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José Morales Martín, Girona

Es lamentable que más de cuarenta años después de aquella transición que asombró al mundo, todavía se quieran reverdecer las heridas de un período nefasto de nuestra historia reciente. La Transición no fue un gesto de olvido, todo lo contrario, fue un ejercicio de memoria en el que todos reconocieron el mal de que fueron protagonistas, y la necesidad de perdonar y ser perdonados, para construir juntos el futuro.

Resulta frustrante que algunos políticos españoles, como Sánchez, no hayan aprendido esta lección. Nuestra democracia ha sido fuerte porque ha sabido integrar, a través de un debate constructivo los valores positivos de la izquierda y la derecha para afrontar los grandes pactos de Estado que necesitaba España para progresar sin sectarismos. Y eso es lo que ahora estamos en riesgo de perder.

Artículos del autor

Hoy he escrito en Internet:”Casos de corrupción en los partidos políticos." Y al abrir un enlace, he visto una lista interminable de partidos. Y he pensado:” ¿Se puede confiar?” Por otra parte, hace poco participé en la manifestación por el cambio climático y vi a muchos jóvenes portando pancartas. Jóvenes que en estos días del Pilar dejarán las calles llenas de basura.Y he pensado:” ¿Se puede confiar?”

En su primera gran encíclica, Francisco pidió expresamente a los 1.200 millones de católicos de todo el mundo que unieran sus fuerzas en esta lucha por el cuidado de la “casa común”, considerada por la Iglesia como un asunto de profundo alcance moral.

Aunque la preocupación por el cambio climático viene de tiempo atrás, con dudas y controversias entre los propios científicos, puede decirse que hasta la encíclica del Papa Francisco “Laudato Si”, el mundo no ha tomado una verdadera conciencia de las graves amenazas que se ciernen sobre nuestra “casa común”.

Muchos recordarán un viejo chiste (otra cosa es la gracia que les haga), este diálogo entre dos personas.

La propensión al activismo de la alcaldesa de Barcelona le hace olvidar que ella representa a una institución pública sometida al imperio de la ley, al tiempo que como cargo electo con responsabilidades ejecutivas representa a todos los ciudadanos de Barcelona. Su partido puede discutir qué hacer, pero ella y el Consistorio deben ser escrupulosos con el orden institucional.

Uno de los dos candidatos a las elecciones presidenciales en Túnez , Nabil Karui, es un hombre de negocios, conocido por sus obras humanitarias y su rechazo del extremismo islámico, que se encuentra en prisión desde hace tres semanas acusado de blanqueo de dinero y fraude fiscal. El otro, que ha obtenido el porcentaje más elevado, es un profesor de Derecho llamado Kais Said, está considerado como un hombre íntegro de posiciones conservadoras pero sin caer en el islamismo. Ambos quieren emprender grandes reformas en el país, pero sus retos más urgentes son el terrorismo, el paro, la corrupción, la economía y, sobre todo, la necesidad de impulsar la ilusión de los jóvenes. En todo caso, los votantes tunecinos han dado una lección a unos políticos profesionales que solo se han dedicado a sus intrigas.


Todos nos preguntamos si lo que falla es el sistema que funcionó desde 1977 hasta que aparecieron Ciudadanos, Podemos y Vox, o si fallan nuestros políticos. ¿Con otros políticos tendríamos gobiernos antes? El propio Sánchez en el debate de investidura propuso reformar el sistema para que fuera el partido más votado el que gobernara, sin necesidad de que hubiera un acuerdo entre los grupos parlamentarios. Pero el presidencialismo es algo muy lejano al espíritu de nuestra Constitución; que el presidente del Gobierno salga de la mayoría obtenida en el Congreso, tiene muchas ventajas. No hay nada estructural que impida que en nuestro Congreso, con cinco partidos, desde ahora seis, se llegue a un acuerdo.


Justo acababa el Papa de regresar de África y se anunciaba ya un viaje del mismo a Asia. En Japón, Francisco cumplirá de algún modo su sueño de juventud, frustrado cuando sus superiores no accedieron a enviarle como misionero. El recuerdo de san Francisco Javier hace que el país nipón ejerza un poderoso influjo para los jesuitas, pioneros en el diálogo del cristianismo con las culturas asiáticas, tema que estará muy presente en su etapa previa, en Tailandia, país de mayoría budista. Pero de la historia del cristianismo en Japón hay un aspecto muy concreto que al Papa le fascina. Tras la expulsión de los sacerdotes, la fe cristiana se mantuvo gracias a cristianos ocultos que transmitieron boca a boca el Evangelio, a menudo pagando por ello el precio del martirio. Ahí ve Francisco un símbolo de esa Iglesia entera en misión, sacerdotes y laicos, que constituye uno de los ejes de su pontificado.


 
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