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Octavi Pereña
Momento de reflexión
Octavi Pereña
”Una frase muy curiosa dice que no hay ateos en las trincheras y es cierto” (Lynsay Addario, periodista)
Martín Caparrós en su escrito “El ateo específico” ataca a todas las religiones. No es necesario decir que la Iglesia católica no es exenta de su furia y con ella el cristianismo en general. “O sea que, a su lado (el Islam), el dios de los cristianos sería un abuelo bueno. Pero al dios de los cristianos se le cae la careta todo el tiempo. O Quizás no le guste llevarla, pobre diablo. En cualquier caso hace todo lo que puede – dicen que es todopoderoso – para nosotros que sigue siendo el rey. Por eso contraataca con sus prelados, sus políticos, publicitarios varios. Y lo consigue: en estos últimos días argentinos, por ejemplo, la campaña despiadada de curas y más curas…”

Pienso que el escrito del señor Caparrós consiste en dar puñetazos al aire y si lo acierto lo adivino. Lo que está claro es que expresa una innegable animadversión hacia el cristianismo, no solamente por su condición de ateo declarado, también por el comportamiento de la jerarquía católica. El anticristianismo del señor Caparrós en parte se debe a la actitud indigna de alguna clerecía católica. Hace una evaluación incorrecta de los hechos pues culpabiliza a Dios de unos acontecimientos que los verdaderos culpables lo son unas personas que se dicen ser representantes de Dios en la Tierra y que monopolizan la verdad de Dios sin poseerla.. Jesús claramente considera hipócritas a aquellos religiosos que enseñan como si fuesen mandamientos de Dios preceptos humanos. Dice el Señor que conoceremos lo que son no por sus palabras sino por sus obras. El árbol se le conoce por el fruto que da. Un árbol malo de ninguna de las maneras puede dar buenos frutos. Si el señor Caparrós y todos los que piensan como él en vez de acusar a Dios con infundios se preocupasen en ir a los principios del cristianismo que se encuentran en la Biblia y reflexionasen en la Palabra de Dios, sin lugar a dudas se darían cuenta que las acusaciones que hacen a Dios no dan lugar a ello. Descubrirán que Dios no aprueba el comportamiento de aquellos que hablan en su nombre sin haber sido enviados a hacerlo.

El ser humano no se hace ateo, nace siéndolo por ser descendencia de Adán y persiste en su ateísmo a pesar de las evidencias que la creación aporta de su existencia. Como dice Einstein. “El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia consigue abrir”. A pesar que el libro de la creación habla de la existencia de un Creador, los lectores de este libro extraordinario persisten en negar la evidencia de lo que leen. Por su condición de personas caídas en pecado el diablo les tiene puesta una venda en los ojos que les impide ver la realidad tal cual es. Esta venda cae cuando por la gracia de Dios creen en Jesús como Señor y Salvador. A pesar del engaño satánico el ateísmo es responsabilidad de la persona que niega la existencia del Creador. En su día tendrá que dar cuenta de la decisión tomada.

Existe un ateísmo provocado por aquellas personas que hablan en Nombre de Dios sin haber sido enviadas a hacerlo. Con su hablar extraño que no se ajusta a la enseñanza bíblica y con su proceder indigno que no se adapta a la santidad de Dios, interfieren en la búsqueda de aquellas personas que quieren saber quiénes son, por qué están aquí en la Tierra y desean descubrir lo que hay más allá de la muerte. He aquí la reprensión que reciben de Jesús quienes tienen su Nombre en los labios pero que sus corazones están muy lejos de Él: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos! Porque es necesario que vengan tropiezos, pero, ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo” (Mateo 18: 6,7).

Al inicio de su ministerio público Jesús pronunció este mensaje que es un recordatorio de las enseñanzas proféticas y que fue el núcleo de su enseñanza y de los apóstoles que las transmitieron a la posteridad: “Arrepentíos porque el reino de los cielos sea acercado” (Mateo 4:17). Juan el Bautista que allanaba el camino para que la gente creyera en el Mesías que vendría detrás de él también proclamaba un duro mensaje de arrepentimiento. “Y al ver que muchos de lo fariseos y saduceos (los religiosos de la época) venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os ha enseñado a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3: 7,8). Jesús “que no tenía necesidad que nadie le diese testimonio del hombre, pues sabía lo que había en el hombre” (Juan 2: 25), con más autoridad que la de Juan el Bautista bien se le podrían poner en sus labios la palabras del Bautista dirigidas a los religiosos de hoy que con su comportamiento indigno ponen tropiezos en el camino de quienes buscan a Dios: “¡Generación de víboras! ¿Quién os ha enseñado a huir de la ira venidera? Haced frutos dignos de arrepentimiento”.

En el momento en que los medios de comunicación denuncian la pederastia que corrompe a la Iglesia católica, la jerarquía se apresura a pedir perdón a los afectados por los abusos cometidos contra ellos, pero se olvidan que ante todo deben pedir perdón a Dios porque las fechorías cometidas contra los desvalidos las han cometido contra Él. Hasta el momento no tengo constancia de que se haya hecho alguna declaración pidiendo a Dios perdón por los abusos cometidos contra niños indefensos.

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