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Luis del Val FIRMA DE OPINIÓN
Columna de opinión
Luis del Val es escritor, periodista y firma habitual en varios periódicos españoles. Inició sus actividades periodísticas en el diario Pueblo y en el también desaparecido Sábado Gráfico. Ha colaborado en Diario 16 e Interviú. Para el semanario Tiempo trabajó durante ocho años como crítico de televisión. Director de Radiocadena Española (1980-1982), su trabajo en radio le proporcionó el Micrófono de Oro de la Asociación de Profesionales de Radio y Televisión en 1989 y el Premio Ondas por el programa 'Sé que estás ahí' de la Cadena COPE. Su trabajo como guionista se desarrolló en los programas 'Viva el espectáculo' (TVE-1), 'Con ustedes, Pedro Ruiz' (Antena 3) y 'Encantada de la vida' (Antena 3). Es autor de dos comedias musicales y de varios libros de narrativa y ensayo, entre ellos 'Buenos días señor ministro', ganador del Premio Café-Gijón de Novela. Actualmente es comentarista del programa 'Hoy por Hoy' de la cadena SER y en Telemadrid.
    






ÚLTIMOS 5 TEXTOS PUBLICADOS
El giro de Rajoy.
Con los inevitables errores e insalvables equivocaciones, Rajoy no ha sido un mal jefe de la oposición. Por su parte, Zapatero ha estado muchas veces más ocupado en atacar a la oposición que en gobernar y, al gobernar, se ha centrado demasiado en aspectos accesorios y ha relegado los fundamentales, se ha preocupado demasiado del toque del triángulo del percusionista y, en cambio se ha rodeado de unos concertinos obedientes, pero que tocaban bastante mal el violín.

El presidente del Gobierno se ha dado cuenta -hasta el barón de Castilla-La Mancha le ha sugerido que cambie de concertinos- y la última semana se ha olvidado de ser el opositor de la oposición para centrarse en su cometido, que es gobernar. Rajoy, por su parte, encantado de haberse conocido en las últimas encuestas, se

baja cerca del moro, como Isabel la Católica se bajaba a Granada, pero se olvida de que tiene pendiente un giro, una suave metamorfosis, un cambio de tono y actitud.

este país las elecciones las suele perder el contrario- necesita olvidarse del tono de predicador de las catástrofes y presentarse, no como el jefe de la oposición, sino como probable presidente de gobierno, y ello supone menos entusiasmo apocalíptico y más esperanza, menos críticas negativas y más propuestas ilusionantes. Y más moderación. La dialéctica hiriente regocija mucho a la afición -"dales caña, Alfonso"- pero aporta desconfianzas al subconsciente.

Su peligro son los mítines. En los mítines el político se pone cachondo y suelta esos chascarrillos que hacen las delicias de la parroquia, pero los que llevan al poder no son los parroquianos, sino ese puñado de indecisos a los que Zapatero debe convence que no tiene sustitución, y Rajoy dar el giro para presentarse como alternativa fiable. Y falta mucho camino y no poca meteorología social.

lunes 8 de febrero de 2010
La fuerza centrífuga.
Todo partido político-organización, con independencia de su ideología, pone en marcha dos tipos de fuerzas, la fuerza centrífuga y la fuerza centrípeta, que conforman y modelan la composición de sus mandos. A través de la fuerza centrífuga el partido repele la acción de todos aquellos militantes que, con independencia de su cociente intelectual, dudan, cuestionan o, simplemente, piensan por su cuenta. Esta fuerza centrífuga no es violenta, pero es constante y opera de una manera tan persistente que, llegado un momento y sin que nadie

le despache, el militante se queda fuera, pongamos que escribo de Manuel Pizarro.

Pero como ya saben los físicos, todo espacio vacío es muy pronto ocupado y por eso funciona la fuerza centrípeta, que atrae a numerosos mediocres que circulan alrededor de los partidos. De esa manera, por una persona inteligente que se va aparecen media docena de mediocres obedientes, que son con los que se sienten a gusto los partidos. Poco a poco, merced al instinto y al olfato, perviven en el aparato los que nunca se significan, los disciplinados, los que jamás dudan, y los que pueden cambiar de criterio, incluso tres veces en el mismo día, si el mando ha decidido variarlo.

La marcha de Manuel Pizarro ha sido observada con esa soberbia displicente que envuelve el miedo de los integrantes del aparato y sus aspirantes más próximos. No pudo con él Montilla, cuando Montilla era ministro y se creyó que trataba con un contratista de obras de cuando él era alcalde. Y no ha podido domeñarlo el partido político-organización, aunque haya sufrido la fuerza centrífuga. Sé que seré criticado por comparar a los partidos con ETA, pero en el PP y el PSOE está sucediendo lo mismo que en la organización terrorista: poco a poco se van marchando los más inteligentes, mientras los mediocres incruentos y los letales se apretujan para sustituir a los que se van.

jueves 4 de febrero de 2010
Discreciones e indiscreciones.
El ministro de Trabajo, horas antes de que el presidente del Gobierno anunciara, en Suiza, que la jubilación de los españoles se alargaría hasta los 67 años, negó con discreta elegancia cualquier posibilidad al respecto. Nada tampoco se le escapó a la vicepresidenta Económica, durante la última semana de enero, e incluso cabe suponer, aunque es difícil saberlo -las reuniones del Consejo de Ministros son secretas- que ni siquiera se le escapó al propio Rodríguez Zapatero, por lo que no cabe mayor discreción.

Frente a esta discreción admirable y casi imposible de emular, tenemos las indiscreciones de Esperanza Aguirre, no por el micrófono abierto, porque eso no es una indiscreción, sino un medio asalto a la intimidad, sino por declarar que "espera que no se expediente a nadie por estar a favor de la energía nuclear", que es una manera de hacer amigos, sobre de todo de garantizarse el agradecimiento de la señora Cospedal hasta que los votos les separen.

Hay un gurú, con despacho cerca de la Carrera de San Jerónimo, que me dice que cabría la posibilidad de que el PP ganara las próximas elecciones, tuviera más votos en Madrid, pero perdiera el gobierno de la Comunidad. A lo mejor, por esa falta de recato, en un país donde todo el mundo actúa con cautela: los sindicatos, que puede que existan; los viejos desdentados, que no dicen esta boca es mía, aunque haya dinero para operaciones transexuales y no para ponerles una dentadura con la que puedan comer; los licenciados en paro, que son legión; los desempleados, que son millones...

Hombre, el ministro de Trabajo también pecó de indiscreción: eso de decir que las cuentas de la Seguridad Social tienen una salud de hierro... Lo de la jubilación a los 67 años debe ser, pues, una aspirina, pero no pasajera, sino para toda una vida.

lunes 1 de febrero de 2010
Vuelta a casa.
Me encuentro al mediodía con una amiga, en un acto social. Su marido, catedrático, no está porque tiene clases a esa hora. Nos intercambiamos información sobre el estado de las respectivas familias, y me dice que los dos hijos, que fueron buenos estudiantes, licenciados, y que se habían marchado del nido, han vuelto a casa. Lo han hecho obligados por las circunstancias: se han quedado sin trabajo. Es un caso cercano, que conozco, pero no es raro.

Casi cuatro de cada diez muchachos de entre 21 y 32 años que se independizaron de sus padres están de regreso al hogar, no por nostalgia, sino porque no pueden pagar el alquiler compartido al carecer de recursos. Como siempre, la familia es el crisol de la solidaridad continuada, la resistente caldera que impide que esto acumule los gases de la frustración y se produzca un estallido.

Esta vuelta a casa no es la de Ulises, que regresa después de quedar victorioso en la guerra de Troya, y luego de salir airoso de una docena de apasionantes aventuras, sino un paso atrás, la renuncia a la independencia, la derrota que supone admitir el fracaso en hombres y mujeres que han renunciado a muchas horas de asueto para tener un buen expediente académico, puede que para satisfacer una vocación que ven imposible de realizar y, lo que es peor, volver

a la humillación de pedir dinero a los padres para ir a tomar una caña u olvidarse de su situación durante hora y media en un cine.

Les vendimos que el esfuerzo tenía recompensa y que la renuncia de hoy era el escalón para el premio de mañana. Y ha llegado el mañana y están recogiendo el equipo de música y los libros, desenchufando el ordenador y dando un abrazo al compañero o a la compañera de apartamento para llamar un taxi de vuelta a casa. Una vuelta sin gloria que no se merecen.

jueves 28 de enero de 2010
Estricta gobernanta.
María Dolores de Cospedal, que pasa por ser guapa, joven e inteligente, triángulo que no despreciaría la más talibán de las feministas, se ha puesto en plan estricta gobernanta con el alcalde Yebra, porque el alcalde de Yebra coincide con la doctrina oficial del PP al que pertenece, en el sentido de que la energía nuclear no es cosa del diablo, no es asunto de sangradores vampiros capitalistas, y produce una energía limpia y no contaminante, siempre, eso sí, que pongamos a buen recaudo los residuos radiactivos, y nos los dejemos en los patios de las escuelas para que jueguen los niños.

A Francia, nuestra vecina, le compramos la energía nuclear a un precio mucho más caro del que la podríamos producir nosotros, y le llevamos los residuos para que nos los guarde a una tarifa que, en nuestra casa, se podría obtener mucho más barata. O sea, que cuando el PSOE y el PP, por una vez en la vida -y no se lo digas a nadie- se pusieron de acuerdo en que íbamos a construir un almacén de residuos radioactivos para que nuestros bolsillos se alivien un poco de estética antigua, y viene un alcalde dispuesto a que en su pueblo se instale el almacén, llega la "seño" de suaves labios líricamente almohadillados, y frunce las comisuras y convierte los labios en morro despectivo, y está dispuesta a empujar al alcalde de Yebra hasta el linde de la autonomía, de la misma manera que un gobernador civil me amenazó a mí con perseguirme a patadas hasta el límite de la provincia, eso sí, en los tranquilos tiempos de la Dictadura, que la Cospedal no sufrió.

Está claro que corren malos tiempos para la lírica, para los almacenes nucleares y para los alcaldes. Habrá que organizarse un poco la mente para saber lo que es la ideología, lo que es la autonomía municipal y qué coño es eso de la energía nuclear, al margen de los labios, para no tener que quedarnos todos con la boca abierta y el morro torcido.

lunes 25 de enero de 2010
     
 
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