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Mónica González Álvarez


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"El Molino es un local diferente, mágico, un espacio de libertad y a su vez transgresor"
Merche Mar, vedette y anfitriona de El Molino

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Entrar en El Molino –leyenda “viva” del teatro barcelonés- es sucumbir a un espacio transgresor, una especie de templo sagrado donde las plumas y lentejuelas, la música y el humor, la picardía y el erotismo, conviven cada noche con un lenguaje propio. El del cabaret. Desde que abriese sus puertas en el año 1908, El Molino ha superado dictaduras, censuras y todas clase de límites en pos siempre de la diversión –que no libertinaje- con el único objetivo de hacer feliz a quien se sienta en la butaca.

Quien visite El Molino no lo hará a un teatro corriente. Aquí los convencionalismos desaparecen, los tabúes se eliminan y todo se convierte en una auténtica caja de sorpresas. Cada noche es irrepetible. “El Molino es único en el mundo”, como diría Elvira Vázquez, accionista mayoritaria de Ociopuro (empresa que gestiona el teatro).

De hecho, la vida nocturna en la Ciudad Condal se hizo famosa gracias en parte al éxito que este teatro, cosechó en su barrio de toda la vida, el Paralelo.

Bautizado en multitud de ocasiones como “El Petit Moulin Rouge”, por él pasaron cientos de artistas importantes como la mítica Bella Dorita, La Maña, Pastora Imperio, Merche Mar, Raquel Meller o la mismísima Sara Montiel. Fue la Saratísima quien popularizó el famoso cuplé, al que tanto se ha hecho referencia en películas de la época.

Más que un teatro, un hogar


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La década de los setenta y ochenta supuso la época dorada de El Molino. Sin embargo, el final de la dictadura significó su declive hasta que en 1997 acabó por cerrar sus puertas. Una de las testigos del esplendor del Paralelo es la vedette Merche Mar, figura clave en su historia y que hasta su reapertura en el 2010, ha luchado por lo que considera su casa y su escuela. “Aquí he vivido la mayor parte de mi vida, aquí encontré mi primer amor, aquí me he formado en mi adolescencia, aquí he aprendido a ser mordaz pero elegante al mismo tiempo, a jugar con las palabras sin herir susceptibilidades, a ser respetada y querida. Aquí está mi público y una parte importante de mi vida”.

Todo aquel artista que se precie de trabajar en El Molino, dice Merche Mar, tiene que “ser un artista polivalente, un luchador y tener buenos reflejos”. Al fin y al cabo, cuando hablamos de este recinto, hablamos de un local diferente, mágico y repleto de libertad. “En una época tan oscura como la que vivimos la gente quiere distraerse y olvidarse de sus problemas. El Molino te da todo eso. Es un espacio donde puedes sorprenderte, emocionarte y divertirte al mismo tiempo”, explica con pasión la veterana anfitriona a quien curiosamente le hubiera gustado ser abogada. Y es que al final, “no dejan de ser actores en un juicio. Siempre me he preguntado como pueden defender a un criminal sabiendo que lo es…”.

Tras su derrumbe
El Molino ha marcado muchos hitos. Fue y sigue siendo un icono de la ciudad de Barcelona, un símbolo de libertad y sobre todo de humanidad. Así que cuando las aspas del molino dejaron de girar en el año 1997, todo un barrio se alzó para conseguir su reapertura. Muchos han sido los esfuerzos, muchas las personas involucradas y mucha la ilusión puesta. Una de sus más fervientes luchadoras es Elvira Vázquez, a quien pregunté en una ocasión: “¿qué es lo que hizo que pusieras todo tu empeño en relanzar este teatro?”. Ella, orgullosa, me contestó: “El hecho de pensar que El Molino podría ser la palanca y el motor para que todo un barrio volviera a renacer y tuviera esperanzas de volver a recuperar sus valores”.

Aún recuerdo la plataforma que ella creó bajo el nombre de “Fem girar el Molino”, una asociación que pretendía recuperar el antiguo esplendor del Paralelo perdido con los años. Gracias a esa gran tenacidad, en el año 2010 se consiguió que el Molino girase de nuevo, con más ilusión que nunca y con un espectáculo renovado. Ahí nació “Live in Burlesque”, un show que combina números históricos de El Molino con otros más actuales, sin dejar de lado el erotismo, los ligueros, los corsés o el humor pícaro y mordaz que lo caracteriza.

Unidos por un mismo sentimiento: la cultura
Pero El Molino no solo es espectáculo, es una manera de vivir, una forma de ser, de sentir y de entender la vida. Quizá por eso, lo que más sorprende de este teatro es que su accionista mayoritaria, Elvira Vázquez, haya creado una fundación que ha sido determinante para impulsar conjuntamente el Paralelo. La “Fundació El Molino” está conformada por asociaciones, comerciantes y teatros de barrio, que en el 2009 firmaron con el Ayuntamiento de Barcelona un plan estratégico para hacer que los tres distritos que confluyen en el Paralelo –Ciutat Vella, Eixample y Poble Sec-, trabajasen para desarrollar proyectos y actividades por un bien común: la creación de empleo. De este modo, la FEM conseguiría “dignificar un barrio que por historia, por valores, por densidad, por cultura y socialmente, es el más importante a esos niveles de Barcelona”, afirma Elvira. Aquí se hablan actualmente más de 70 idiomas y confluye la mayor oferta de cultura, comercio, gastronomía y ocio de toda la urbe catalana. Además, se considera a este eje urbano como el “petróleo de Barcelona”.

“¿Cuál es el sueño que te falta por cumplir, Elvira?”, le acabé preguntando. “Que la revitalización y dinamización del Paralelo sea una realidad en el plazo más corto posible y que los ciudadanos barceloneses sepan apreciar los valores de estos barrios que forman el Paralelo”.
martes, 31 de julio de 2012.
 
 
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