desde atrás me avisaba de que no se podía repartir publicidad. Le contesté con amabilidad (sin pasarme) que no lo era. Sin embargo ella, que volvía cargada de la calle con bolsas publicitarias y con productos que compraba seguramente tras ver los folletos de publicidad de su portal o en la Tv. o donde quiera que fuera, no se lo creyó y se quedó a mi lado, controlándome. Os podéis imaginar lo humillante de la situación. Le pregunté si le pasaba algo. Nada, estoy aquí. Ya le he dicho que no es publicidad, ¿ve? Le enseñé los nombres y direcciones. Ya, ya. Entonces ¿qué hace?, ¿me está controlando? Pues sí, estoy aquí. Empecé a murmurar por lo bajo, estuvimos así un rato. Resulta que yo tengo un problema reciente, ya perdí la vergüenza. No hace mucho de eso, pero el caso es que ya me queda muy poca. Por eso tengo el aspecto que tengo y otras muchas cosas que no vienen a cuento. Entonces decidí que no me podía quedar callado. Cuando terminé hice como que le sacaba una foto con el móvil (mi móvil no hace fotos). Le dije -¿no será Vd. la que está robando las revistas de los clientes?- oye, a mi no me quites una foto ¿eh?- pues sí, se la enseñaré a los clientes para que sepan quién es. También le dije. Vd. ya tiene cierta edad, pero siempre he pensado que nunca es tarde para aprender, y en su caso debería aprender modales, señora. Además le diré una cosa sobre la que debería Vd.
reflexionar, ahora que el tiempo se le escapa y debería saber ciertas cosas, Vd. hace que la frase vieja insoportable cobre todo su sentido, debería pensarlo cuando tenga gente a su alrededor que le sonría y le dé un cariño que no sé si será sincero pero desde luego ni así lo merece. Y me fui de lo más pancho, pensando en cómo escribiría la escena. A partir de ahora cada vez que vaya a repartir revistas iré armado de mi cámara para inmortalizar a estos mortales transeúntes del olvido.

Muchas veces tengo que soportar el ser increpado por viejos que deberían respetar a cualquier clase de trabajador, no sabéis hasta qué punto el trabajador detesta a los otros trabajadores, eso lo he descubierto estos años. Lo peor es cuando el portal en cuestión tiene un portero automático con cámara. Entonces no puedo llamar al azar (por cuestión de rapidez) y decir: correo, ¿me puede abrir? En estos casos he de llamar a los clientes a sus pisos, y si no me abren he de volver en otro momento, porque de ninguna manera el resto de propietarios me abrirán la puerta por mucha amabilidad con la que me exprese. Hola, tengo que entregar una revista para el 2º pero no me abren, ¿sería Vd. tan amable de abr...¡No! ¡¡¡Que te abra él!!! Y cuelgan bruscamente. En una ocasión, en un caso como este, estaba llamando al piso en cuestión pero no me abrían, cuando estaba a punto de irme observé que desde el interior alguien se dirigía a la salida. Cuando es así entro y realizo mi trabajo. La que salió era una chica que no tendría más de treinta y pocos años, pero salió del portal impidiéndome el paso. Lo siento, si no le abren yo no le puedo dejar pasar. Intenté explicarle con amabilidad. Ya, pero mire, tengo que entregar esto en el 3º B y no me cogen. Bueno pues si no le cogen yo no puedo abrirle. No, pero no me cierre. Cerró la puerta, entonces algo enfadado (no lo demostré demasiado) le enseñé el nombre y dirección mientras se iba. ¿Lo ves? ¿Colega? Fulanito de tal, 3º B. Ella se iba repitiendo, pues llame a fulanitooooo, pues que le abra fulanitooooo. ¡Gracias, muchas gracias! Gritaba mientras ella daba vuelta a la esquina. Entonces de nuevo reflexioné. Pero ¿por qué? ¿Parezco un ladrón? ¿Es que acaso parece ella una puta? No, ella no parece una puta pero, ¿qué aspecto tienen las putas?, porque yo he tenido que ver con muchas putas y nunca las vi venir, por lo tanto, la tipa será una puta, aunque yo no sea capaz de distinguirla, y un ladrón? ¿Qué aspecto tendrá un ladrón? También he tenido mucho que ver con ladrones a lo largo de mi vida y tampoco siempre he sido capaz de advertirlos. ¿Será, entonces, que soy idiota? Pues puede que sí, claro, por eso reparto revistas en los buzones de las clases medias de mi barrio por un sueldo miserable y a cambio soporto todas estas humillaciones, porque soy idiota y me lo merezco. ¿A eso se reduce todo? ¿A putas, ladrones e idiotas? Es una reflexión brillante. Putas, ladrones e idiotas. Nos rodean, están por todas partes.
Pero aquí no acaba la cosa queridos amigos. A veces hay acontecimientos que merece la pena que ocurran para ser contados sabiendo que son verídicos. Un miércoles cualquiera me dirigía a por mi coche para ocuparme de otro de mis trabajos del que ya he hablado. Cuando estaba abriendo la puerta del garaje escuché por detrás una gentil voz que me pedía que esperase. ¡Ay qué suerte! espera que me he dejado la llave en el coche. Yo al momento respondí. Claro, pasa, pasa. Cuando me di la vuelta la vi. Era ella. La puta. Bueno, no era una puta en el sentido estricto, pero yo no soy nada estricto, así que lo vamos a dejar, ya que no sé su nombre, no me lo dijo, no se lo pregunté, en que la gentil voz era la de la puta, y yo, el ladrón o, mejor dicho, el idiota, estaba allí, con la puerta del garaje en la mano. ¡Ay no! si Vd. no tiene llave no la puedo dejar entrar. Pero cómo que no me puedes dejar entrar, te digo que la tengo dentro. Ay bueno, pues abre con ellaaa, yo no puedo dejarte entrar, abre con ellaaaaa.

Y la última reflexión: ¿me convertí yo en el puto? ¿Qué aspecto tienen los putos? ¿Y ella? ¿Se convirtió ella en la ladrona? ¿Y su aspecto? Lo único claro es quien era el idiota, por lo menos en lo que se refiere al aspecto. Lo éramos los dos, ella por la cara que se le quedó y yo por la sonrisa que aun hoy no se me quita de la boca.

Y yo: jajajá jajajá.

Alegría, Alegría.

Otro día hablaré de mi otro trabajo como profesor de piano, pero más que de los alumnos quizás me refiera a los padres, que tiene su miga.

lunes, 2 de mayo de 2011.
 
 
Sobre ARCO y otras consideraciones artísticas
Velpister
lunes, 18 de abril de 2011.
 
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