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Manuel Mariscal Zabala
En cinco minutos
Manuel Mariscal Zabala nació en Talavera de la Reina (Toledo) en 1992. Actualmente estudia Grado de Periodismo en la UCM. Desde agosto de 2011 cuenta con un blog personal donde publica artículos de opinión, textos dedicados a pasajes históricos y entrevistas a personajes de interés (http://elblogdemanuelmariscal.com/). Desde abril de 2012 colabora en la sección de historia de QAH.

Como podéis observar, Manuel Mariscal es un periodista en construcción, cuyos intereses principales son la política nacional y la historia. Se define políticamente como conservador. Le apasiona defender sus ideas siempre que el respeto y la buena argumentación acompañen al diálogo.

Twitter: @MariscalZabala
Blog/Web: http://queaprendemoshoy.com/author/manuel-mariscal-zabala/
Email: mmzmanuelmmz@hotmail.com
Manuel Mariscal Zabala
Últimos textos publicados
Fiesta Nacional sí, maltrato animal no
Nada ni nadie como los toros y las vaquillas esperan la llegada del otoño con mayor anhelo de esperanza
Estoy seguro que nada ni nadie como los toros y las vaquillas esperan la llegada del otoño con mayor anhelo de esperanza. De momento siguen vivos, aunque sea quizás sólo por unos meses más. Y es que termina la época del año donde estos animales se convierten en protagonistas de buena parte de las fiestas populares de los pueblos españoles, y no precisamente por algo que les suponga, al menos para ellos, una diversión.

Mi padre nunca me llevó a ver los toros, y esta puede ser la causa por la cual, no disfruto como me gustaría de la Fiesta Nacional. Lo más parecido que veía eran los encierros de su pueblo. Lo recuerdo así: jóvenes borrachos divirtiéndose a costa de una vaquilla atemorizada.

Pero como me siento orgulloso de mi país y de sus costumbres, veía que eso de que no me gustaran los toros no podía ser. Así, una de las cosas que sabía que quería hacer cuando llegara a Madrid, de eso hace más de tres años, era ir a ver una buena corrida a Las Ventas. Siempre me he sentido algo resentido por no disfrutar del arte sobre el que escribieron Federico García Lorca, Ortega y Gasset o Valle Inclán o pintaron Goya, Miró, Picasso o Dalí.

A pesar de que no me entusiasmen, prefiero ser honesto, y nunca me he planteado desear que se prohibieran (me refiero a las corridas de toros). Y me explico. El principal argumento utilizado por los antitaurinos para prohibirlo es el sufrimiento del toro y la supuesta diversión de los espectadores al ver tal acto. Y este es el mismo argumento que yo utilizo para rechazar ciertas fiesta populares, como las que he citado anteriormente que veía de pequeño, o como los correbous, el toro embolado, el toro de la Vega, peleas de gallos y perros (con sustancias que les hacen ser más agresivos)... En estas fiestas se puede apreciar un sufrimiento injusto del animal, indefenso ante una cierta pandilla de violentos que para entretenerse tienen que torturar al animal hasta la muerte y sin darle una posibilidad de defenderse. Pero, entiendo, y por eso mi intención de ser honesto en mi juicio, no se puede equiparar esto con la verdadera corrida de toros.

Y por eso fui a Las Ventas, recuerdo que fue en la feria de San Isidro del 2011. Y para nada era comparable con lo que veía en mi pueblo. Allí vi una verdadera lucha entre el animal y el humano, entre el toro y el torero, un duelo entre la fuerza y la inteligencia, entre “la bestia y el héroe” en igual de condiciones y un sólo destino para los dos: la vida o la muerte. Y a pesar de que no me entusiasmaría ir de nuevo, reconozco que por algo las corridas de toros se han mantenido en España desde incluso antes de que esta existiera.

Por eso, cuando me preguntan si soy o no taurino, amparo la permanencia de la Fiesta Nacional, que forma parte del icono turístico conocido internacionalmente como la fiesta española por excelencia. Siempre y cuando no sea una lucha entre el toro o vaquilla y medio pueblo o todo aquello que pueda ser considerado tortura indiscriminada hacia cualquier otro animal con ánimo de diversión, pues eso no es arte, es maltrato. Y por tanto, soy partidario de poner límites que hagan que el maltrato, como forma de diversión, no ensucie el arte del toreo.
viernes, 27 de septiembre de 2013.
 
¡Paren las máquinas!
Las cajas de autopago de los supermercados, una amenaza para las trabajadores
Desde hace unos años, estoy observando que grandes superficies que por su propia naturaleza deberían albergar una relación directa con el cliente, están suprimiendo este elemento intrínseco de una compra-venta en beneficio de los ingresos y disminución de costes. Y todo ello a costa no sólo del cliente, sino también de los trabajadores.

Supongo que habrán visto cómo algunos supermercados, que obtienen al año millones en ingresos, están instalando en sus tiendas cajas de autopago. Es decir, en lugar de que sea un trabajador el que compruebe lo que has cogido y te diga el total que tienes que pagar, seas tú el que pases los artículos por caja y después te cobres a ti mismo.

¿Por qué nos estamos dejando engañar de esta manera?, ¿por qué no nos damos cuenta de que estas grandes empresas nos están utilizando para ganar aún más dinero haciendo que seamos nosotros los que hagamos el trabajo que deberían hacer otras personas que posiblemente ahora estén en paro, con todo lo que ello supone? Luego buscamos teorías abstractas y complejas para explicar el fuerte desempleo, pero yo me pregunto si somos nosotros mismos, los clientes, los que estemos contribuyendo a este despropósito basado en que seamos nosotros mismos los que sustituyamos a los trabajadores, auto-atendiéndonos, ¡convirtiéndonos en los propios empleados de las empresas!, o en que máquinas sustituyan a personas que tienen un derecho que les pertenece, a diferencia de éstas, que es tener un trabajo.

Y algo parecido ocurre en restaurantes de comida rápida. Siempre me he preguntado cómo nadie muestra indignación cuando va a comer a estos comedores, por llamarlos de alguna forma, y reciben un trato basado en: espere de pie, elija, pague y váyase no sin antes haber recogido su bandeja. Teniendo en cuenta que ganan millones al día, ¿por qué no contratan a más gente para hacer esto último?.

Lo siento, pero no, no toleraré que me utilicen para que ganen más haciéndome creer que me tengo que hacer yo el servicio. Nosotros somos los que elegimos dónde comprar, y yo, de antemano, entre ir a un restaurante donde me va a atender una persona que me pregunte por mis gustos y me diga qué tal me ha parecido lo que he degustado, y uno que me hace esperar de pie y me pide que me vaya limpiando lo que he manchado, prefiero el primero (el típico restaurante de barrio que me va a costar lo mismo); entre un supermercado que pretende obtener más beneficio haciendo que el trabajo recaiga en máquinas y en el propio cliente y otros que apuestan por generar empleo, me quedo con el segundo. ¡Paren las máquinas! Que devuelvan el trabajo a las personas.
martes, 27 de agosto de 2013.
 
Crónica de una tragedia que nos desvela una verdad
Somos un pueblo que con su capacidad de empatía y ejemplo de solidaridad, hacemos fuerte a nuestro país para afrontar cualquier crisis, cualquier tragedia
Son muchos los que afirman que las casualidades no existen, que las cosas ocurren por algún motivo. Y algunas veces esos hechos que parecen simplemente frutos del azar nos aportan grandes enseñanzas. Como cuando un niño descubre, por casualidad, que son sus padres los que con especial ilusión y cariño se hacen pasar cada año por reyes magos, y se da cuenta que al mismo tiempo que revela un gran engaño, la verdad que conoce es aún mayor: el amor de sus padres.

Minutos antes de la tragedia sucedida cerca de la estación de tren de Santiago de Compostela, ojeaba Twitter y vi un tuit, por casualidad, que me llamó la atención. La historia de un anciano japonés que, junto a otros 200 jubilados más, decidió voluntariamente hacer frente a la crisis nuclear de Fukushima para que los jóvenes del país no se tuviesen que someter a la radiación. Y pensé lo afortunados que deberían sentirse sus compatriotas por la solidaridad de sus mayores. Y al instante se me vino a la cabeza qué orgulloso me sentiría yo de mi país si esto mismo o algo parecido sucediese en él.

Y justo después, vuelvo a Twitter, y cada tuit que veo me torpedea con la terrible noticia que todos conocemos ya. Y aparte de los detalles de la tragedia, me encuentro algo más. Una verdad en la que no había caído, seguramente por el desánimo en que la crisis nos tiene asumidos a todos los españoles. Una verdad comparable a la del niño que descubre que sus padres son los verdaderos reyes. Una verdad tan fuerte que hace que ningún viento de crisis me la pueda arrebatar: la solidaridad de los españoles de a pie hace sublime a nuestro pueblo y grande a nuestro país.

Imposible pensar lo contrario al descubrir españoles que, ante el fatídico accidente, acuden de madrugada a donar sangre en colas interminables, enfermos que piden el alta para que los médicos puedan atender a los heridos, enfermeros y médicos en paro o de vacaciones que acuden al hospital para ayudar desinteresadamente, empresarios hosteleros que ceden habitaciones para los familiares de las víctimas, vecinos que piden a la Policía que les pidan todo lo que necesiten, aunque sean sábanas para tapar a los muertos de la tragedia. Todo un país conmovido. Atemorizado de saber que una nueva 'última hora' es para elevar la cifra de uno de sus compatriotas muertos.

Y como el niño que descubre la verdad de los reyes magos, me siento tonto al haber pensado equivocadamente cuando conocí por casualidad el caso de los jubilados japoneses solidarios que eso en España no se podría dar. Comienzo a esclarecer y a argumentar la verdad que he descubierto. Y me pongo a pensar en el recuerdo de mi infancia, la reacción unánime de la gente durante el secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco, o cuando tenía 12 años, y toda España lloró por los muertos del 11-M. Y me fui a dormir esa noche del 24 de julio con la satisfacción de haber descubierto que los españoles somos admirables. Que somos en realidad un pueblo que con su capacidad de empatía y ejemplo de solidaridad hacemos fuerte a nuestro país para afrontar cualquier crisis, cualquier tragedia.
viernes, 26 de julio de 2013.
 
 
Los malos también existen
Hagamos que los niños crezcan sabiendo que en el mundo que les ha tocado vivir existe tanto la bondad como la maldad
jueves, 20 de junio de 2013.
 
Un futuro para el periodismo
El más terrible de los sentimientos es tener la esperanza perdida
jueves, 30 de mayo de 2013.
 
Monarquía o república, sólo un debate más
El pasado no es suficiente, la gente necesita de algo más para tener fe en un sistema
martes, 9 de abril de 2013.
 
La humildad de dos hombres
Tanto Ratzinger como Jorge Mario Bergoglio han hecho de la humildad su seña de identidad
viernes, 15 de marzo de 2013.
 
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