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Manuel Montes Cleries
Manuel Montes Cleries
Una vez alcanzada la ansiada jubilación, se vive sin dificultades dentro del segmento de plata durante unos diez años aproximadamente. Después…

Quizás estamos viviendo la etapa más difícil de los últimos cincuenta años y, con seguridad, la más dura de este siglo. La humanidad la soporta con cierta displicencia y un escaso respeto. Los mayores, por el hecho de ser personas de riesgo, la vivimos con temor y una notable dosis de desconcierto.

Se nos han cerrado muchas puertas. Los centros de mayores, las peñas o los lugares de culto, nos son vedados por el temor al contagio. Se nos dificultan los encuentros y conversaciones habituales. Nada de dominó, ni tertulias, ni de cafecito en compañía. Esta es “la nueva normalidad”.

En los trabajos de voluntariado se nos ha invitado cortésmente a apartarnos de los mismos, por temor a “nuestra preocupante salud”. Tampoco podemos recibir ni visitar a nuestros hijos y nietos. Ahora han descubierto que el foco más peligroso de contagio se encuentra en los encuentros familiares. Ni siquiera nos queda el consuelo de visitar a nuestro médico de cabecera. Si tenemos suerte nos receta analgésicos telefónicamente.

¿Qué nos queda? El teléfono, las video-conferencias, el WhatsApp, el ajo y el agua… O el resetear nuestra mente y buscarnos nuevas alternativas. Yo les recomiendo leer y escribir. En el orden que les parezca. Esto nos hace reconvertirnos en “El segmento de papel”. Este se basa en mirar hacia nuestro interior. Es muy bueno meditar. Y posteriormente plasmar nuestros pensamientos en el folio o en la memoria del ordenador. Veremos aflorar nuestros recuerdos, recuperar sentimientos y valorar la maravillosa vida que hemos recorrido. Finalmente, planificar la que nos queda por realizar.

A lo largo de estos meses, en los que nos han sobrado tiempo y ocasiones para pensar, hemos tenido la oportunidad de adaptarnos a esta nueva situación -que no nos gusta demasiado- y plantear una estrategia para el largo periodo que aun nos falta para recobrar la “antigua normalidad”. La vida de ahora no tiene nada de normal.

Artículos del autor

El gesto positivo lo realizó días atrás el protagonista de nuestra buena noticia de hoy. Me voy a extender más en el mismo porque estimo que la actitud de nuestro DEPORTISTA, con mayúsculas, lo merece. Me explicaré.

Acostumbro a despertarme con las noticias emitidas por las distintas cadenas de radio. Esta mañana he terminado totalmente deprimido. Se unen la economía, la salud, la política y la mala leche generalizada.

Hemos vuelto a la “nueva normalidad”. Esa situación tan anormal que nos condena a volver al ostracismo y relacionarnos lo menos posible con nuestras familias, nuestras amistades y nuestras actividades de todo tipo.

No, no me refiero a ese tipo de “dependencias” que condenan a las personas a un futuro terrible. Nada de sustancias “especiales” que dan alas artificiales o las quitan. Estoy pensando en las “nuevas necesidades” que se han incorporado a nuestras vidas en un corto espacio de tiempo y han cercenado nuestra libertad.

Los informativos se surten del espionaje, el “más tú” y las agresiones y vejaciones diarias en el entorno familiar o laboral. Son muy pocos, pero suenan mucho, Mientras tanto siguen trabajando en silencio jóvenes y mayores en la búsqueda de un mundo mejor para las generaciones venideras.

Nadie se podía imaginar el pasado día ocho de marzo que, a fecha de hoy, íbamos a seguir estando casi en la misma situación de sufrimiento que al principio. Han pasado días de confinamiento total, de aplausos en los balcones, de esperanzas frustradas, de acopio de papel higiénico y de toda suerte de alimentos, de experimentación culinaria, de recopilación de memorias.


Por fin la humanidad ha visto la luz. El jugador maravilloso y bajito del Barcelona, se ha vuelto atrás de su decisión de marcharse con viento fresco a otro equipo y otras latitudes, donde no le hicieran “la vida tan imposible” como se la estaban haciendo en la ciudad Condal.


Estamos celebrando un partido en el que se ponen en juego la salud, la economía y el bienestar de nuestras familias. Es un encuentro al que nunca hubiésemos deseado asistir, pero al que se nos ha convocado en contra de nuestros deseos.

 
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