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Manuel Montes Cleries
Manuel Montes Cleries
Por fin ha acabado el martirio que supone vivir reiterativamente unos comicios. Sobre todo si se acumulan en un corto espacio de tiempo

El españolito de a pie está hasta las narices de tantas elecciones. Como diría “el Mendo”: “Esta ahíto de tanto parchear y tanto pito”. Semana tras semana nos han estado bombardeando con promesas que no piensan cumplir, con descalificaciones del otro, que podían reconocer en sí mismos mirándose al espejo, y con mítines a los que acuden tan solo los que ya están convencidos.


Ahora comienza el tiempo de las “estampitas”. Sí, como aquello que hacíamos en los recreos: te cambio la de Puskas por la de Kubala (uno es un poco mayor). “Te cambio mis votos por un ministerio y dos direcciones generales”. “Te apoyo en la investidura si me sueltas presos o me pones embajadas”. “Me tapo la nariz y me hago social-demócrata-cristiano-marxista y de las JONS”. Etc., etc.

Ya está bien. A ver si pasan pronto estos días y aquellos a quienes toque comienzan a preocuparse más del futuro y a hablar menos del pasado. A ver si se ponen de acuerdo para trabajar y defender a los españoles y no dedicar el tiempo a cultivar su poltrona y defender a su partido y a sus comilitones.

A ver si de una vez por todas nos dejamos de perseguir a los cazadores y los pescadores mientras nos comemos una lubina a la sal o un buen guiso de conejo. A ver si nos preocupamos menos de la vida sexual de las gallinas y más de esas pobres mujeres explotadas por los proxenetas en los “bares de luces coloradas”, donde se encuentra el “descanso del guerrero” de algunos “usuarios” de tarjetas bancarias repartidas por los poderes públicos.

Mi buena noticia de hoy me la proporcionan esas voluntarias de Red Madre que han atendido el pasado año a más de doscientas mujeres en Málaga. Esas futuras madres que estaban decididas a someterse a una “interrupción voluntaria del embarazo” y que, gracias a la ayuda de esta asociación, han asumido su responsabilidad como gestantes y han continuado con el mismo hasta el nacimiento feliz de sus hijos. Pienso que esto es “predicar y dar trigo”. A ver si aprenden nuestros flamantes miembros del nuevo gobierno. Que espero lo haya. Ya está bien. Menos manteles y más comida. Menos promesas y más hechos. Menos debates y más atención a la gente de a pie.

Artículos del autor

Los dos sucesos a los que me refiero hablan de muerte y de sus consecuencias. El primero la muerte en una carretera cordobesa de un lince ibérico. Dice el Diario Córdoba: Un lince ibérico ha sido atropellado esta tarde en las inmediaciones de Córdoba.

El pasado miércoles andaba deprimido -como casi siempre- inopinadamente, me encontré con esta recomendación.

No voy a entrar en discernir de qué parte está la verdad. Ni siquiera voy a dilucidar quién tiene la razón. Lo que me preocupa es que a mí, y a mi familia, nos está involucrando y perjudicando. No estoy preparado para denunciar a los culpables, “Entre todos lo mataron y el solo se murió”. El caso es que estoy siendo invadido por una sensación de alerta precursora de un “canguelo” indescriptible.

Todo viene de la aceptación de que soy mayor y estoy mayor. Como unos nuevos imitadores de Peter Pan, no queremos reconocer que los años han pasado y que, sin dejar a un lado el presente o el futuro, podemos convivir perfectamente con los recuerdos. En estos días estos se han agolpado en mi mente.

Como todos recordarán, esta frase dio título a una película que recogía los diversos estadios de este padecimiento, vividos por el ex presidente de la Generalitat y exalcalde de Barcelona Don Pascual Maragall.

Los componentes de aquella pequeña nacida en los años sesenta lo tenían muy claro. Todo el mundo tiene una faceta de bondad nacida de su condición de ser humano que vive en comunidad.

“Ay de aquellos que se sienten seguros…

se acuestan en lechos de marfil,

se arrellanan en sus divanes,

comen corderos del rebaño y terneros del establo;"

Me imagino que esta situación le preocupa muy poco a los dirigentes políticos de nuestra querida España. Bastante tienen con organizar unas nuevas elecciones que les permitan seguir aferrados al sillón, al poder, al prestigio y, como no, al dinero.

 
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