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Manuel Montes Cleries
Manuel Montes Cleries
Hay que diferenciar el ser buena gente del ser “gente buena”

La diferencia es sutil, pero apreciable. Quizás lo entenderemos mejor cuando comparemos “un buen hombre” de “un hombre bueno”. El primero lo es por naturaleza; el segundo lo consigue con su esfuerzo.

Viene a mi mente este pensamiento como consecuencia del bombardeo constante de ideas, mentiras, verdades a medias, consejos de todo tipo, insinuaciones veladas, amenazas, etc., que recibimos a través de las redes sociales.

Los que suelen leer mis artículos conocen de sobra mi aversión al mal uso de la cibernética, cuando se utiliza la misma de una forma indiscriminada y, desgraciadamente en muchas ocasiones, artera.

Cada vez que abrimos nuestro ordenador o nuestro teléfono móvil, nos encontramos con una catarata de correos, “memes”, enlaces, etc., que pretenden transmitirnos, cuando no inculcarnos, sus ideas, filias y fobias. Si analizamos con detenimiento los mismos, nos encontramos con una especie de fotografía de la mente y los sentimientos del emisor de los mismos.

Antiguamente los “permanentemente cabreados” esperaban al domingo para descargar su mala leche en los pobres árbitros de turno. O juraban en arameo para sus adentros. O conducían de forma asesina mientras increpaban al resto de sus conductores. O la pagaban con sus empleados.

Hoy no. Si a alguien no le gusta la situación política, las decisiones del gobierno, si hace sol o llueve, si creemos en Dios o no, si hacen rascacielos o chiringuitos, si se ríe o se llora, si se entierra o desentierran “antiguallas”, si eres de izquierdas, de derechas o mediopensionista, si eres blanco, negro o aceitunado, etc., inmediatamente te envía un correo, un chiste o un “meme”, que acentúa de una forma inverosímil la opinión del emisor o transmisor del mismo.

Como contraposición nos encontramos con la gente buena. Esta se transparenta en sus envíos a través de las redes.


Tengo uno que cada mañana me despierta con un saludo lleno de ideas positivas que me ayuda a enfrentarme con las tareas diarias. Hay otro que te envía imágenes del pasado que te ayudan a recordar tus ancestros. Una buena amiga comienza su día publicando una foto de un paisaje maravilloso y una mesa con un desayuno de 500 calorías.

Gente buena que es mi buena noticia de hoy. Son aquellos que te hacen poner “al mal tiempo, buena cara”, en contraposición a aquellos que te envenenan con lo peor de sus mentes y viven del “argumentario” partidista y emponzoñado.

Gente buena que te hace sacar la sonrisa y evitar tu deseo de buscarle las cosquillas a aquellos con quienes te encuentras. Siguen, a veces sin saberlo, las recomendaciones de San Francisco de Asís. Donde encuentras odio, pon amor. Este es un buen propósito para empezar un buen día. Mejor dicho: un día malo que lo hacemos bueno.

Artículos del autor

El evangelio de San Mateo se refiere a los falsos profetas cuando los descubre por su forma de actuar.

Finalmente se ha puesto en marcha la aceleración del tránsito a la otra vida de una forma un poco forzada. Los actuales políticos se han apresurado a estrujar sus mentes para poner en marcha la ley de eutanasia activa. En una palabra y tomándonoslo un poco a broma: la ley del “Palmolive” (derivado del verbo palmar).

Sucede lo mismo que cuando te conviertes en padre. Te crees que es muy fácil, pero la adaptación a este rol es bastante dificultosa. Hace años, muchos años, que soy padre y aun me suspendo cada fin de año en el momento en que me autocalifico como tal. Menos mal que nos quedan años para “progresar adecuadamente”.

Siempre se ha comentado la dificultad de poseer buenos amigos. Se habla de “que se pueden contar con los dedos de una mano”. Mi experiencia vital me ha demostrado que se puede ampliar un poco el número de los mismos pero sin estirarse más de la docena. Hay que diferenciar entre “colegas”, “amigachos”, amistades, “compañeros de fatigas”, y Amigos (con mayúsculas).

A lo largo de aquel fin de semana que transformó mi vida y que me puso en “el inicio de la búsqueda del camino de la fe”, una serie de ideas fuerza martillearon constantemente mi conciencia. Entre ellas destacó el papel de los cristianos como “Sal y luz de la tierra”.

Así lo entienden los usuarios de la función pública, que actualmente está comenzando a derivar por elevación sobre los dirigentes políticos. Aquí cada uno quiere salvar sus responsabilidades cargando el muerto a la falta de criterio y previsión –de los otros- ante las calamidades. Algunas imprevisibles y otras que se podían evitar.

Cada martes por la tarde realizo un programa en una emisora de radio en el que procuro presentar la realidad de una Málaga Solidaria llena de instituciones y asociaciones dedicadas a mejorar la vida de nuestros conciudadanos. Esta semana llevé a los componentes de CEAR (Comisión española de ayuda al refugiado) representados por el responsable de dicha institución en Andalucía Oriental y a uno de sus acogidos: Amadú.

¡Menuda nochecita la del viernes! En mi barrio se convirtieron los cielos en un espectáculo de luz y sonido.

 
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