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Manuel Montes Cleries
Manuel Montes Cleries
Viendo lo que sucede… a uno le gustaría estar siempre en periodo electoral

Tengo la suerte de pasar buena parte del año en un pueblo de la Costa Oriental malagueña. El lugar se asemeja a uno de esos zangolotinos a los que los pantalones cortos permiten asomar unas señales inequívocas de crecimiento. A los que, en bastantes ocasiones, se les ve el plumero. Algo así le pasa a muchos municipios de constante crecimiento en los que se promete sin mesura y que, pasados los comicios, cuesta mucho trabajo cumplirlo.

En época de elecciones sus aspirantes a regentes quieren aparecer en todos los eventos. Después buscan más la foto y los golpes de autoridad que la eficacia. Finalmente los perjudicados son como siempre los españolitos de a pie. Aquellos que no son Vips ni salen en Telecinco. En el caso presente se trata de los “mayores” y de los “domingueros” (especie humana malacitana que se desplaza a las playas durante los fines de semana cargados de comida, bebida y pertrechos varios a fin de disfrutar de la mar salada).

Desde hace una semana, uno de los centros de mayores, donde los “puretas” damos exhibiciones de maestría con el dominó, se encuentra cerrado por limpieza y fumigación decretadas por quien corresponde. Estimo que serían muy necesarias estas operaciones para el buen fin y uso del centro; pero a ser posible, en días previos a la llegada de la avalancha veraniega. Creo que se han pasado al cerrar también la parte exterior, donde no hay ningún problema.

Finalmente, tras una semana de destierro, se ha permitido la apertura y las aguas han vuelto a su cauce. El seis doble vuelve a ser objeto de ahorcamiento.

Por otro lado, a lo largo de las playas hay instalados desde hace años una serie de servicios que permiten evacuar aguas mayores y menores a los bañistas. Hace un par de años desapareció uno de ellos inopinadamente. A principios de este verano –primeros días de julio-, una grúa descargó un casetón completamente nuevo que, como supongo, contiene una batería de servicios.

Digo que supongo, porque desde entonces, sigue tal como llegó, envuelto en un lazo como pueden ver en la fotografía y cerrado a cal y canto. Espero que cuando llegue el invierno lo abran y permanezca operativo hasta el próximo verano. Mientras tanto los bañistas desesperados utilizan el solar de una casa abandonada cercana.

La buena noticia de hoy, es que a pesar de los imponderables, de que tenemos un paseo marítimo incompleto -como si se tratase de una “Sagrada Familia” playera- y de los muchos problemas que trae la masificación, este Rincón sigue siendo un paraíso en el que florecen los espetos y el gazpachuelo; donde se puede comprar pan cocido en hornos de leña y uvas de la axarquía recién vendimiadas. De aquí no me echan ni con agua caliente.

Artículos del autor

La televisión en blanco y negro de finales de los sesenta terminaba sus programas con una reflexión bajo el título de “El alma se serena”.

No se que pensarán de nosotros aquellos que, por no responder a los cánones establecidos, consideramos como “distintos”. Para ellos, nosotros somos “diferentes”.

El pasado verano hablaba de mi amigo Juan Caparrós, el último marengo del Rincón de la Victoria, con el que enhebro largas conversaciones a lo largo de la mañana mientras jugamos al dominó. En esta partida nos enfrentamos a otros “indígenas” cuya forma de pensar, de actuar y de vivir es completamente diferente.

La idea fue cundiendo hasta que se hizo firme tras la boda de una compañera que se compró un 600 con los billetitos recaudados y, posteriormente, se trasladó de ciudad y ¡¡no se casó!!

He conocido a lo largo de mi vida un montón de alcaldes; cada uno tenía sus características propias, sus defectos y sus virtudes. Debido a mi implicación social he tenido contacto con muchos de ellos.

Se trataba de un escrito procedente de un viejo amigo que es un poco mayor que yo. Hemos compartido muchas vivencias, especialmente en el campo del servicio a los demás. Se trata de un hombre sencillo, trabajador infatigable y con la fe del carbonerillo.

Pertenezco a una generación que se tragó enterita la mili. Posteriormente, en la etapa de mis hijos, la mayoría de ellos se escaquearon y, finalmente, el 31 de diciembre del 2001, se suprimió el servicio militar obligatorio en nuestro país.

Y llevan razón. Si te pones a analizar detenidamente tu experiencia vital, descubres que tus momentos de felicidad han coincidido con las etapas de tu vida en la que no has tenido miedo a nada ni a nadie.

 
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