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José Sarria
La otra mirada
José Sarria (Málaga, España, 1960). Escritor, ensayista, crítico literario y columnista periodístico. Es Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, Diplomado en Derecho Tributario y Master MBA.

Como columnista ha colaborado con Diario Málaga (edición impresa, Málaga, 1998-2006), Diario La Torre.com (edición digital, Málaga, 2006-2012), Semanario La Mañana (edición impresa, Rabat, Marruecos, 2006), MalagaDiario.com (edición digital, Málaga, 2007), Semanario Tamuda (edición impresa, Tetuán, Marruecos, 2007) y Dedatepress-Calle Ficción (edición digital, Principado de Asturias, 2011-2012).

Es miembro del Consejo de Redacción del Suplemento impreso Papel Literario de DIARIO MÁLAGA y de su versión digital (Málaga, 1997-2013), del Consejo Editorial de la Revista Literaria ´Extramuros´ (Granada, 2001-2005), del equipo de Redacción de la Revista Literaria ´Tres Orillas´ (Algeciras, Cádiz, 2002-2013) y del Consejo Editorial de la Revista Literaria ´EntreRíos´ (Granada, 2005-2013).



Email: pepesarria@hotmail.com
José Sarria
Últimos textos publicados
Sefarad en el recuerdo
“Lejos de Sefarad. Poemas de la ciudad de Lucena”. Asociación Cultural CRECIDA
Escribe el poeta madrileño, de raíces andaluzas, Jorge de Arco este emotivo verso: “No tengo otra moneda que el recuerdo”.

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Y ahí está el poeta, dispuesto a ver (más que a mirar), expectante, observando un espacio, una imagen (en esta ocasión una ciudad sureña, como Lucena), en donde la mirada del poeta portugués Fernando Cabrita ha quedado paralizada; su pupila ha recibido un golpe, un impacto del que queda prendido hasta que vuelve a cerrar los ojos y, entonces, esa impresión ya es parte de su sangre, camina por sus arterias y se borda de esperanza. El poeta, Fernando, ve con los ojos del recuerdo, tal y como escribió Rilke en sus “Apuntes de Malte Laurids Brigge”: “para escribir un solo verso... es necesario tener RECUERDOS... Y tampoco basta con tener recuerdos. Es necesario saber olvidarlos cuando son muchos, y hay que tener la paciencia de esperar que vuelvan. Pues, los recuerdos mismos, no son aún esto. Hasta que se convierten en nosotros, sangre, mirada, gesto, cuando ya no tienen nombre y no se les distingue de nosotros mismos, hasta entonces no puede suceder que en una hora muy rara, del centro de ellos se eleve la primera palabra de un verso”.

Y así, en ese proceso, Fernando Cabrita acaba de saber, ha entendido, como si se tratase de un ónfalo, que “nuestra casa era una nación” (p.35). Con este verso, el poeta ya ha aprehendido el libro en su conjunto, ya es depositario de un mensaje que en su palabra se hace recuerdo vivo, emoción, luminaria, magia, cauce de agua y presencia de los olvidados: “Y estos son los nombres de quienes perdieron su patria y su vida / y han sufrido tortura, destrucción y exilio. / Y estos son los lugares donde les dieran muerte / y las fosas donde los dejaran pudrirse entre árboles anónimos. / Y estas son las calas y caminos por donde se fueran de la patria suya hasta entonces” (p.47), contenido en el extraordinario poema “In Memoriam”.

“Lejos de Sefarad. Poemas de la ciudad de Lucena” es un sólido poemario, elaborado con dieciséis composiciones que a modo de patrimonio lírico, surge desde la piel de un antiguo paraíso en donde se remansa el aroma de la nostalgia, entre las calles de este pueblo sureño que reclama la vida de sus hijos sefardíes, una isla al borde del olvido. Y es éste, precisamente, el milagro que se experimenta al leer los poemas, un texto en donde el escritor hace funcionar la memoria como método, como motor del libro. Memoria desde donde regresa la voz de Moshé Ibn Ezra, que nuestro poeta oye (“escucho voces distantes en el viento” –p.9-) y que dice ver como un fantasma “por entre la geometría íntima de las casas” (p.9). Pero Moshé no está solo, le acompañan Isaac Alfasi, las familias Benayon, Bechimol o Benzaken, que se erigen en el testimonio de la ausencia, del dolor y del recuerdo.

Escribía Jaroslav Seifert que “recordar es la única manera de detener el tiempo”, y es este es el mecanismo empleado por nuestro autor para anular el conjuro del destino y hacer posible el prodigio de devolver a los sefardíes exiliados la posibilidad del regreso, de hacerlos presentes, de anular el olvido: “Algún día alguien nos llevará de vuelta a casa …/… y alguien llamará con pasada voz / los nombres que tuvimos y nunca olvidaremos” (p.39). Y así es como Fernando Cabrita abre portillos y ventanas, para que retornen a través de sus poemas todos aquellos que un día fueron injustamente expulsados de su casa, tal y como nos enseñó el poeta hondureño Roberto Sosa a través de su lírica del compromiso: “Por eso / he decidido –dulcemente- / -mortalmente- / construir / con todas mis canciones / un puente interminable hacia la dignidad, para que pasen, / uno por uno, / los hombres humillados de la Tierra”. “Lejos de Sefarad” es un poemario que va desgranando la evolución del exilio personal, del transcurso de la existencia, de la diáspora (“Lloro mi país perdido …/… ¡Oh Cautiverio Nuevo, cuyas cadenas son distancia y tierra ignota.” –p.35-; “Y sólo tenemos como nuestro un poema de exilio que no sabemos recitar” –p.37-). La meditación, la mirada interior y la memoria son el recurso posible en donde el tiempo se estanca para dar paso al prodigio de la inmortalidad, gracias a la resurrección que se esconde en las palabras y que hace posible el regreso en la voz, en la palabra del poeta.

Fernando Cabrita se erige, desde este poemario, como gallardete de los débiles, de quienes han quedado sin voz, antorcha viva de aquellos que un día fueron injustamente postergados (“¿habrá algún anciano, en un pueblo triste, que aún pronuncie nuestro nombre?” –p.17-). “Lejos de Sefarad” es, además de un bello y hermoso poemario, de una factura impecable, el testimonio -del poeta- elevado a categoría de símbolo plenamente estético, perdurable y universal: “Siempre hubo un silencio que se recitaba en el canto de los pájaros” (p.23), “Yo fui ese pájaro / perdido dentro de mí y en todos los viajes” (p.57).

La armoniosa cadencia con que está escrito el poemario me hace recordar el suave rumor musical de las aguas que corren por los canales de las acequias o en los molinos arabescos. La templanza semántica que ha sabido crear Fernando Cabrita confiere al texto la eufonía necesaria para acompañar a la voz poética. Voz que se sustenta sobre un lenguaje claro, preciso, entendible y directo, silente, sin estridencias, con la ágil prestancia de una gacela o el rumor del viento en las dunas. En definitiva, un poemario que hace apuesta por la belleza convertida en palabra o por la palabra que se transmuta en belleza. Belleza, equilibrio y armonía se dan la mano en esta composición de rescates y vindicaciones por aquellos hijos que amaron y siguen amando su casa enraizada en este lugar llamado Sefarad: “Guardo y guardaré para siempre la llave del sur que abriera nuestro hogar …/… De nostalgia bordamos nuestros huertos …/… De nostalgia bordamos toda la esperanza.” (p.19), versos que tanto me recuerdan aquellos otros del poeta iraquí Hilal Nachi: “Somos ceniza, ceniza de hombres, sombra de una llama ../… bordamos nuestra historia con estrellas”.

Escribía el crítico literario granadino, Antonio Enrique, lo que sigue: “El poeta dispone de un arma, que lo hace inmensamente peligroso a cualquier orden jerárquica establecida: su emoción. Nos emocionamos, no sabemos a ciencia cierta de qué ni por qué. Pero sólo la emoción hace que el poema sea duradero. De casi otra cosa no tenemos certidumbre, pero de esto sí: los poemas que quedan son los que nos conmueven”. El poemario “Lejos de Sefarad” del poeta Fernando Cabrita es, sin duda alguna, un poemario perdurable y eterno, pues en sus aguas reside, como una isla mitológica, la magia de la emoción que se hace viva mediante el recurso del recuerdo.
lunes, 1 de agosto de 2016.
 
Manifiesto en apoyo al escritor Mohamed Doggui y a la libertad de expresión en Túnez
Manifiesto
En estos días hemos recibido, con gran inquietud, la preocupante información acerca del proceso judicial abierto en Túnez contra el hispanista y poeta tunecino, Mohamed Doggui, profesor en la Facultad de Letras, Artes y Humanidades de la Universidad de la Manouba.

En este proceso, el escritor Mohamed Doggui, está siendo imputado por la justicia tunecina por haber cometido un presunto delito de “difamación” por las sátiras que viene publicando regularmente en su página de Facebook, destinada a la poesía, así como un delito de “ultraje a la moral pública y buenas costumbres” por haber empleado la expresión malsonante “hijos de puta” en su poema titulado “Eufemismo: los H.P.”

La Declaración Universal de Derecho Humanos (DUDH) y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), garantizan el derecho a la libertad de expresión, ambos en su artículo 19: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. La libertad de expresión es fundamental porque ella sustenta otros derechos humanos para que éstos puedan ser realizados. Es por ello, que la comunidad internacional viene reconociendo a la libertad de expresión y a la libertad de información como algunos de los más importantes derechos humanos.

Cualquier democracia respetable y consolidada no puede contribuir, de ninguna manera, a la censura y a la intimidación, encaminadas a la limitación de la libertad de expresión, pues ésta es la manifestación real y concreta de la mayor de las libertades de los seres humanos: la libertad de pensamiento.

El creador ha sido históricamente un referente social. Eclipsarlo supondría fracturar el tejido vertebrador de las sociedades e interceptar el progreso. Todo creador, utilizando la forma de expresión que le ha sido conferida, se compromete a valerse de la palabra para explicar el mundo. Desde la Asociación Internacional Humanismo Solidario reivindicamos el compromiso del creador con la sociedad y con la historia, que viene a ser compromiso con la palabra y con la vida, desde la resistencia y la vinculación, como actos de responsabilidad por el “otro”, aceptando que ética y estética conforman la cara y la cruz de una misma moneda. El arte exige una irrecusable toma de conciencia que propone como afán de su creación y pensamiento al ser humano.

Entendemos que la demanda abierta contra Mohamed Doggui, dirigida a acallar una voz discrepante y divergente, bajo el inane argumento de que sus textos y expresiones obscenas contribuyen a pervertir a la sociedad y a los jóvenes estudiantes, es una clara advertencia que intenta intimidar al escritor y, por ende, servir de ejemplo para otros, convirtiéndose en un flagrante episodio contra la libertad de expresión, que protegen la Declaración de los Derechos Humanos y los acuerdos y tratados internacionales.

Desde la Asociación Internacional Humanismo Solidario, que es una corriente crítica e intelectual de personas libres que asumen el uso de la palabra como obligación social bajo los irrenunciables principios del compromiso y el comportamiento ético, venimos a mostrar nuestro apoyo al escritor tunecino Mohamed Doggui y manifestamos nuestra preocupación por este proceso judicial abierto que podría suponer un retroceso en el camino hacia las libertades emprendido por el noble pueblo tunecino, desde su vocación democrática, antorcha de la primavera árabe.

MOHAMED DOGGUI (Túnez, 1956). Poeta y novelista tunecino de expresión española. Ganador del IIº Certamen Internacional "Cuentos del Estrecho" con su obra Mamadú y los verbos españoles (Cádiz, Fundación Dos Orillas), Mención de Honor del certamen de poesía Juegos Florales de Primavera convocado por la editorial argentina Ediciones Mis Escritos. Ha publicado, además, la novela Alizeti: la fugitiva del Sol (Barcelona, Plataforma Editorial). Autor de los poemarios: Entre Levante y Poniente (Madrid, Sial Ediciones) y Derroche de azabache (aún inédito). Su obra poética está incluida en Calle del agua: Antología de literatura hispanomagrebí (Madrid, Sial Ediciones), en varios números monográficos de la revista literaria Entreríos (Granada) y en la revista intercultural Dos orillas (Algeciras). Es profesor de español en la Universidad y el Instituto Cervantes de Túnez. Es autor de El verbo árabe y su equivalencia en español(Madrid, Darek-Nyumba, 1989) y de Chateaubriand y España (Tunis, Publications de la Faculté des Lettres de la Manouba, 1992). Es miembro del consejo asesor de la revista Anaquel de Estudios Árabes de la Universidad Complutense de Madrid. Desde 1998, es autor y presentador de un programa radiofónico semanal sobre la lengua española y las culturas hispánicas, en Radio Túnez Cadena Internacional (RTCI). Colabora con periódicos hispanohablantes.
martes, 17 de mayo de 2016.
 
Elegía del recuerdo
'El corazón de la gacela', escrito desde la madurez
Podríamos afirmar, sobre Mariluz Escribano, que hasta hace pocos años había sido una poeta recogida y reservada. Y utilizo estos términos porque durante mucho tiempo la suya ha sido una poesía que ha permanecido alejada de los cenáculos de la mal calificada notoriedad, pero que ha ido creciendo, macerando, dilatándose, con suma paciencia, con la serenidad precisa como para elaborar un discurso absolutamente propio y extremadamente genuino, en la línea de la afirmación de Antonio Machado: “Algunas rimas revelan muchas horas gastadas en meditar sobre los enigmas del hombre y del mundo”.

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Desde el anaquel de su corazón (ese que junto al viento habita una casa sosegada, p.20), amparada por sus papeles de docente o acunando a los “cinco muchachos” que llegaron entre nanas y besos (p.65), nuestra autora ha ido incubando estos poemas, silentemente, sin estridencias, con la ágil prestancia de una gacela. Las evocaciones y la sutil huella de las pasadas experiencias han quedado fijadas como una marca, como el surco de un grácil vuelo, de forma permanente en el recuerdo de nuestra poeta que ahora los ofrece desde el altar de una memoria que se universaliza y se hace testimonio ante los ojos de los lectores.

Escrito desde la madurez (que a veces se representa como decadencia del presente: “porque el tiempo ha borrado la voz de los amigos. / Envejecen las cosas y también las palabras: / ahora me cuesta mucho escribir estos versos”, p.64, del poema “Envejecen las cosas”) la poesía se convierte en redentora, en salvadora del cotidiano devenir. Junto a bellísimos poemas dedicados a Agustín, el padre que no pudo conocer (y que tanto significa en su poesía), a su madre viuda obligada a exilarse hacia tierras septentrionales (que “es una estampa / sentada en la maleta”, p.17), a la pérdida de la infancia (“Hoy, cuando es junio en la rosa, / me gustaría habitar / los años de la infancia", p.57) o a otros pasajes de su existencia, la memoria queda fijada en un poemario que se divide en cinco espacios o capítulos, desde los cuales nuestra autora mantendrá un pulso continuo con la imperiosa necesidad de convocar a la vida, a fin de espantar a la muerte a través de los versos: “El teléfono tiene una mudez de muerte …/… todos han olvidado / que habito entre los vivos …/… Alguien, sin duda, me ha dejado en olvido, / en ese territorio de los desvanes viejos.”, p. 49.

La decadencia, concebida como pugna entre la muerte y la vida (que no es otra cosa que esa “cotidiana excursión hacia la muerte”, según los versos de Mario Benedetti), planteará dicotomías de gran interés, enfrentándose con valentía, al trascurrir de los días, más que acometiendo planteamientos sobre la trascendencia, como queda patente en el poema “Vivo en el tercer piso”, p.50. Y todo ello, magistralmente hilvanado con la precisa propuesta de quien ha superado miedos y temores, haciendo que muchos de sus poemas, dotados de intensa emotividad, sean tratados y resueltos con gran singularidad.

Escribano asume el paso del tiempo (un referente imprescindible para entender la poesía de Mariluz) y lo utiliza como mecanismo creacional, recorre los límites del pasado y conforma un altar en forma de poemario construido con la sutil ironía de quien ha superado toda una existencia, conjunto de pasiones y afanes, asuntos domésticos, deseos y desencuentros, para acabar arribando, al fin, con estos hermosos versos: “Deshojadme violetas en los ojos / para que yo no vea la tristeza del viento …/… Devolvedme / la infancia que he perdido / porque quiero marcharme”, p.35, que conforman, junto a estos otros: “Después de tantas lluvias / y atardeceres lentos, / ahora es tiempo de paz, / de paz y de memoria”, p.9, la esencia de El corazón de la gacela: tiempo de paz y de memoria, tiempo de contemplación del pasado con los ojos de la quietud de quien ha alcanzado las terrazas del sosiego y cuya aspiración es marcharse una vez conciliadas todas sus tempestades interiores: “Cuando surja la luz de primavera, / y las rosas dibujen sonrisas de colores, / escribiré una carta para cinco muchachos –sus hijos-, / contándoles lo mucho que gané con la vida …/… creo que ya he cumplido / mi misión en la tierra”, pp.65-66..

La poesía de Escribano sorprende, desde su primera entrega, por la rigurosidad métrica de sus poemas, tallados con un clasicismo propio de la mejor tradición castellana. Gran conocedora de los mecanismos que desencadenan la creación poética destaca en su escritura una gran profusión de versos heptasílabos y endecasílabos, junto a los alejandrinos del poema “Los niños soldado”, p. 59, encastrados con perfección de orfebre que confieren al texto, un ritmo y una ligereza sin igual. A pesar de ser la arquitectura de Mariluz un conjunto minuciosamente concebido, no se estructura la poesía desde la rotundidad de palabras solemnes, bajo el palio de las metáforas o la significación de un dificultoso simbolismo. Por el contrario, goza de un oído poético privilegiado capaz de elevar al mundo lírico y al tono poético aspectos cotidianos de nuestro devenir, utilizando un lenguaje sencillo, inmediato, de corte urbano o civil, creando un espacio escénico donde precisión y claridad se dan la mano, para hacer alarde, con un tono asequible y coloquial, de un mensaje lírico extremadamente sensible y de gran calado. Busca Mariluz, y lo consigue, acercar el poema al lector, su complicidad, quien verá reflejada su propia vida en la cotidianidad de las escenas propuestas por la autora. La originalidad en la poesía de Mariluz Escribano estriba (tal y como concibe la singularidad lírica el profesor sevillano Manuel Mantero) en escribir poemas con las palabras de todo el mundo, aunque creando los poemas que no conseguiría escribir todo el mundo. Poesía confesional, dotada en muchos casos de un realismo autobiográfico reconocible, donde el centro del discurso lo componen aspectos y elementos su cotidianidad que son convertidos en símbolos elevados a trascendencia bajo la emoción evocadora del pasado y los recuerdos. Pero Escribano no se detiene en los objetos o experiencias que pudieran ser las propias de cualquier otro ser, sino que las utiliza y las reelabora desde el crisol de la palabra para hacer con ellas testimonio elevado a categoría de símbolo mediante una poesía singularmente precisa, siguiendo la estela de la línea estética del poeta italiano Paolo Ruffilli:: “He aquí mi sueño de escritor: quitar peso, el mayor posible, a mi escritura... Para pronunciar verdaderamente lo sublime, pienso que es preciso salir del calco, de la huella, de un rastro sutil. Por una ley de lo inversamente proporcional: cuanto más bajo es el tono, tanto más alto es el efecto”.

Concebido en su etapa de madurez personal (que a veces se representa como decadencia del presente: “Una silla vacía es la amarga certeza / de que una voz termina y se escucha el silencio”, p.62) y jalonado de tonalidades melancólicas (“aquel tiempo feliz / que fue la infancia”, p.53) el poema resucita de ese aparente ocaso para convertirse en aspiración sublime, en redentor del cotidiano devenir y, en definitiva, en propuesta estética vivificadora. Con esta recopilación poética la granadina, que se exilió en Tierra de Campos, elude ser un mero notario de sus días, un simple registrador de lo inmediato; logra, afortunadamente, trascender de la realidad, siendo capaz de edificar, desde el corazón de una gacela, ahora sosegada por el transcurso de los años, un estandarte, un memorial, que sustente el paso del tiempo.

Con esta nueva entrega poética, Mariluz Escribano se consolida, definitivamente, como una de las voces líricas de mayor calado y profundidad dentro del actual panorama de las letras andaluzas y españolas.

EL CORAZÓN DE LA GACELA
Mariluz Escribano
Valparaíso Ediciones. Granada, 2015.
lunes, 2 de mayo de 2016.
 
 
Andrés Bódalo: poesía eres tú
Varios dirigentes de Podemos han puesto en solfa la decisión del juez
lunes, 4 de abril de 2016.
 
La otra mirada
La expulsión colectiva del acuerdo euroturco está prohibida por la Convención Europea de Derechos Humanos
lunes, 28 de marzo de 2016.
 
Martiño Noriega
lunes, 10 de agosto de 2015.
 
Espacios Oblicuos
Una obra de Paloma Fernández Gomá
viernes, 22 de mayo de 2015.
 
Juan Carlos Monedero, en diferido
domingo, 8 de febrero de 2015.
 
PSOE: el enemigo en casa
lunes, 26 de enero de 2015.
 
La metáfora del GPS o el despiste de Pedro Sánchez
lunes, 19 de enero de 2015.
 
Poesía y compromiso en la sociedad contemporánea
Humanismo Solidario: poesía y compromiso en la sociedad contemporánea. VISOR LIBROS (Madrid, 2014) Remedios Sánchez y Marina Bianchi
lunes, 12 de enero de 2015.
 
Alizeti un canto de “Humanismo Solidario”
Alizeti, la fugitiva del sol Mohamed Doggui Plataforma Editorial, Barcelona, 2013
viernes, 26 de diciembre de 2014.
 
Auditar la deuda pública
El actual presidente ostenta la deshonrosa plusmarca de haber recibido un déficit del 70% y haberlo elevado por encima del 100%
lunes, 22 de diciembre de 2014.
 
El Bundesbank frente a Podemos
Cuando uno rasca un poco en la historia, encuentra que lo que Pablo Iglesias y su partido proponen no es ni más ni menos que lo que defendió Andrew Mellowen 1938
lunes, 15 de diciembre de 2014.
 
La insistencia del daño
La insistencia del daño Fernando Valverde Colección Visor de Poesía, Madrid, 2014
lunes, 1 de diciembre de 2014.
 
De la España caní a Podemos
lunes, 24 de noviembre de 2014.
 
La crisis es cosa de pobres
domingo, 2 de noviembre de 2014.
 
¡Que vengan los bárbaros!
Cuando creíamos que estábamos curados de espantos llegó Jordi Pujol
lunes, 13 de octubre de 2014.
 
No volveré a votar nunca más a partidos que colaboran con chorizos, bien por acción u omisión
Hoy todos miran al de al lado mientras se lanzan el ya manoseado, hasta la saciedad, del “y tú más".
lunes, 6 de octubre de 2014.
 
¿De verdad que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades?
Lo normal hubiera sido que el sacrificio y la inmolación de los ciudadanos tuviese su reflejo en las cifras macro de la economía española
lunes, 7 de julio de 2014.
 
Podemos aplicar el artículo 128 de la Constitución
¿Cómo pueden pensar los partidos gobernantes que los jóvenes les van a seguir creyendo?
lunes, 2 de junio de 2014.
 
La toma de la Bastilla
Los partidos que encarnan el bipartidismo se deben de tomar muy en serio este primer toque de atención
martes, 27 de mayo de 2014.
 
Conchita Wurst
Ya lo dijo don Manuel Fraga, que vendía sol mejor que democracia, al bufido de “Spain is different”
lunes, 12 de mayo de 2014.
 
Celosías del recuerdo
“El poema no es un fragmento de la vida del poeta, sino una realidad transfigurada”
sábado, 10 de mayo de 2014.
 
Mi puta vida
No sé si podría catalogar a mi vida de prostituta de medio pelo o de meretriz de altos vuelos
viernes, 2 de mayo de 2014.
 
Lucha de clases
lunes, 28 de abril de 2014.
 
La luz de la memoria
'Las horas sumergidas', Jorge de Arco, Algaida poesía, Sevilla, 2013
lunes, 21 de abril de 2014.
 
Archivo
19/02/2014 El polvorín de Ceuta y Melilla
02/12/2013 La dictadura invisible
25/11/2013 Del Lazarillo de Tormes a la presunta caja B del PP pasando por Filesa
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10/06/2013 El fétido olor de los ERES de Andalucía
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