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Luis Agüero Wagner
Luis Agüero Wagner
Donald Trump se deshizo vía Twitter de un secretario que se pasó la raya y fracasó en el intento de reemplazar manu militari al jefe de estado venezolano Nicolás Maduro

La metodología tradicional de Estados Unidos para deshacerse de antagonistas en Latinoamérica, basada en una estudiada dinámica imperial que algunos suponían invencible e inmutable, sufrió un grave revés la semana pasada, cuando el presidente Donald Trump hizo saber a través de su red social favorita que decidía deshacerse de su influyente asesor en temas de Seguridad Nacional, John Bolton.


Según las estadísticas que miden las redes sociales, Bolton dedicó el setenta y cinco por ciento de sus Tweets a denostar contra el presidente venezolano Nicolas Maduro. Según Trump, Bolton lo había informado mal diciéndole que derrocar al jefe de estado venezolano era algo así como soplar para hacer botellas.


A través de la misma red social en la cual Bolton evidenció su obsesión por Venezuela, el inquilino de la Casa Blanca le hizo saber que sus servicios ya no eran necesarios en la actual administración con base en Washington.


Trascendió que el ángel caído fue acusado en privado por Trump de haber querido involucrar a Estados Unidos en cuatro guerras en las cuales las eventuales ganancias serían superadas ampliamente por las pérdidas. El belicismo desmedido de Bolton involucraba a Corea del Norte, Irán, Afganistán y a la Venezuela apoyada por Rusia y China.

Demasiados enemigos, aún para el imperio más poderoso de la historia.


Que Bolton haya dedicado en los últimos tiempos tres de cada cuatro de sus tweets a Venezuela, sin resultado alguno, confirmaron el fracaso del asesor renunciado. Obviamente, Washington no optará por alguien con la misma opinión de Bolton ni tampoco alguien que sea más duro con respecto a Venezuela para reemplazar al botado.


Algunos podrán llamarlo pragmatismo, pero otros prefieren darle el nombre de populismo y demagogia. Curiosamente, ante la coyuntura del presente los conceptos parecen coincidir.


Para un lector latinoamericano puede resultar extraño que en Estados Unidos, para buscar un referente de populismo, los analistas políticos deban remontarse a la década de 1930. Más raro todavía puede resultar que el referente de populismo, hasta quien retroceden en el tiempo para buscar similitudes con el fenómeno republicano de Donald Trump, es un político de izquierdas que enfrentó al mismo Rockefeller, llegando a defender la causa del Paraguay en la guerra del Chaco.


Los latinoamericanos, que no necesitamos retroceder ocho décadas para encontrar en nuestra propia historia paradigmas de populismo, solo podemos sorprendernos al ver a los estadounidenses incurrir con tanta ligereza en un discurso que siempre señalaron , a través de sus poderosas embajadas, como una terrible y perjudicial palabrería.


También cabe preguntarse qué sucederá por estas latitudes con aquellos que hablan de erradicar el populismo, ahora que según los mismos analistas, se ha contaminado la misma Meca a la que rinden pleitesía.


En Paraguay muchos siguen esperando que las autoridades sigan el ejemplo de su modelo del norte. Y resulta contradictorio que hablar a ministros incompetentes, sigue siendo tema tabú para gobiernos que se auto postulan con entusiasmo como seguidores y subordinados del modelo estadounidense.


En realidad, con su acción directa e inequívoca, hoy se han ocupado de dejar fuera de juego a su propio juego y aquello por lo cual se juegan.

Artículos del autor

A principios de la década de 1990, Weiss Junior se entrevistó en Washington con el hijo del senador Long, el también senador Rusell Long, quien había ganado notoriedad criticando y refutando la versión de la Comisión Warren sobre el asesinato del presidente Kennedy.La intervención de Rusell Long en las investigaciones sobre la muerte de Kennedy fue tan notoria que el célebre cineasta Oliver Stone las recreó en su película “JFK”, donde fue interpretado por Walter Matthau en uno de los lapsos más sustanciosos del film.En su encuentro de 1991, los hijos de Long y Weiss explicaron a la opinión pública que compartían ambos un pasado trágico que los ligaba y cuya fecha señalaba un mismo día, el domingo 8 de septiembre de 1935.Meses antes, entre mayo de 1934 y enero de 1935, Huey Long había acusado a los amos de las finanzas de Wall Street, a la empresa petrolera Standard Oil y al mismo Rockefeller de haber avivado las llamas de la sangrienta guerra entre Bolivia y Paraguay de 1932 a 1935.El mismo desarrollo de aquella guerra fue interrumpida varias veces por armisticios inexplicables y resoluciones ridículas de la Liga de las Naciones, de triste memoria, la misma que avaló la expansión Nazi y la invasión japonesa de Manchuria.Finalmente, aquella matanza se detuvo precisamente cuando las fuerzas paraguayas amenazaban el petróleo y gas en disputa, luego de audaces maniobras de su Segundo Cuerpo de Ejército.

Cuenta la hipertrofiada historiografía militar paraguaya que por estas fechas, hace exactamente ochenta y cinco años, se desarrolló una vertiginosa ofensiva paraguaya que causó alarma en Bolivia.

De 1932 a 1935 se desarrolló en América del Sur una guerra digna del realismo mágico que con sobrada razón ha saturado la literatura latinoamericana. Exponentes de dos pueblos descalzos, expoliados y mediterráneos de una pobre región olvidada del mundo se mataron unos a otros, al decir del periodista y escritor estadounidense Theodore Dreiser, solo para decidir si Deterding o Rockefeller habrían de quedarse con el petróleo que yacía en sus entrañas.

Dice un célebre aforismo que los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla, algo que al sur de la frontera conocemos muy bien, aunque esa verdad no siempre la tengamos en cuenta.

Inaugurada en noviembre de 2018 en Tánger por el Rey Mohammed VI y el Presidente francés Emmanuel Macron, el tren de alta velocidad "Al Boraq" Tánger-Casablanca El TGV de Al Boraq reduce el tiempo de viaje entre las dos ciudades en más de la mitad y permiite duplicar el número de pasajeros a más de 6 millones además de contribuir a la seguridad vial y a la protección de los pasajeros, todo ello en un marco de respeto al medio ambiente.Mohammed VI también se intereso todo este tiempo en el rápido desarrollo de las autopistas, para conectar un número cada vez mayor de ciudades y pueblos a la red nacional de autopistas.En el transcurso de dos décadas, esta política ha demostrado su plena efectividad, con el 60% de la población ahora conectada directamente a una moderna red de autopistas, que une sin excepción a todas las ciudades del reino que superan cuatrocientos mil habitantes.Con más de 1.800 km, Marruecos hoy tiene una de las redes de autopistas más largas de África.

Eran guiados por moros que sin mayores remordimientos, penas ni excusas, se pasarían al bando opuesto cuando finalmente llegara el momento de la verdad.Las fuerzas enemigas se encontraban en su propio terreno, luchando por su propia tierra, y a las órdenes de un líder tan eficaz que terminaría en leyenda.Las fuerzas de Abdelkrim, unos tres mil guerrilleros, demostraron una vez más entre tantas, que las guerras las ganan los hombres y no las armas.Concientes de la justicia de su causa y la fuerza moral de ella, lograron derrotar allí a un moderno ejército español de más de trece mil hombres, quizás con mayor riqueza en recursos pero paupérrimo en espíritu.Aquello quedó en la historia como el desastre de Annual, considerada la mayor derrota militar en la historia de España, y consumada por estas fechas en el año 1921, un 22 de julio.Tras humillar al moderno y orgulloso ejército colonial español, Abdelkrim declaró la república del Riff, haciendo retroceder la presencia española en Marruecos a la zona de Melilla, por el este, y a Ceuta, Tetuán y Larache por el oeste.El desastre causó gran conmoción política en España, al punto que el mismo Alfonso XIII diría poco tiempo después a Joaquín Salvatella (ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes) que era inevitable e imprescindible instaurar una dictadura debido al descontento.Gran parte del descontento se debía a las revelaciones del general Picasso, contenidas en un informe que fue imposible mantener en secreto.

En la madrugada del 30 de marzo de 1976, hace cerca de 32 años, se consumaba lo que la prensa paraguaya calificaría entonces como “un crimen pasional en Sajonia”.

A mucha gente le sorprende cuando un catedrático universitario como el español Jorge Verstrynge se declara proteccionista y admirador de De Gaulle, de los jacobinos como Robespierre, y del líder bolivariano de Venezuela Hugo Chávez. Probablemente estos “sorprendidos” olvidan qué tiempos vivimos, y pretenden asimilarnos a la cuadratura del círculo en el cual forjaron sus disciplinadas ideologías.

 
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