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Manuel Montes Cleries
Manuel Montes Cleries
Hace años estuve encargado de la comunicación interna y externa de Bancosol

Allí aprendí a amar el trabajo de los bancos de alimentos y admirar la dedicación del entonces presidente, Javier Peña.


Esta semana he participado en la asamblea en la que se ha nombrado una nueva junta directiva presidida por Joaquín Jiménez –hasta ahora presidente en funciones-, lo que me ha permitido rememorar ese slogan que tuve la oportunidad de crear en su día; Bancosol: Un banco con mucho interés.


Se van a cumplir veinte años de la constitución de esta plataforma de recuperación, tratamiento y distribución de aquellos excedentes o productos de inminente caducidad que pueden ser perfectamente aprovechados. De aquella cuartelada de Merca Málaga a las extraordinarias instalaciones actuales, ha sido el necesario el trabajo y el esfuerzo de mucha gente. En especial, de Germán Barceló y Javier Peña, presidentes que ya no se encuentran junto a nosotros, pero siguen estando entre nosotros. Con Javier, que me fichó para hacer mis primeros trabajos en la comunicación, he tenido la oportunidad de compartir ilusiones y bien hacer. Siempre desde la oración y el encuentro con el necesitado.

Los bancos de alimentos, y en este caso Bancosol, son un ejemplo del trabajo solidario bien hecho. Así lo reconocen todos los malagueños que cada día y, especialmente, en las grandes recogidas, se vuelcan en la entrega de toneladas de alimentos y objetos de aseo, que después llegan a los beneficiarios a través de las entidades de reparto.


Mi buena noticia de hoy son esos cientos de voluntarios anónimos que, mañana y tarde, allí en el quinto pino, se enfundan en los petos de Bancosol, y se ponen a la tarea de pedir, recoger, clasificar y repartir alimentos para miles de familias malagueñas que no llegan a final de mes. Día tras día, desde el anonimato, dan de comer al hambriento.


BANCOSOL es un banco con mucho interés. Nos da el ciento por uno.

Artículos del autor

Por una parte Don Juan Carlos, que ha cumplido 80 años; por otra aquellos “magos” que desfilan en cada población; esos que salen el día y a la hora que les parece. Finalmente, “las novedades”: reyes, reinas y mediopensionistas.
Sería muy triste si nos quedáramos solo en eso. Desde pequeño me han gustado mucho los mercados. Sí, esos lugares donde se compraba el chanquete y el perejil, los avíos del puchero y las arencas.
Así cantábamos los niños de los cincuenta alrededor de aquellos nacimientos de corcho y papel mojado, con ríos de plata confeccionados con el papel de plata de los chocolates y figuras de todos los tamaños, como si de se tratara de uno de los viajes de Gulliver.
El refrán completo dice: “en las cuestas arriba quiero ver el mulo; que las cuestas abajo… yo me las subo”. Una verdad como un templo; en los momentos difíciles es cuando las personas damos la talla.
En esta ciudad no estamos acostumbrados a esas inclemencias meteorológicas. Aquél día había amanecido con un sol radiante y una sensación de frío bastante notable.
El primero de ellos está integrado por aquellos que andan por el mundo de modo inconsciente y con una pachorra pasmosa que le hace pasar de todo indolentemente.
No quiero pasar ni un día más sin reflejar la admiración que siento por esta cantante excepcional que no deja de sorprenderme en cada una de sus actuaciones en el programa de Antena 3 “Tu cara me suena”.
Estamos más pendientes de Puigdemont o de Rufián que de estos hechos tan terribles. Nos quedamos tan tranquilos. Como si no nos importara demasiado.
 
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